![]() |
||
|
|
Pasamos la noche en uno de los dos campos petroleros que Repsol YPF posee en el Parque Nacional Yasuní. Ambos ocupan a unos 600 empleados. La parte de las operaciones se veía como la de cualquier otra compañía: una maraña de tanques, chimeneas, tuberías y llaves. El sector de las viviendas, en las que duermen los operarios que de día visten overol azul, casco blanco y anteojos protectores, se parecía a un complejo vacacional: casas de madera con techos de zinc prolijamente construidas, aire acondicionado, espacios verdes con palmeras y una fuente; un restaurante con buena comida; gimnasio, y cancha de básquet. En la TV por cable, un canal de la empresa difundía constantemente medidas de seguridad industrial. Nos preguntamos con Kate si la planta y el asentamiento humano no afectaban al medio ambiente y a la comunidad huaorani en Yasuní. A decir verdad, Repsol YPF posee una instalación moderna que, sin duda, tiene menos impacto en el entorno que las de otras compañías. Pero el campo petrolero y las carreteras que construyeron implicaron reducir la superficie del bosque tropical.
Nos explicaron, por otra parte, que en el bloque de Repsol YPF el crudo se extraía con algo de gas y más del 90% de agua. Nos dijeron que reinyectaban este líquido en las capas profundas de donde provenía, mientras que el gas –siempre según ellos- lo reutilizaban para producir energía por medio de un proceso costoso. Por lo general, el resto de las empresas emplean las ya mencionadas teas que masacran insectos para quemar el hidrocarburo residual. Mientras nosotros visitábamos el campo de Repsol YPF, la llama estaba ausente y nos juraron que únicamente flameaba cuando se desprendía demasiado gas de los pozos. Los biólogos de la Estación de Biodiversidad Tiputini nos manifestaron sus dudas al respecto. Luego de colocarnos cascos y anteojos protectores, nos llevaron al centro de control de la planta y allí había sólo dos personas frente a sendas computadoras. Nos explicaron que todo estaba automatizado y que la mayoría del personal trabajaba en tareas de apoyo. "La actividad nunca se detiene, salvo si hay algún desperfecto", nos dijo Edgar Delgado, gerente de operaciones.
Dicho sea de paso, hoy nos enteramos que las pérdidas de crudo han sido objeto de los llamados "toxitours”, que consiste en visitar sitios contaminados como forma de protestar contra las agresiones al medio ambiente. Si en Repsol YPF las operaciones no cesan, la vigilancia tampoco. Unos 33 militares, más un comandante, custodian las instalaciones. Además, acompañan todos los traslados de personal fuera de la planta. Ya que nos referimos a los huaorani que se oponen a las compañías petroleras en Yasuní, debemos hablar también de aquellos que las ven con buenos ojos. Muchos de los que viven en el área de operaciones de Repsol aceptan de buen grado la presencia de la empresa porque ésta les provee atención médica, alimentos, ropa, viviendas, transporte y capacitación para mantener las buenas relaciones. ¿Se trata de una suerte de "soborno", como arguyen algunos? Mingui Ahua, unos de los líderes de los cientos de huaorani que residen en la zona, opinó que no. Mingui nos recibió en su casa moderna, aunque exhibiendo la vestimenta típica: una vincha decorada con plumas, delgadas bandas de tejido vegetal que le cruzaban el pecho y un calzoncillo para cubrir su intimidad ante nosotros. Su mujer y su cuñada, que lo acompañaban, vestían lo mismo, aunque faldas en lugar de un slip.
Mingui nos habló de la lanza de madera que portaba, de unos dos metros de longitud. Y afirmó que podía enterrarla en el corazón de un enemigo hasta 20 centímetros. Además de este arma, los huaorani utilizan cerbatanas. Como ha habido matanzas entre grupos rivales, las palabras de Mingui nos dieron escalofríos. Un dato interesante: esta etnia prefiere los hijos varones a las mujeres, porque de ese modo se fortalece el clan. Otro más: las familias viven hacinadas, compartiendo la misma hamaca a la hora de dormir. El último: no beben agua porque consideran que es "lo que toman los pájaros"; prefieren las bebidas con sabor. Según sus reglas de cortesía, cuando uno se acerca para charlar con los huaorani, hay que esperar a que ellos den por terminada la conversación para retirarse. Cuando eso ocurrió, Mingui nos despidió regalándonos collares hechos con semillas y nos dio la mano sin mirarnos a los ojos (algo común, también). Luego su cuñada nos marcó la frente, la nariz y los cachetes con la característica pintura roja. "Ustedes y nosotros somos lo mismo", remató Mingui sin soltar su lanza. Luego de nuestra experiencia en el bloque de Repsol YPF, regresamos a Quito para entrevistar a la ministra de Medio Ambiente de Ecuador, Marcela Aguiñaga Vallejo. Esta funcionaria nos dijo que el Gobierno estaba decidido a controlar más la actuación de las petroleras en el Parque Nacional Yasuní, tanto en materia de derrames como en la relación que establecen con los indígenas. Pero admitió que el escaso presupuesto de su cartera dificultaba las cosas. En el moderno edificio de Ministerio nos enteramos de que Aguiñaga Vallejo, una joven funcionaria que se deshacía en elogios al presidente Rafael Correa, había pedido a sus subordinados que nos facilitaran el trabajo en Ecuador. Le agradecemos su gesto, aun cuando el Gobierno ha sido una de las "piezas" en la controversia por la explotación petrolera en el Parque Nacional Yasuní. Y así terminó nuestro viaje para esta producción especial de la BBC sobre la Amazonia. Con Kate recapitulamos nuestra gira y destacamos el buen trabajo de equipo y las experiencias vividas en la selva. Con el deseo de volver a compartir una travesía periodística, cada uno emprendió su camino de regreso: ella voló a Londres y yo a Buenos Aires.
|
||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
| ^^ | |||