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Las palabras "micrófono abierto" son suficientes para congelar la sangre de los políticos, celebridades y otros que viven bajo el ojo avizor del público. La frase es usada por quienes trabajan en los medios para indicar que un micrófono ha quedado activo antes o después de una entrevista o presentación.
La estrella pop, Britney Spears, fue la más reciente víctima. En Río de Janeiro, durante la locura que antecede a la salida a escena, cuando se iba a presentar frente a el público más numeroso que la cantante ha tenido hasta la fecha, Britney aparentemente dejó como un trapo a su séquito. "No me digan que van a dejar al público simplemente *!"%&/* parado allá así. ¡Por Dios!" Cada palabra fue transmitida en vivo a los 170.000 presentes y retransmitida a todo el mundo; su compañía disquera mantiene que la voz que se escuchó era de otra persona. Susurros descuidados Durante la campaña presidencial en Estados Unidos, George W. Bush, tuvo un problema similar.
La sorpresiva revelación de que el entonces pretendiente a la presidencia no sólo era capaz de guardar fuertes rencores sino también ser tan grosero, hizo temer a algunos que la indiscreción le costaría la elección. En Gran Bretaña, el caso más famoso del síndrome del micrófono abierto sucedió tras una entrevista concedida por el entonces primer ministro John Major al canal 3 de la televisión británica. Olvidando que se encontraba en un estudio repleto de equipos de grabación de todo tipo, Major describió a los miembros de su gabinete como "bastardos", prometió "crucificarlos" y confesó que era "débil" y que no tenía idea de cómo ganar una elección. El primer ministro se encontraba bajo presión pues había lanzado una campaña que defendía los valores morales del pasado pero los tabloides la habían atacado publicando las indiscreciones de varios de sus colegas parlamentarios.
A pesar del desastre, algunos analistas aseguran que la grabación de las confesiones de Major le convino, pues lo presentó al público como "una persona común y corriente". Probando, probando... Lo mismo se dijo del ex presidente estadounidense Ronald Reagan quien, durante el auge de la Guerra Fría en 1984, transmitió, a través de la estación radial La Voz de América, el mensaje: "Me complace comunicarles que acabo de firmar una ley que proscribe a Rusia para siempre -el bombardeo empezará en 5 minutos". El presidente pensó que estaba simplemente haciendo una prueba de voz, pero sus palabras fueron transmitidas en vivo a millones de rusos horrorizados.
Hoy en día es común que los políticos estadounidenses den una sola entrevista en un estudio en Washington para que sea transmitida vía satélite a los canales locales en todo el país. Durante la campaña presidencial que llevó a Bill Clinton a la Casa Blanca, el observador de medios Brian Springer grabó 500 horas de estas transmisiones satelitales. Lo privado hecho público Entre las tomas que eventualmente conformaron el documental que Springer bautizó Spin, además de imágenes poco atractivas de los candidatos y sus esposas peinándose o rascándose la nariz, también hay conversaciones que se pensaban privadas. El padre del actual presidente, George Bush, aparece discutiendo las medicinas que toma con el periodista Larry King. "Mi hermano trabaja en la industria farmacéutica", susurra King al entonces presidente. "Según dice hay una píldora que viene de Israel que es mejor que el Halcion". "¿Se refiere a un descongestionante o a una pastilla para dormir?", pregunta Bush y King le responde que es una pastilla para dormir. "¡Qué bueno!", exclama el presidente.
La advertencia quizás logre reducir el número de metidas de pata involuntarias, pero para el deleite de muchos, no puede proteger a quienes la meten cuando saben que todo el mundo los está escuchando.
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