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Sudáfrica
Sudáfrica
Una enfermedad fuera de control
Por el corresponsal de la BBC, Greg Barrow


La expectativa de vida de muchos niños africanos
no supera los 30 años

En Sudáfrica, todos los días se contagian unas 1500 personas con el virus de inmunodeficiencia humana, el VIH, sumándose así a los cuatro millones ya infectados. No hay indicio de que el índice de contagio vaya a disminuir.

Sin embargo, pese a este holocausto y a que el SIDA y el VIH constituyen una terrible amenaza al desarollo económico del país, el gobierno sudafricano ha bloqueado la provisión de drogas para combatirlos, iniciando un intenso debate sobre las causas del SIDA.

Esta política, que desde un principio dejó atónitos a los observadores internacionales y que concitó la condena de los científicos de todo el mundo, ha provocado pocas protestas dentro de la propia Sudáfrica.


Un llamado ignorado

Una excepción es el Dr. Costa Gazi, portavoz para asuntos de salud del pequeñísimo partido de oposición, Congreso Panafricanista de Azania.

Hijo de inmigrantes griegos, el Dr. Gazi fue encarcelado por su oposición al régimen de segregación racial en la década de los años 60, y posteriormente pasó 20 años en el exilio en Gran Bretaña. Con su larga cabellera gris coronada con una gorra de béisbol, Gazi podría ser considerado como una figura un tanto excéntrica. Sin embargo, sus ideas sobre el tema del SIDA en Sudáfrica son claras y elocuentes.

Lo que pide es muy sencillo: que el gobierno proporcione medicamentos contra el SIDA -o inhibidores retrovirales- a las mujeres embarazadas, para así proteger a decenas de miles de niños de esta enfermedad. Sin embargo, éste es un llamado que, hasta ahora, el gobierno sudafricano ha decidido ignorar.

El VIH se puede transmitir a través de la leche materna
"Todo lo que hemos recibido es una serie de excusas", dice el Dr. Gazi.

"Primero dijeron que las drogas son demasiado costosas, luego que son tóxicas, luego que hay que examinar todas las bases científicas del SIDA. No hay seriedad, no quieren gastar más dinero en salud pública".


En un hospital

En el hospital Cecilia Makiwane, donde trabaja el Dr. Gazi, se escuchan sólo las voces de pacientes negros. Establecido durante la era de segregación racial por la primera enfermera negra del país para atender a pacientes negros, el hospital no cambió con la llegada de la nueva Sudáfrica multirracial. Es un edificio ruinoso con muros que empiezan a desmoronarse, techos con goteras y drenajes abiertos.

Las rejas que impiden el acceso a las salas donde se alojan los pacientes están ahí para impedir que entren extraños a robarse las mantas y las medicinas. Es tal la miseria de la zona circundante que ni siquiera aquellos que agonizan son inmunes a los ladrones.

El hospital necesita deseperadamente más recursos, y la escasez de los mismos es cada vez más aguda debido al aumento de pacientes afectados por las llamadas "enfermedades oportunistas" que afectan a las víctimas del VIH.

De ahí que el Dr. Gazi considere que debería proporcionarse a las mujeres embarazadas los inhibidores retrovirales que ayudan a impedir la transmisión del virus a sus bebés.

Gazi ha llegado incluso a comprar sus propios suministros de dichas drogas para usarlos en el hospital, una decisión que le ha causado más de un problema con las autoridades de salud pública. Él se mantiene firme pese a las advertencias que recibe.

Una vez en el hospital, el medicamento tiene que guardarse bajo estrictas medidas de seguridad ya que son muchos los pacientes que querrían acceso a él, y Gazi lo está destinando sólo a mujeres embarazadas y sus bebés: invirtiendo en el futuro.

"Se le da el medicamento a la mujer durante el parto, luego tres gotas al bebé después de nacido, y eso es todo. Con esas sencillas medidas se puede salvar a la mitad de los bebés que de otra forma habrían nacido con el VIH".

El presidente de Sudáfrica, Thabo Mbeki, mantiene sus dudas sobre la causa del SIDA
¿Propuesta fácil de aceptar?

Parecería ser una propuesta fácil de aceptar. Sin embargo, el gobierno del país, encabezado por el presidente Thabo Mbeki y el Congreso Nacional Africano, afirma que no puede costear los medicamentos, y acusa a las empresas farmacéuticas multinacionales de tratar de beneficiarse de la crisis provocada por el SIDA en África.

Existen, por otra parte, mecanismos legales de los cuales el gobierno podría valerse para tratar de obtener el derecho a producir su propia versión, más barata, de las drogas deseadas: según las leyes internacionales de comercio, si el gobierno puede probar que los medicamentos son necesarios para contener una emergencia médica, entonces puede buscar lo que se conoce como una licencia obligatoria. Para el Dr. Gazi, esas condiciones existen de sobra en Sudáfrica.

"Cuatro millones de nuestros habitantes están contagiados con el VIH. En este momento aumenta rápidamente el número de muertes. Es una emergencia crítica, de modo que lo poco que pueda hacerse para frenar la epidemia, debe hacerse".

"Los inhibidores retroviales pueden disminuir el ritmo de la epidemia considerablemente, así que creo que el gobierno debería estar expidiendo licencias obligatorias para producir las drogas ya", dice Gazi. Y agrega: "También deberíamos estar importando medicamentos de países donde los están fabricando como drogas genéricas, países como la India y las Filipinas".

"Y de no ser así -continúa Gazi- deberíamos pagar lo que piden las farmacéuticas. Porque, aún al precio que piden, las terapias representan una solución eficaz y una buena inversión".

La alternativa, dice, es cuidar a niños enfermos en hogares especiales, por el tiempo que duren sus cortas vidas. Y esto, según algunos cálculos, costaría entre 10 y 20 veces más que administrar las drogas.


¿Deseo de no herir sensibilidades?

Otra posible explicación de la falta de entusiasmo del gobierno ante la perspectiva de dar acceso generalizado a los inhibidores retrovirales es, señalan algunos, que quizás no quiera introducir tensiones en sus relaciones con su gran aliado, Estados Unidos.

Si el gobierno sudafricano comenzara a expedir licencias obligatorias para la producción de dichas drogas, dicen estos analistas, se estaría enviando el mensaje equivocado a potenciales inversionistas extranjeros. Las licencias obligatorias van en contra del principio de libre comercio y podrían sentar un incómodo precedente en un país en vías de desarrollo.

Sea como fuere, mientras el tema se debate y se discuten los principios, no cabe la menor duda de que con cada día que pasa aumenta más el impacto mortal del SIDA en Sudáfrica.


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