La actual crisis afectó mi vida y mi empleo de muchas maneras. Nuestra carga de trabajo se incrementó masivamente por el número de heridas sufridas por los árabe-israelíes.
En pocos días vimos 135 casos de emergencia, 28 personas fueron retenidas en el hospital para tratamiento y cinco fueron transferidas a otros sanatorios para terapias especiales una vez que su condición se estabilizó.
Tuvimos que abandonar otros tratamientos en el hospital, enviar de regreso a personas que no estaban involucradas en los enfrentamientos, y durante diez días estuvimos en estado de emergencia.
La gran mayoría de las heridas que atendimos eran leves. Pudimos asistir a casi todos los lesionados y mandarlos de vuelta a sus hogares.
No soy un experto en materia militar, pero puedo decir que la mayoría de las heridas fueron causadas por balas de goma. Sin embargo, había algunas que aparentemente fueron provocadas por disparos reales.
Por lo general, la atmósfera dentro y fuera del hospital es terrible. Hay un sentimiento de desesperación total, de ira y miedo entre nosotros -los árabe-israelíes-, porque la policía atacó a los manifestantes y mató a 13 de ellos..., e incredulidad.
La desazón viene por el hecho de que no vemos una salida a la actual situación y no somos optimistas respecto del futuro cercano.
La calma retornó a Nazaret, aunque la atmósfera es tensa. En Gaza y Cisjordania la crisis continúa, y el sufrimiento de nuestros hermanos se siente con fuerza aquí.
Para los jóvenes y ancianos de Gaza y Cisjordania, la situación es la misma: una ocupación y opresión permanentes, ya sea económica, política o militar.
La ira y la frustración que sentimos por la falta de justicia está siempre presente, tanto aquí entre los árabe-israelíes como en Gaza y Cisjordania.
Esperamos algo positivo y esperanzador para salir de esta crisis y que se acaben las protestas. Los manifestantes quieren obtener su libertad y establecer su Estado. Cualquier cosa que los acerque a ese objetivo será buena.





