Se cree que Irak tuvo importantes programas para el desarrollo de armas
químicas, biológicas y nucleares. Sin embargo, la Guerra
del Golfo en 1991 y las subsiguientes inspecciones de Naciones Unidas,
así como los bombardeos llevados a cabo por Gran Bretaña
y Estados Unidos, han afectado seriamente las instalaciones para el
desarrollo de este tipo de armas.
Se piensa, no obstante, que algunas instalaciones todavía están
activas, pero serían usadas sólo con fines civiles, para
la fabricación de medicinas y la investigación no militar.
Algunos analistas opinan que Irak todavía tiene importantes
depósitos de agentes químicos y biológicos. Otros,
sin embargo, sugieren que aún si esto es cierto, el material
es tan antiguo que ya no es efectivo y, además, Irak carece de
los medios para dispersarlo.
Un reciente informe del Instituto de Estudios Estratégicos concluyó
que Irak requeriría de al menos una década y ayuda internacional
significativa para desarrollar una bomba atómica.