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El miércoles 1 de diciembre se conmemora el Día Mundial
de la Lucha contra el SIDA. Sin embargo, para gran parte del mundo
es muy poco lo que hay para celebrar.
Aún no se conoce una cura para la mortífera enfermedad,
pero en los países desarrollados se ha logrado frenar su
propagación. Europa Occidental, Estados Unidos, Canadá
y Japón mantienen un nivel relativamente estable de infectados
con el virus que produce el SIDA.
Sin embargo, en las regiones en vías de desarrollo el panorama
es desolador: en los países más pobres la enfermedad
se propaga sin descanso.
Más aún, mientras las naciones desarrolladas ofrecen
a sus enfermos de SIDA nuevos tratamientos
que parecen disminuir la presencia del virus en la sangre, en los
países pobres las leyes de patentes
industriales impiden el desarrollo de alternativas económicamente
viables.
Según los analistas, en ciertas regiones menos desarrolladas
esta enfermedad representa la más grande e inmediata amenaza
para la salud pública y el crecimiento económico.
Las cifras de ONUSIDA,
el programa de Naciones Unidas para el SIDA, son elocuentes: 50
millones de infectados desde el inicio de la epidemia del SIDA,
más de la mitad de ellos en Africa.
Aunque Africa es el continente más afectado, América
Latina no se libra del flagelo. Algunos especialistas aseguran
que las cifras oficiales no reflejan la realidad, y que el número
real de infectados es mayor al estimado.
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