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Escribe
José Baig, enviado especial a Caracas.
El voto positivo de siete de cada diez venezolanos que acudieron
a las urnas dio un espaldarazo al principal proyecto político
del presidente Hugo Chávez.
Conversé con algunos caraqueños que apoyaron el SÍ
en el referéndum de este domingo y casi todos coincidieron
en que tienen la esperanza de que su situación actual mejore
gracias a la nueva Carta Magna.
Y es que en este país, el desempleo se ubica en el récord
histórico de 15 por ciento. De los que trabajan, más
de la mitad lo hacen en el sector informal de la economía.
El "buhonero" o vendedor callejero, se ha convertido en un personaje
infaltable en el paisaje urbano.
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Chávez
acalla las críticas con la promesa de una democracia
más fuerte.
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Las
estadísticas del Banco Central de Venezuela muestran que
el consumo de alimentos ha experimentado una caída sostenida
durante los últimos doce meses. Los industriales de la alimentación
afirmaron hace poco que sólo en 1999, sus ventas se redujeron
en más de 12 por ciento.
El gobierno, por su parte, defiende sus logros económicos
y afirma que la inflación cerrará alrededor de 20
por ciento, la cifra más baja del último lustro.
Pero los detractores sostienen que la desaceleración del
costo de la vida refleja, precisamente, que no hay dinero en manos
de la gente y, por lo tanto, nula demanda que presione los precios
al alza.
La extensión del período presidencial a seis años
con la posibilidad de reelección inmediata, la eliminación
de la Cámara del Senado, el voto a los militares, la doble
nacionalidad, el otorgamiento de la propiedad a los indígenas
de las tierras que han habitado desde siempre, son algunas de las
novedades de esta Constitución.
Los promotores del NO afirman que se está abriendo la puerta
a la autocracia, que desaparece la representación en el Congreso
de las regiones desfavorecidas, que las fuerzas armadas se convertirán
en un grupo político y que se siembra la semilla de la secesión.
En todo caso, el sentimiento de los que votaron en positivo es que
el gobierno tiene en sus manos, ahora sí, el instrumento
que le hacía falta para impulsar los grandes cambios que
ha prometido.
Dado que pocos de los ciudadanos conocen en profundidad el nuevo
proyecto de país, los observadores han interpretado que el
referéndum se convirtió, por obra del proselitismo,
en un plebiscito en el que se sometía a prueba a Chávez
y su equipo de gobierno y no al trabajo que en cuestión de
pocos meses realizó la Asamblea Nacional Constituyente.
Lo cierto es que la República Bolivariana de Venezuela apenas
acaba de nacer y será cosa de meses o años para que
cobre su forma definitiva.
Para empezar habrá que realizar lo que aquí ya ha
sido bautizado como una "megaelección", pues hay que legitimar
todos los cargos de elección popular. Es decir, el presidente,
el Congreso (que quedó formalmente disuelto a partir de hoy),
los gobernadores de estado y los alcaldes. Una elección que,
por demás, sería la quinta a la que concurren los
venezolanos en menos de dieciocho meses.
Otra de las grandes tareas que tienen por delante los legisladores
es asegurarse de "acoplar" cientos de leyes, en materias tan diversas
como drogas o educación, a las disposiciones de la nueva
Constitución. Sin contar, además, con las iniciativas
para hacerle algunas enmiendas al texto, que han comenzado a ganar
terreno incluso entre algunos de los constituyentes.
En el campo de la estrategia, el gobierno tiene también la
responsabilidad de integrar y dar al 30 por ciento de electores
que se pronunciaron en contra del proyecto y, sobre todo, al 55
por ciento de los registrados que ni siquiera fueron a votar. Esa
será también una de las tareas que debe afrontar la
"nueva" Venezuela.
Publicado 16.12.1999
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