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Miércoles,
05.07.2000.
La
vicuña al rescate de las comunidades altiplánicas

Actualmente existen unas 160.000 vicuñas en
Perú |
La vicuña,
ese esquivo camélido que habita el altiplano peruano, podría
ser la salvación económica para muchos campesinos andinos.
Un programa de conservación puesto en marcha en la zona central
del altiplano peruano permite ahora a las empobrecidas comunidades beneficiarse
de la venta del vello de vicuña. Una fibra que, por cierto, es
muy apreciada a nivel internacional.
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| El
"rey Inca" bendice la esquila |
Un antiguo
rito inca ha sido reinstaurado y adaptado como parte central de un esquema
para el manejo de rebaños.
Así, un día de junio, antes del amanecer, pobladores de
toda la región se congregan en una de las reservas naturales del
departamento de Ayacucho para participar en el "chaku", o arreo
y esquila de las vicuñas.
El chaku
Dos mil hombres
forman una cadena
humana para cercar a unos 15.000 camélidos antes de su esquila
simbólica.
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| Una
bufanda de lana de vicuña puede alcanzar los US$350 |
Luego llega
el "rey Inca", luciendo traje típico, para bendecir la
ceremonia. Pronuncia una oración en quechua y luego prueba la sangre
de los dos mejores animales.
La sangre generalmente es extraída de una incisión hecha
detrás de la oreja del animal vivo.
Recién allí puede comenzar la esquila.
Precio de oro
Un kilo de lana cruda -que se obtiene de cinco animales- tiene un valor
de mercado de unos US$390.
La
vicuña fue declarada especie en peligro en 1974. Hasta entonces,
cazadores capturaban a familias enteras con tal grado de eficiencia que
la población de este camélido no alcanzaba los 8.000.
Desde que
se reanudó la práctica del chaku en 1993, la caza ha disminuido
de manera dramática.
Ahora, los campesinos de la zona tienen un interés financiero en
la protección de la vicuña, ya que participan de la captura,
esquila y venta de la lana.
Sólo los productos que llevan la etiqueta "Vicuñandes"
son legales. Dicha marca garantiza que después de la esquila, el
animal fue devuelto a su hábitat natural donde no podrá
ser vuelto a capturar sino hasta dos años después.
Las ganancias obtenidas de la venta de la lana se reinvierten en la localidad.
Así el programa de conservación parece garantizar tanto
el futuro de las vicuñas como el de la comunidad.
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