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| Introducción:
Rompiendo el silencio |
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Introducción:
Rompiendo el silencio |
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Por Robin Lustig

Una casa para huérfanos a causa del
SIDA
en Mombasa, Kenia
Pepile tiene siete años y está muy enferma. Su padre y su hermano
menor murieron a causa del SIDA. Su madre está infectada con el
virus VIH. Pepile también lo está.
Pepile es una de las 23 millones de personas que viven con
el SIDA o con el VIH en África: la suya es una vida joven
que empieza a apagarse en el contexto de un desastre descrito como
la mayor catástrofe que haya azotado al continente africano desde
la esclavitud.
Conocí a Pepile en su pequeña casa de piedra casi vacía, al final
de un camino polvoriento en la provincia sudafricana de Kwazulu-Natal.
Es una niña inteligente a la que le gusta hablar y que sabe
que está gravemente enferma. No hay medicamentos para ayudarla,
como no los hay tampoco para ayudar a la gran mayoría de los africanos
que viven con el SIDA o el VIH.
Los empleados de un hospicio que queda a unos diez kilómetros
la visitan cuando pueden, pero le traen poco más que palabras de
apoyo y de consuelo.
Y en África lo difícil es no encontrar muchos otros
casos similares.
Lucy Barnabas también está infectada con el virus VIH. Tiene 36
años y dos hijas. Lucy aspira a poder vivir dos años más, hasta
que su hija mayor haya terminado la escuela y pueda hacerse cargo
de su hermana menor: dos huérfanas más para aumentar las filas de
los 10 millones que ya intentan sobrevivir diariamente en África.
Según cálculos recientes, el SIDA podría acabar con cerca de un
cuarto de la población actual del sur de África. Día a día,
los negocios pierden a sus empleados, las escuelas a sus maestros,
las granjas a sus campesinos y trabajadores.
En una granja de Zimbabue me dijeron que su fuerza laboral de unos
200 trabajadores pierde a dos de ellos todas las semanas, arrebatados
por el SIDA.
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| Una
madre seropositiva en Tanzania: 23m de africanos son portadores
del VIH |
¿Por
qué?
El SIDA ataca con más fuerza en las zonas donde la miseria es profunda
y generalizada, donde no hay atención médica, donde demasiada gente
vive presa del hambre, víctima de la desnutrición.
Ataca con más fuerza también en zonas donde los hombres deben dejar
sus hogares en el campo para buscar trabajo en las ciudades; donde
se ignora a las jóvenes y mujeres que tratan de negarse a tener relaciones
sexuales sin protección. Todas estas condiciones se dan en África.
En algunos países, en especial Uganda y Senegal, se ha logrado luchar
contra el SIDA con cierto éxito, pero aún queda mucho, mucho por
hacer.
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Hemos esperado
mucho tiempo
Y entonces ¿qué de los pequeños? Los niños.
Tus pequeños ángeles y santos.
¿Los ves sufrir, Señor?
¿Viste a Solomón, a Priscilla, a James?
¿Y a Sarah y a Najjuma?
¿Te acuerdas de Brenda?
Ella siguió a su mamá sólo cinco meses después.
¿Qué piensas de ese sufrimiento, Señor?
No ha respetado a los inocentes ni a los débiles.
Señor, llevamos esperando demasiado tiempo
(Trad. Miguel Molina)
Precios
Las empresas farmacéuticas internacionales han acordado reducir
marcadamente los precios de sus drogas para combatir el VIH, pero
aún siguen siendo demasiado costosas para la gran mayoría de la
población afectada en África. Además, sin un sistema de distribución
y de asesoría médica eficaz, las drogas por sí solas no pueden representar
una solución viable.
La conferencia internacional sobre SIDA que se realizó en
la ciudad de Durban, Sudáfrica, procuró atraer nuevamente
la atención de la comunidad internacional sobre el SIDA y su destrucción
de África.
El tema central de la reunión fue: Rompiendo el silencio, porque
para millones de africanos, el ser víctima del SIDA sigue siendo un
tema tabú que los condena a vivir, sufrir y morir en silencio.
Poco a poco los gobiernos del continente y del mundo empiezan a percatarse
de la casi inimaginable magnitud de esta tragedia. Pero habrán de
morir muchos millones más antes de que esta catástrofe haya sido derrotada.
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