Diario de viaje
Día 4
 
 
Día 4

 

Ruta
A las cinco de la mañana emprendimos el regreso por la "ruta de la muerte".
Con Kate decidimos partir de Tipuani rumbo a La Paz bien temprano, a eso de las 5:00 AM. Contratamos una camioneta 4x4 con dos conductores experimentados para que nos llevaran de regreso por la "ruta de la muerte".

A pesar de la estrechez del camino, por él suelen circular camiones, buses y automóviles en ambos sentidos. ¿Cómo pasan? El que viene en bajada debe darle prioridad al que va en subida; tiene que retroceder cuanto sea necesario hasta que el camino se ensanche y permita el paso de dos vehículos.

Pero eso no es todo: en el tramo de ripio –la mayoría- de la carretera de Tipuani a La Paz, las reglas de tránsito son distintas. "Los carros marchan por la izquierda, como en Gran Bretaña", le dije a Kate. Nos explicaron que era para evitar que los camiones cargados, de subida a las alturas de La Paz, circularan al borde del precipicio.

Hubo sobresaltos cada vez que el conductor entraba a una curva cerrada sin ver lo que venía en el sentido contrario y de pronto aparecía un camión o un bus de frente
 

"Los que entran en este tramo sin saberlo suelen chocar", dijo uno de los conductores, risueño. A nosotros no nos causó gracia alguna, aún menos cuando Kate advirtió que el autor del comentario se estaba durmiendo al volante. Le pedimos al otro conductor que tomara su lugar.

La chanza nos pareció aún menos chistosa porque teníamos que recorrer una corta distancia en tres veces más de tiempo del que hubiera sido necesario en una carretera asfaltada. "Es como volar a Miami", acotó Kate. Pero la ruta aérea a esa ciudad sin duda es más segura, les apuesto. Permanecimos despiertos todo el viaje, controlando en todo momento a los conductores.

Ruta
Pese a los sobresaltos que sufrimos en el camino llegamos a destino sanos y salvos.
En el camino desde la capital del oro hacia La Paz nos aferramos a la vida como los mineros a su metal preciado.

Hubo sobresaltos cada vez que el conductor entraba a una curva cerrada sin ver lo que venía en el sentido contrario y de pronto aparecía un camión o un bus de frente. Para avisar tocaba la bocina, pero no todos lo escuchaban y no fueron pocas las frenadas preventivas.

Afortunadamente, pudimos terminar bien el primer –y arduo- tramo de nuestra gira amazónica.
 
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