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Cuando en 1997, en la ciudad de Kioto se firmaba un protocolo para tratar de paliar los efectos del cambio climático, producido en gran medida por la acción del hombre, surgía una esperanza. Tres años después, en La Haya, la sexta Conferencia sobre Cambio Climático, o Cumbre del Clima como se la denomina muchas veces, los delegados de más de 180 países tratarán de llegar a un acuerdo para aplicar los compromisos del Protocolo de Kioto, que sólo ha sido ratificado por poco más de 20 países. La tarea, por un lado, es urgente y, por otro, bastante difícil. Lo que se pone en juego
Inundaciones, sequías, desertización, y otros fenómenos con sus debidas consecuencias, son mostradas como evidencias del calentamiento del planeta. De acuerdo con los científicos, este calentamiento se produce sobre todo por la emisión de los denominados "gases de efecto invernadero", entre ellos el dióxido de carbono o CO2. En la cumbre de La Haya, auspiciada por las Naciones Unidas, ya hay una serie de informes científicos que ponen aún más la alarma. El anticipo de uno de ellos, que se conocerá íntegramente dentro de seis meses y en el que trabajan miles de expertos, anticipa que la temperatura media del planeta aumentará entre 1 y 3,5ºC en los próximos 100 años, es decir en el Siglo XXI. Este incremento de la temperatura supondrá, según los científicos el mayor cambio climático en los últimos 10 años. La última vez que el planeta vivió una variación climática parecida, se produjo la era glacial. Las consecuencias que se prevén son las siguientes: aumento del nivel de los océanos, derretimiento de los glaciares, inundaciones de gran magnitud, riadas, desertización y sequías. Todo ello con sus consecuencias económicas. El debate
Con esta
urgencia llegan los delegados de los países a La Haya, y en general
existe un acuerdo generalizado de que el problema no es de un Estado en
particular sino de todo el planeta.
Latinoamérica
De hecho, los países latinoamericanos tratan de coordinar también sus posiciones en La Haya y señalan que se debe promover una defensa activa del medio ambiente. Pero también están los intereses y necesidades económicas de cada región, que tienen su peso a la hora de negociaciones. No hay que olvidar que en América Latina se encuentran importantes productores petroleros, como México o Venezuela, cuya actividad es considerada una de las más contaminantes. También en la región está la Amazonia, ocupada mayormente por Brasil, considerada uno de los pulmones del planeta y cuya preservación se considera vital. Pero queda claro que Brasil también velará por sus intereses económicos a la hora de negociar. Además en la región también están aquellos países muy pobres y que también exigen algún tipo de compensación, ya sea por el sacrificio de adoptar medidas paliativas contra el calentamiento global como por los estragos causados por el cambio climático. En este marco, los países negocian en La Haya, y los ministros de medio ambiente llegarán a la reunión para tratar de encontrar la luz al final del túnel, una tarea nada fácil. |
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