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![]() DÍA UNO: noche fría ¿Día uno o día dos? No lo sé. Lo que sí sé es que desde que dejé Londres ando atravesando distintos husos horarios, entro y salgo de aeropuertos, contesto las mismas preguntas a diferentes autoridades inmigratorias y paseo aburrida por los "duty free" oliendo a todas las fragancias del mundo y ningún perfume en particular.
Pasa el tiempo y aún no estoy en Quito, mi primera parada en un viaje que tiene como objetivo descubrir cuánto poder tienen realmente los indígenas hoy en Ecuador, después de haber conseguido derrocar a un presidente, llevar a otro a la primera magistratura y colocar al menos diez diputados en el Congreso. Atrasos y desperfectos hicieron que mi primera noche transcurriera inesperadamente en el Marriot de la ciudad de Panamá. Yo no sé por qué los hoteles de categoría en los países tropicales tienen la maldita costumbre de poner el aire acondicionado a una temperatura similar a la de las planicies de Alaska (un lugar, que por cierto nunca he visitado). La cuestión es que a esas horas de la madrugada el cansancio y mi falta de habilidad para "domar" a los instrumentos electrónicos no me permitieron aclimatar el cuarto. La decisión fue dura: o duermo calentita con mi ropa puesta o me desvisto para no arrugarla y llegar a Quito hecha toda una señorita. Opté por lo último, pero eso sí, me deje los calcetines puestos. ¡Hace tantos años que vivo en Inglaterra, que ya me adueñé de algunos de sus malos hábitos! |
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