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Narcotráfico: industria global

José Baig
José Baig
corresponsal
de la BBC
en México.
Sábado, 10.06.2000.
Arellano Félix Inc.


Los hermanos Ramón (izquierda) y Benjamín Arellano Félix (derecha). Éste último, el capo, ya está en la cárcel.

Desde Tijuana, escribe José Baig, corresponsal de la BBC en México.

Un letrero colocado por el FBI da la bienvenida a quienes cruzan la frontera desde Estados Unidos hacia México por la localidad de San Ysidro, entre los estados de California y Baja California.

El paso de San Ysidro entre California y Baja California, el punto de frontera más transitado del mundo.

El aviso de la Oficina Federal de Investigaciones despliega las fotografías de dos hermanos: Ramón y Benjamín Arellano Félix.

Ambos dirigen la mayor organización de tráfico de drogas de México y una de las más importantes del mundo, luego de la desaparición de los carteles colombianos de la droga a mediados de los noventa.

Casi toda la marihuana, mucha de la cocaína y buena parte de las metanfetaminas que compran los ansiosos consumidores estadounidenses es transportada por los Arellano.

Y aunque hoy en día los Arellano prácticamente monopolizan el tráfico de estupefacientes hacia la costa oeste de los Estados Unidos, hace apenas veinte años eran un pequeño grupo de contrabandistas de cigarrillos y licores desde y hacia México.

¿Cómo adquirieron el poder que ahora tienen? Las autoridades sólo esperan poder detenerlos para preguntarles eso y más.

La "familia"

Los Arellano son originarios de Sinaloa, estado de la costa pacífica de México, y sede de algunas importantes organizaciones de contrabandistas y traficantes. Cuando los mayores llegaron a la edad universitaria, parte de la familia se trasladó a Monterrey.

Francisco Javier Arellano Félix, alias "el tigrillo".

Dicen los investigadores que fue allí, lejos de la tutela paterna, donde los hermanos comenzaron a hacer sus "negocios".

A principios de los 80, los Arellano Félix se mudan a Tijuana. El arresto de Miguel Ángel Félix, un tío que controlaba el contrabando, en 1989, y la desaparición de varios jefes del narcotráfico, les deja el terreno libre en Tijuana para cambiar del contrabando al tráfico de drogas.

Desde su llegada a Tijuana, tuvieron contacto con las familias más poderosas de la ciudad. Estudiaron con sus hijos, iban a los mismos clubes, frecuentaban los mismos locales nocturnos. De ese grupo salieron los primeros lugartenientes de los Arellano.

"Eran todos muchachos de buenas familias, gente respetable de Tijuana", dice Jesús Blancornelas, editor del semanario Zeta en Tijuana y que sobrevivió a un atentado de los Arellano.

Este grupo, conocido como los "juniors", desarrollaba tres tipos de actividades. Unos se encargaban del transporte de la droga, otros hacían acciones de vigilancia y había un tercer grupo que tanto trasladaba droga como se encargaba de "ajustar" cuentas con personas dentro y fuera de la organización.

Hoy casi todos los "juniors" han muerto o están en la cárcel. Su estilo de vida, en el que abundaban los automóviles lujosos, las grandes fiestas y el despilfarro, además de la incontenible violencia que ejercieron -incluso entre ellos mismos- hizo que estos jóvenes, que alguna vez fueron los "dueños" de Tijuana, sean casi un recuerdo.

Sin embargo, la familia ha permanecido unida. Los lazos que unen a los Arellano, dicen quienes los conocen, son más fuertes que el dinero, que las propiedades, que los negocios.

La violencia

En Tijuana, casi nadie se atreve a hablar del narcotráfico o de los Arellano Félix. Y menos si la conversación va a ser publicada. La violencia de esta organización es ya legendaria a ambos lados de la frontera.

Una de las tantas huellas de la violencia de los Arellano Félix.

Y es que la violencia ha sido el mecanismo de control más efectivo de los Arellano para mantener a raya a los posibles competidores, a las autoridades y a los medios de comunicación.

También ha servido como mecanismo de control interno, cuando se ejecuta a aquellos que no son fieles al "jefe" o entregan información a otros carteles o las autoridades.

En los últimos seis años han sido asesinados dos jefes de la policía municipal de Tijuana, uno por negarse a aceptar un soborno y el otro, a principios de este año, pocos días después de que el presidente Ernesto Zedillo lanzara una dura advertencia en contra de los traficantes de drogas.

En la lista de asesinados también se cuentan agentes de los cuerpos anti-drogas de México y Estados Unidos, militares, policías judiciales y ciudadanos inocentes, entre ellos mujeres y niños.

"En el último año hemos tenido 400 ejecuciones sólo en Tijuana", explica el portavoz de la policía de la ciudad, Lorenzo Garibay. "Muchas veces se trata de delitos comunes, pero casi todas tienen que ver con el narcotráfico", explica.

Los ejecutores directos de esa violencia son los "juniors", reclutados entre las familias pudientes de Tijuana, y las bandas del barrio Logan de San Diego, conformada por jóvenes humildes, de origen mexicano, que atraviesan la frontera con suma facilidad.

El negocio

Los hermanos Arellano han logrado convertir una banda de narcotraficantes en una impresionante compañía transnacional dedicada al tráfico de drogas. Cada uno de ellos tiene responsabilidades específicas en la dirección de la compañía. Desde la compra de "materia prima" hasta el transporte, todo está previsto y cuidadosamente planificado por la "Dirección".

Como cualquier directivo de una multinacional, los Arellano Félix poseen títulos universitarios, se expresan correctamente en inglés, prácticamente sin acento, visten de forma elegante y sobria, y pertenecen a exclusivos clubes.

Poseen una red para el traslado de la cocaína desde los campos de cultivo, en México y en Colombia, hasta los distribuidores en las calles de los Estados Unidos. Reparten cerca de un millón de dólares a la semana en sobornos a las autoridades para no tener inconvenientes en los pasos fronterizos.

Sus equipos de comunicación e intercepción son, en muchos casos, más avanzados que los de las autoridades mexicanas. Las operaciones de lavado de dinero son cuidadosamente planificadas y muy pocas han sido detectadas hasta la fecha.

Y es que el clan ha sido eficiente en su misión empresarial: que la cocaína continúe fluyendo hacia Estados Unidos. Según testigos y ex-miembros del cartel, la organización recibe entre cuatro y cinco mil dólares por cada kilo de la droga colocado en manos de un distribuidor en Los Ángeles o cualquier otra ciudad de la costa oeste.

Aunque se desconoce con precisión el volumen de exportación de la organización, las autoridades estadounidenses informaron que el número de personas detenidas tratando de cruzar la frontera con drogas se multiplicó por ocho en espacio de cuatro años (de 594 en 1994 a 4.795 en 1998).

Se estima que dos tercios de la cocaína que se consume en Estados Unidos pasa a través de la frontera con México. La cifra podría haberse incrementado en los últimos años por la desaparición del cartel de Cali y las recientes detenciones de operadores de los carteles en el sur del estado de Florida.

La justicia

Siete hermanos y cuatro hermanas conforman la familia Arellano Félix. Sólo uno de ellos está en la cárcel. Otro, Ramón, ocupa el primer lugar en la lista de los criminales más buscados por el FBI. Casi todos los varones están solicitados por tráfico de drogas, posesión ilegal de armas y lavado de dinero.

Las zonas montañosas de la frontera ofrecen pasos ideales para el narcotráfico.

Sin embargo, nadie sabe dónde están los Arellano Félix. "Yo creo que viven en Estados Unidos, pero las autoridades de ese país van a tratar de hacerlos venir a México para no reconocer que los narcotraficantes más buscados del mundo han estado viviendo durante años en su territorio", dijo un investigador independiente entrevistado en Tijuana.

En Estados Unidos o en México, la reciente detención de algunos de sus colaboradores parece indicar que la cooperación binacional está dando sus frutos.

A principios de año fue detenido Jesús "el Chuy" Labra, el principal operador del cartel. El 6 de mayo, el ejército mexicano capturó a Ismael Higuera "el Mayel", coordinador de los gatilleros de la organización, responsables de la ejecución de decenas de personas.

Aunque aún detentan un enorme poder, las autoridades creen que la Organización de los Arellano Félix ha comenzado a replegarse. Las detenciones los han privado de hombres clave dentro del grupo cuyas vacantes no han podido ser ocupadas. Hay quienes opinan que antes de que termine el año 2000, el clan estará completamente desmantelado.

Y a pesar de lo que sería un innegable éxito de las autoridades en la lucha contra las drogas, Jesús Blancornelas, el periodista que sobrevivió a un atentado de los Arellano, afirma que "después de los Arellano vendrán otros a ocupar su lugar. Aunque los detengan a ellos, lamentablemente el narcotráfico no se va a acabar".



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