EE.UU.: Pedro -así prefiere llamarse- es colombiano, tiene SIDA y vive en Nueva York como indocumentado desde hace 16 años.
"Nunca tuve la intención de ser ilegal, al contrario, llegué con todas las ilusiones del mundo: trabajar para aprender idiomas y viajar. Pero me picó la culebra y el mundo cambió totalmente para mí".
Llevaba 5 años en Nueva York, pagando a sus abogados por los trámites necesarios para su permiso de trabajo, cuando se enfermó.
"El proceso de legalización se interrumpió porque en ese momento la ley excluía a todos aquellos que estuvieran infectados con el VIH".
Sin tapujos comenta que fue por transmisión sexual: "Era un negro atractivo y vanidoso, las propuestas no me faltaban -sacude con sus manos el cuello de su chaqueta- pero como dice mi psicólogo, el sexo y la demencia se unen y uno pierde el sentido de la responsabilidad".
Pedro se refiere al olvido de la protección sexual en el momento del "éxtasis", como él mismo lo dice.
"Ser indocumentado, tener SIDA y además, ser colombiano es lo más terrible del mundo, y perdóneme la expresión... porque yo no puedo recibir ayuda de ningún tipo, por ejemplo, una vivienda de protección social, el desempleo o dinero de la seguridad social... tengo que trabajar más de diez horas y no me puedo negar a las horas extras, para no poner problema o dar pie a que me investiguen.
"Es horrible tener que sentir la urgencia de ir varias veces al baño y no poder hacerlo por el control. Se nos permite ir dos veces al baño durante el turno que realizamos".
En el hotel en el que trabaja, nadie sabe que tiene SIDA, tampoco sus amigos o las personas con las que vive. Se quedaría sin casa y lo rechazarían por el estigma del "contagio".
En cuanto a su vida personal, no ha vuelto a tener pareja estable. "Tuve que cortar mi última relación porque aunque éramos muy serios en la protección sexual y el chico sabía que yo era positivo, no pude soportar su temor al contagio, en caso de que el condón se rompiera. Es mucha responsabilidad enfrentar a la familia del otro".
"La muerte es ley de vida", responde Pedro cuando le pregunto por su temor a morir.
Lo que le indigna no es haber contraído la enfermedad y tener que morirse por ella, es el estar indocumentado. "No hay líderes, todos tenemos miedo porque somos indocumentados. Yo propuse que fuéramos a visitar a Liz Taylor u otra estrella de cine para que nos escuchen, pero la idea no prosperó".
"Mi enfermedad depende de mi trabajo". Mira el café que me tomo y comenta: "A mí me encantaría cambiar este té de menta por uno de esos, pero mañana el estómago no me dejaría en paz".
"Cuando yo esté como los demás, al borde de la muerte, cuando no tenga ya nada que perder, entonces sí seré un líder para ayudar a legalizar a todos los que están como yo y tienen SIDA".
No hay posibilidad de regresar a Colombia, "¿Para qué, si yo vengo de una familia que no tiene ni para una aspirina, y a mi edad? No quiero llegar directamente a morirme".
