Por
la corresponsal de la BBC en África,
Orla Guerin

La educación ha sido una herramienta
clave en la
lucha de Uganda contra el SIDA
Uganda: combatiendo una epidemia
En una colina remota cubierta de platanales hay un pequeño claro.
Fue ahí donde Paulina Namayanja me mostró las tumbas de sus hijos.
Uno por uno recitó sus nombres en voz alta: "aquí está Bbale, aquí
está Agustín, aquí está Kayondo, aquí Kate Namasinga" …. Y así hasta
que había dicho los nombres de los siete hijos e hijas que le fueron
arrebatados por el SIDA.
Uganda tiene muchas madres que comparten su dolor.
Ahora de casi 70 años de edad, Paulina está luchando por mantener
y cuidar a los hijos de sus hijos, trece nietos en total.
Cuando llegamos a su casa, los nietos se pusieron todos en fila,
sonrientes, para darnos la bienvenida. No cabe duda de que Paulina
los está criando con amor. Con amor pero sin juguetes, sin libros
y sin suficiente que comer.
El SIDA se ha llevado a toda una generación de Uganda, dejando huérfanos
a más de un millón de niños. La epidemia empezó a comienzos de la
década de 1980 a orillas del Lago Victoria en el sur de Uganda.
Ahí, en un hospital administrado por misioneros cristianos, le pregunté
a una monja irlandesa cuántas personas había visto morir a causa
del virus. "¡Ay Dios mío!" -me respondió- "necesitaría una calculadora
gigante para hacerme una idea".
En una clínica no lejos de ahí, le hice la misma pregunta a una
trabajadora social que ayuda a víctimas de la enfermedad. ¿A cuántos
había visto fallecer? Sin dudarlo un instante me respondió: "a 200
familiares y a otros 400 conocidos".
En Uganda se dice que cada una de las familias que integran este
país de 21 millones de personas ha sido afectada por el SIDA. Aunque
al principio parece una afirmación poco probable, uno no tarda en
constatar que es, sencillamente, la verdad.
Incluso la geografía ha sido afectada por el SIDA. Hay campos enteros
abandonados: no queda nadie que los cultive. En muchos sitios, las
tierras que antes estaban cubiertas de cosechas hoy están cubiertas
de tumbas. En todas partes, a orillas de las carreteras pueden verse
pequeñas casuchas de madera con letreros que las identifican como
"clínicas".
Hace 20 años que Uganda experimenta la muerte a una escala casi
incomprensible, y muchas personas más morirán en los próximos años.
Resultados importantes
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| Una
voluntaria de la Media Luna Roja explica el uso del condón
en un curso sobre sexo seguro |
Pese a todo lo anterior, la campaña contra el SIDA llevada a cabo
en Uganda ha obtenido resultados sumamente importantes.
Se ha logrado que desde 1992/1993 la tasa de contagio del VIH disminuya
progresivamente. No existe una sensación de triunfo, ya que se ha
sufrido demasiado en el país para que eso pueda darse. Pero sí se
detecta una sensación de alivio.
Uganda no tiene una receta secreta que ofrecerle al resto de África
para combatir el SIDA. Los resultados positivos son producto de un
firme compromiso político, largos años de trabajo exhaustivo, una
campaña educativa enorme, y el involucramiento masivo de organizaciones
comunitarias en programas sanitarios.
Una trabajadora de la salud que participa en campañas contra el SIDA
en Uganda lo dijo claramente: "Uganda ha estado luchando, mientras
la mayor parte de Africa permanecía con los ojos cerrados. Como mujer
portadora del VIH tengo suerte de vivir aquí".
Senegal:
evitando una catástrofe
A medio continente de distancia de Uganda, Senegal ha usado muchas
de las mismas estrategias para combatir el SIDA. Pero ha sido una
lucha distinta. Mientras en Uganda se trataba de enfrentar una epidemia
de proporciones alarmantes, en Senegal se trataba de evitar que ésta
ocurriera. Y se ha logrado.
El
virus está como congelado, gracias a una estrategia que ha combinado
elementos muy diversos. Y no podía ser de otra manera. Senegal es
un mosaico de realidades muy distintas.
La capital Dakar, tiene un rostro moderno; pero es un país musulmán
con extensas áreas de pobreza. Katy Cisse, socióloga del politécnico
de Dakar resume así la situación: "navegamos por la internet,
sí, pero si tenemos un problema todavía llamamos al chamán".
La solución adoptada por Senegal ha sido la de involucrar a toda la
sociedad en la campaña para no perder control del SIDA. Se emiten
licencias para la prostitución y se somete a las prostitutas a pruebas
para detectar el VIH.
Incluso los imanes o guías religiosos musulmanes se han unido a la
lucha. Predican la abstinencia y la fidelidad, pero permiten que los
trabajadores de la salud promuevan el uso de condones.
"Al
condón le decimos calcetín", me dijo el conocido cantante
senegalés El Hadj N´Diaye, cuya canción sobre el SIDA se ha convertido
en una especie de himno en el país. Cuando la interpretó en una calle
polvorienta de Dakar, la gente empezó a acercarse a cantar. Todos
sabían la letra.
No dormirse sobre los laureles
Con una tasa de contagio que aún está por debajo del 2%, Senegal es
un ejemplo de cómo se puede mantener al SIDA bajo control.
Pero hay quienes se preocupan de que el éxito que se ha tenido lleve
a la gente a confiarse demasiado y a descuidarse. Eso es justamente
lo que teme el Dr. Mustafa Gueye, que ha dedicado gran parte de su
vida profesional a combatir y controlar el SIDA. "Este país -dice-
aún puede estallar".
Soukaye Dieng Diop es una promotora de la salud que comparte los mismos
temores. Ella ha dedicado su vida profesional a la lucha contra el
SIDA desde que una pequeña de tres años murió en sus brazos pidiéndole
una ayuda que ella no pudo darle. Ahora, la principal dificultad que
enfrenta es la de convencer a la gente de que aún se corre el riesgo
de contagio.
Ha sido tal el éxito de la campaña senegalesa que mucha gente nunca
ha conocido a ninguna persona que tenga el virus o que padezca del
SIDA. Y ese es un problema que ya le envidiarían a Senegal muchos
otros países del continente africano. |