Lo que más nos asusta son las bombas. Cuando voy al mercado de Ben Yehuda, y paso por él casi todos los días, avanzo lo más rápido posible. Ése es el sitio donde más expuesto me siento a un ataque terrorista. Pero no temo manejar por la ciudad.
Actualmente veo más policías y soldados en Jerusalén, especialmente en determinados lugares, pero en la vida cotidiana las actividades no se han alterado demasiado. Todo parece normal cuando voy, por ejemplo, al centro comercial. Nadie permanece en sus casas por miedo.
El cierre de Cisjordania y Gaza no afecta a quienes contratan a trabajadores dentro de esos límites. Los comercios y los mercados funcionan como siempre. Muchos de los vendedores son israelíes. Quizás obtienen sus productos de Gaza y Cisjordania, pero no estoy seguro.
Las cosas han cambiado. He conocido a numerosos árabes en mi vida. Han visitado mi casa y mi familia los trató como iguales. Pero ahora incluso los árabe-israelíes están en nuestra contra o lo han estado en algún momento. Eso es difícil para nosotros, porque pensamos que eran parte nuestra, y ahora quizás no lo sienten así... y viven entre nosotros.
No creo que todos los árabes estén en contra de Israel, sino las organizaciones extremistas que atraen fanáticos. Dudo que las personas comunes -con sus familias, con sus hijos- salgan a las calles a arrojar piedras. Ellos son, en cambio, los que resultan lastimados.
Entiendo y no entiendo por qué los palestinos están enojados, porque cuando el proceso de paz marchaba más lentamente no había violencia, era increíble. Y luego de que se ha abierto el diálogo sobre Jerusalén y otras cuestiones importantes, parece que desean más y más.
El vecindario de Tel Rumeida es el hogar de siete familias de Hebrón que viven en casas transitorias, entre paredes muy angostas. El mismo día en que llegaron, por la noche, escucharon disparos desde las colinas de Harat al-Shech hasta el norte de Hebrón.
En mi opinión debemos entregarles a los palestinos todos los barrios árabes del este de Jerusalén. Pero lo que piden es difícil de conceder. Pretenden el Muro de los Lamentos, pero no se lo podemos entregar porque es lo más sagrado para los judíos. Pienso que Arafat llevó las cosas muy lejos y ahora no puede controlarlas.
Espero que algún día llegue la paz. Los enfrentamientos no se han detenido. Mueren más palestinos que judíos, pero la situación es difícil para ambas partes. Arafat es contradictorio: dirige la violencia y al mismo tiempo dice que busca la pacificación.
Tal vez si regresa la calma habrá una mesa de negociaciones como la de Camp David. Nosotros quizás concedamos un poco y ellos otro poco. Esta es la única manera de lograr la paz en la región. De otra forma será muy difícil alcanzar una solución al conflicto. El problema es que la derecha israelí, como algunos palestinos, afirman que los acuerdos de Oslo han muerto





