Es de algún modo surrealista. Nos encontrábamos en nuestra succa (un refugio temporario donde los judíos observantes se alimentan y duermen por una semana durante Succot, una festividad religiosa). Yo, mi esposa, mis siete hijos y mi hijastro participábamos de una comida y alrededor nuestro se escuchaba ra-ta-ta-ta-ta, ban, bum.
Así era para nosotros, hace no mucho tiempo, y para el resto de la comunidad judía en Hebrón. Y así fue todas las noches, durante casi tres semanas.
En la primera noche de tiroteo, Menachem y Delly Landau se quedaron dormidos en la sala de estar, en el vecindario de Avraham Avinu.
Pero despertaron abruptamente a las 2:30 de la mañana por los disparos terroristas. Llenos de pánico, oyeron rebotar las balas en la pared externa de su apartamento.
Avanzada la mañana, descubrieron que los disparos estuvieron cerca de ingresar en la vivienda, a través de una puerta de vidrio.
Desde entonces, su apartamento resulta un lugar peligroso, al igual que la mayoría de las viviendas que enfrentan las colinas de Abu Sneneh, al sur de la comunidad.
El vecindario de Tel Rumeida es el hogar de siete familias de Hebrón que habitan casas "móviles", con paredes sumamente delgadas. El día en que llegaron, por la noche, los disparos tronaron desde las colinas de Harat al-Shech, al norte de la ciudad.
Las balas penetraron la residencia de Gavriel y Bracha Ben-Yitzhak y sus 12 niños. Un proyectil perforó tres muros en la casa antes de detenerse. Afortunadamente, nadie salió lastimado.
En nuestro apartamento, en el complejo de Beit Hadassah, todas las ventanas miran hacia Harat al-Shech. Algunas han sido reforzadas con bolsas de arena, sobre todo donde hay niños. Una de las habitaciones fue tomada por el ejército.
Los francotiradores de la Fuerza de Defensa Israelí se asoman cada noche por las ventanas en busca de presuntos atacantes.
Las colinas que rodean la comunidad judía fueron transferidas a Yasser Arafat y a la Autoridad Palestina hace más de tres años y medio, como parte de los acuerdos de Hebrón.
En aquel momento advertimos a los políticos israelíes, así como a la jefatura militar, que esas elevaciones serían una fuente de disparos terroristas.
Actualmente, la Fuerza de Defensa Israelí hace lo mejor posible para proteger a los judíos en Hebrón. Pero sus acciones no son suficientes, porque escuchamos tiros cada noche.
Y si un helicoptero de ataque abre fuego sobre las colinas, esta táctica sólo surte efecto por unos días. Entonces quedan pequeños misiles, capaces de destruir muros utilizados para posiciones defensivas terroristas, pero no se emplean.
El ejército israelí debe ser instruido para emprender todas las acciones necesarias, incluso recapturar las colinas que amenazan a la población judía.
El cierre de las principales rutas plantea otro problema considerable. En muchos casos, los militares bloquean los caminos en lugar de asegurar un tránsito seguro.
Sabemos que el ejército se esfuerza por asegurar nuestra seguridad. Sin embargo, algunas restricciones para el uso de la fuerza no les permite desplegar todo el potencial defensivo.




