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Escribe María Elena Navas, corresponsal de la BBC en México. El 1 de enero se cumplió el séptimo aniversario del levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en el estado de Chiapas, en el sureste mexicano. Un conflicto que ha generado cientos de muertos y miles de desplazados, pero que también ha puesto en el centro de atención del país y del mundo la situación de rezago y extrema pobreza en que vive la población indígena de una de las regiones más marginadas de México. Seis años de estancamiento
"Zedillo fue el presidente que vino a confrontar más la relación entre los pueblos indígenas y el estado -señala- y creo que podríamos hacer un balance positivo de este conflicto porque, aunque las demandas centrales aún no han sido satisfechas, el zapatismo y la lucha de los pueblos indígenas han contribuido a que la nación mexicana haya volteado la vista hacia esta parte de la humanidad que había sido olvidada". Pero, como todo conflicto, el zapatismo también ha generado graves problemas, como indicó a la BBC Marina Patricia Jiménez, directora del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas, con sede en Chiapas. "Durante los pasados seis años se dio una violación sistemática de los derechos humanos", señala Jiménez. "El pasado gobierno nunca manifestó una voluntad real de buscar cauces que posibilitaran un clima de distensión, lo cual generó que el tejido social de las comunidades indígenas se viera afectado", agrega. Situación "preocupante" de los desplazados
Según la directora del Centro, "las condiciones en que se encuentran los desplazados son de preocupación. Aunque ha habido apoyo importante de organismos humanitarios como Caritas y la Cruz Roja Internacional, aún falta generar condiciones de seguridad para que la gente pueda regresar a sus lugares de origen". Y es necesario también atender la situación de pobreza en que viven los indígenas de la entidad. Según el INI, 47% de la población indígena de Chiapas es analfabeta, 45% no cuenta con drenaje y 46% vive sin electricidad. Más ayuda para los campesinos
"Con el conflicto, nuestras cosechas están por el suelo, igual que los precios del café, maiz y frijol que sembramos", agrega. "El conflicto nos ha afectado mucho porque no podemos trabajar con libertad la tierra, que es la vida de nuestra familia", se lamenta Romeo Hernández. "Necesitamos tener mejores programas, más apoyo para poder trabajar nuestras tierras y que los precios sean justos y legales para que podamos prosperar, porque si somos mexicanos no debemos vivir en esta marginación que estamos viviendo". Miran con aprecio las señales de Fox
"Estamos expectantes -dice Patricia Jiménez- no podemos decir que ha cambiado todo, pero tampoco que no ha cambiado nada. Vemos con aprecio las señales concretas que se están dando con el gobierno de Vicente Fox, pero aún hay muchas otras cosas pendientes para poder generar posibilidades de renaudar las negociaciones de paz". Y al igual que Marcos Matías, la directora del Centro de Derechos Humanos afirma que "si no se hubiera dado este conflicto, los indigenas hubieran seguido siendo actores olvidados de la sociedad". Toca ahora al gobierno de Vicente Fox atender las demandas y necesidades de los pueblos indígenas, porque esas fueron las causas estructurales que dieron origen a una rebelión que siete años después continúa sin encontrar una solución de paz duradera. |
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