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José Miguel Pinochet
José Miguel
Pinochet

enviado especial
de la BBC
a Euro 2000




El gol que acabó con los sueños de Inglaterra.

Miércoles, 21.06.2000

La caída de los grandes

Escribe José Miguel Pinochet, enviado especial de BBC Deportes a Euro 2000.

Era la final del mundial de 1966 en Inglaterra. El país anfitrión se enfrentaba a Alemania. Los noventa minutos habían concluído con empate a dos y corría el tiempo de prórroga. Hurst disparó al arco y el balón, trás golpear en el travesaño, entró en la portería. O por lo menos así creyó el arbitro después de consultar con el guardalínea.

Lo cierto es que ese tanto, motivo de polémica por años, contribuyó a que Inglaterra ganara el partido 4 a 2 y levantara la Copa Jules Rimet, su único título hasta ahora. Yo todavía no había nacido, pero igual he podido sentirlo como si hubiera estado presente en la tribuna occidental de Wembley.

Alemania, los perdedores de aquella tarde en el norte de Londres, poseen un historial mucho más extenso de victorias internacionales. Tres copas mundiales y tres Eurocopas de fútbol, para citar algunas de sus conquistas.

Un pasado que produce sana envidia y admiración, diríamos los que venimos de países con poca tradición futbolística (Venezuela), o de otros a los que la idea de conseguir un título les parece extraña (Chile).

Los que crecimos amando el fútbol aprendimos que Inglaterra y Alemania son dos de los grandes países de este deporte. Seguramente antes de saber los detalles sobre la Segunda Guerra Mundial o sobre Londres y Berlín, supimos quién era Bobby Charton o Franz Beckenbauer.

Sin embargo, para la generación de ahora, tanto ingleses como alemanes serán recordados como dos equipos que viven de sus glorias pasadas y que fueron eliminados en la primera ronda de la Eurocopa 2000. Para ellos tendrá más importancia una selección como Portugal o Rumania, países considerados pequeños en el ámbito del fútbol mundial, que no sólo le faltaron el respeto a las grandes potencias, sino que les usurparon, sin pedir permiso, su lugar entre los mejores del fútbol europeo.

Alemania está en estado de coma. Su condición es grave, pero al menos no dolorosa. Su declive ha sido lento y consciente. Agradecieron un último título en la Eurocopa 96 y comprendieron que se trataba del fin de una era. Se amarran a sus viejas glorias y ven con indeferencia el presente, como si la selección que los representa no fuera de ellos, sino un equipo que trata de hacer lo mejor, pero que no puede contra una "potencia" como Portugal. Hasta se dan el lujo de perder contra Inglaterra, por primera vez desde aquella final en Wembley, y a nadie le da un infarto, no hay movilizaciones de protestas y los aficionados se consuelan diciendo "algún día tenía que pasar".

Los alemanes saben que se trata de una cuestión temporal. Por eso es que no les preocupa el futuro inmediato.

La situación de Inglaterra, en cambio, es crítica. Los ingleses nacieron para sufrir. Por eso su agonía será más extensa.

Cuando se habla de fútbol en cualquier pub londinense -y hasta ayer también en Charleroi- los ingleses se remiten a las tres cosas que marcan la alegría y tristeza del fútbol inglés.

La primera, el gran triunfo en el mundial del 66, inmortalizado con la imagen de sir Bobby Charlton levantando la copa Jules Rimet. La segunda, la famosa "mano de Dios" del argentino Diego Armando Maradona en México 86. Y la tercera, la maldición de los penales, tras haber perdido desde los doce pasos los mundiales de Italia 90 y Francia 98, y la Eurocopa 96 jugando en casa.

A diferencia de los alemanes, que optan por el silencio, los ingleses no se va a conformar ni a consolar ante la eliminación de esta Eurocopa 2000, así como no lo han hecho desde 1966. Seguirán elevando a una selección que llegó por la puerta de atrás a Bélgica y Holanda, y que,tras confirmar las limitaciones de sus jugadores, se va de la misma forma.

Ni el Spice Boy David Beckham, ni el candelita Paul Scholes, ni el bombardero Alan Shearer marcan diferencias sobre un terreno de juego.

En todo caso los nostálgicos del fútbol, aquellos que disfrutan con el tradicional enfrentamiento entre el juego bonito y el juego de fuerza, recordarán el 20 de junio como un día triste. Dos de los grandes maestros del juego de fuerza están agonizando. Y como diría mi hermano Juan Pablo, mientras más alto, más dura es la caída.

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