|
|||||||||||||||||||||||||||||||||
|
Escribe Maximiliano Seitz de la BBC. El premio Nobel es como una llave de oro. No sólo enriquece a cada ganador con casi un millón de dólares, sino que también abre las puertas de países, palacios y medios de comunicación. El que lo obtiene ve transformado cada aspecto de su vida (actos, palabras, ausencias y silencios) en hechos memorables. Al instituir la distinción, Alfred Nobel, inventor de la dinamita y conocedor de cinco lenguas, dictaminó que se premiaría "a la obra más notable desde el punto de vista del idealismo". Claro que identificar ese idealismo exige un trabajo bien concreto: el ganador de cada disciplina surge de una investigación exhaustiva por parte de los comités de selección. Un proceso largo y costoso
Todos los años, los comités de selección envían miles de cartas a científicos, miembros de academias y profesores universitarios de todo el mundo, pidiéndoles que nominen candidatos para el Nobel del año siguiente. Las candidaturas deben llegar a cada jurado antes del 1º de febrero del año para el cual se solicita la nominación. Reglas claras Las reglas para acceder a la llave mágica son claras: nadie se puede postular a sí mismo y la sola sospecha de algo así les vale a los intrépidos la descalificación de por vida. Por otra parte, ningún apoyo político o gubernamental tiene relevancia.
Una vez conformada la lista de finalistas, ésta se envía a las instituciones que otorgan los premios, donde se efectúa una votación. Ya es octubre. Y los nombres de los afortunados no tardan en difundirse. El consuelo Algunos perdedores se quedan con el consuelo de una próxima nominación. Otros, con el de pertenecer al otro parnaso: el de los nunca premiados, donde están Kafka, Proust y Borges. La ceremonia de entrega del premio se realiza el 10 de diciembre porque ese día se conmemora la muerte de Alfred Nobel. La distinción es triple: una medalla y un diploma, además del dinero. Esta vez, por capricho del calendario, el 10 cae un domingo y todo se adelantará un día. Poco importa un cambio de fecha en el caso de una distinción que, para algunos, concede cierta inmortalidad y, para otros -como T. S. Eliot-, "es un billete para la tumba". |
|
|||||||||||||||||||||||||||||||
|
|||||||||||||||||||||||||||||||||