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Escribe Barbara Plett de la BBC desde Basora, en el sur de Irak. La guerra del Golfo Pérsico terminó hace 10 años, pero permanece en la memoria de Irak, especialmente en el sur del país. Ahí es donde queda el llamado Camino de la Muerte, donde las fuerzas aliadas bombardearon a iraquíes que se retiraban de Kuwait. Es también una de las zonas de exclusión aérea, establecida por Estados Unidos y Gran Bretaña para proteger a las minorías de la represión del gobierno, pero donde patrullas aéreas han matado civiles en ataques con misiles. Los tanques y vehículos quemados, la evidencia de un día oscuro de finales de la guerra, ya no están en el camino a Basora.
Durante el ataque, el jeque Abdullah Nassir observaba el cielo lleno de temor desde su carpa. Me cuenta que cayeron misiles en 15 carpas, matando a la gente que estaba adentro. Patrullaje diario Al final del camino está la ciudad de Basora, donde el doctor Jawad al Ali hace sus turnos diarios en el hospital. Él ha sido testigo de mucho dolor durante la última década, especialmente el incremento dramático de casos de cáncer que podría estar relacionado con los proyectiles cubiertos de uranio empobrecido. Además dice que el ataque a los iraquíes en retirada dejó una herida psicológica profunda. "Yo creo que la próxima generación también recordará ese incidente y pienso que le tendrán rabia a las fuerzas aliadas y a los estadounidenses y británicos", comenta al Ali. Las sirenas de alerta de ataques aéreos son un recordatorio cotidiano de que aviones occidentales aún patrullan el área.
Salió corriendo como loca a buscar a dos de sus hijos. Encontró a uno muerto y al otro herido de gravedad, me dice. "Entonces los vi, ambos tirados en el piso, y el pequeño, Mustafa, se levantó y me llamó 'Mamá, mamá', con su cara cubierta de sangre y sus ojos llenos de sangre", recuerda. Historias como ésa no son raras en Basora. Lleva muchos años expuesta a ataques de todos lados. Muchos iraquíes señalan con dedo acusador en dirección a Irán, que estuvo en guerra con Irak durante 8 años. Y antes de que la ciudad tuviera la oportunidad de reparar los daños, empezó el conflicto del Golfo. La gente de Basora no necesita estatuas ni monumentos para recordar la ofensiva aliada, la "Tormenta del Desierto". Dejó su marca con sanciones, ataques aéreos y el incremento en enfermedades que podrían ser consecuencia del uso de armas tóxicas. En muchos sentidos, el conflicto aún no se ha resuelto. |
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