|
|||||||||||
![]() |
|||||||||||
![]() SOBRE EL RÍO SUCHIATE, LAS VÍAS DEL TREN Y LA MARA SALVATRUCHA Llegar a la frontera sur de México, después
de haber estado en el desierto de Arizona, es encontrarse con una explosión
de vegetación exuberante, clima tropical, plantaciones de banano,
mango, coco o café.
"Llegar a la frontera sur de México es llegar al inicio de la pesadilla del sueño americano", nos dice el padre Ademar Barilli, encargado de la Casa del Migrante en el poblado fronterizo de Tecun Uman, en Guatemala. "México se ha transformado en una frontera vertical; el problema comienza desde que se cruza el río Suchiate en el estado mexicano de Chiapas. La intensificación de la vigilancia ha encarecido el viaje para el norte; se ha fomentado el tráfico de indocumentados y los migrantes están buscando caminos de alto riesgo. Los migrantes aquí mueren en el mar, en los ríos, en los puentes, en los caminos perdidos y ni siguiera se conoce el número exacto de victimas y de muertes", asegura el sacerdote brasileño. Porcelana china De
niña viví en un pequeño pueblo ubicado en la frontera entre México y Guatemala.
Parte de la vida cotidiana era que hombres, mujeres o niños guatemaltecos
tocaran a las puertas de aquella casona que tenía un patio en el que había
escorpiones y árboles de naranja; una casa ubicada muy cerca de un ojo
de agua en el que cantaban las ranas cuando era tiempo de seca; aquel
ojo de agua en el que mi vecino Alfredo se dedicaba a pescar culebritas.
Los guatemaltecos vendían vajillas de porcelana china, juguetes, dulces,
jabones, goma de mascar de cardamomo para refrescar el aliento.Hasta la fecha, mi madre conserva un vajilla china de "tarro botón" que compró a una de aquellas mujeres guatemaltecas. En aquel entonces había escuchado que los guatemaltecos o "cachucos", como les llamaban en el pueblo, cruzaban por el río Suchiate; sabía que eran indocumentados; sabía que iban y venían diariamente de México a Guatemala. Sabía también que otros centroamericanos, principalmente hondureños, nicaragüenses o salvadoreños, entraban al país sin documentos. La gente decía que había que cuidarse de ellos, decía que eran malos. Cuando era niña nunca fui al río Suchiate. Por eso, cuando fui a buscar testimonios sobre derechos humanos y migración, quedé sorprendida, maravillada, cuando vi aquel ir y venir frenético de balsas rústicas o "cámaras" construidas a base de dos neumáticos de trailer y tres o cuatro tablas de madera. El río no es profundo, por eso los hombres arrastran a pie aquellas balsas cargadas de productos, o de personas, o de productos y personas. Cruzando el río
Comprendí entonces lo que me decía Edwin, un hondureño al que conocí en el albergue Belén, una casa del migrante ubicada en la ciudad de Tapachula, que es atendida por voluntarios, monjas y sacerdotes católicos. Edwin me contó que cruzó el río a las 6:10 de la mañana, contrató a un triciclero para que lo transportara a una gasolinera; ahí abordó una combi con destino a Puerto Madero. Así burló la vigilancia de los agentes de migración, pues le habían dicho que entre las seis y las ocho de la mañana era el cambio de turnos. "El paso del río no es problema, el problema es internarse dentro de la República Mexicana", me había asegurado el padre Ademar Barilli. Así lo comprobé. La vigilancia se intensifica conforme uno va avanzando. Para internarse en territorio mexicano muchos migrantes optan por las vías del tren, los más jóvenes y los más fuertes. El tren en la frontera sur de México es cuento aparte. Nunca se sabe a que hora pasará. La mayoría de los trenes que pasan por ahí son de carga; los de pasajeros pasan a veces cada tercer día y en horarios irregulares. A correr Por
eso los migrantes esperan. Esperan largas horas en las abandonadas y pestilentes
estaciones; esperan en los cementerios, a orillas del río o en las mismas
vías porque, cuando a lo lejos se escucha que ya viene el tren, hay que
correr y hay que correr rápido.Los migrantes se cuelgan al tren en movimiento; algunos se tropiezan, caen, son arrollados por el tren, pierden la vida o un brazo o una pierna, o los brazos y las piernas. Para los que lograron subirse la travesía no concluye ahí. Hay que estar alerta, los agentes de migración subirán en cualquier momento... o la policía. "Cuando ellos suben hay que correr, correr hacia la parte de adelante del tren y hay que saltar, aunque el tren siga en movimiento", me dijo Francisco, un hondureño que salvó la vida de milagro y que, ya sin pie, estaba esperando deportación en Tapachula. Algunos migrantes son capturados por las autoridades y deportados. Algunos son detenidos por las policías locales; en ocasiones los policías piden dinero a los migrantes para dejarlos continuar su camino pero más adelante son detenidos nuevamente. Hay quienes optan por los caminos perdidos o las llamadas rutas de alto riesgo, que día a día son visitadas por el grupo Beta de protección al migrante, un organismo dependiente del Instituto Nacional de Migración que tiene a su cargo la tarea de tratar de convencer a los indocumentados para que regresen a su país, recoger denuncias sobre atracos y prestar atención médica y de primeros auxilios a quienes así lo requieran. Mara Salvatrucha
"La Mara Salvatrucha" son pandilleros -en su mayoría centroamericanos- que fueron deportados de Los Ángeles. Las autoridades los reconocen porque están tatuados. Hay quienes cuentan que las pequeñas piedras de cristal que se colocan en las orillas de los ojos significan el número de muertos que cada uno de los miembros de la pandilla tiene en su haber. Según las autoridades de migración, los miembros de "La Mara" se internan al país cruzando por las noches el río Suchiate. Recuerdo ahora que alguien me advirtió: "Si te dan las cuatro de la tarde mejor ya no regreses a Tapachula, mejor quédate en Ciudad Hidalgo, o si estás en Guatemala quédate en Tecun Uman, porque el camino es muy peligroso". Mi "reencuentro" con la frontera sur fue una mezcla de recuerdos: el ojo de agua, los árboles de naranja, el misterioso río Suchiate, los comerciantes guatemaltecos; las viejas conocidas historias de los centroamericanos a los que detiene Migración y les pide que canten el himno nacional o les pregunta quién es el presidente del país. Viejas conocidas historias de indocumentados centroamericanos o de transmigrantes. Pero debo confesar que nunca antes había visto a México como "el inicio de la pesadilla del sueño americano", como describió al país, a mi país, el padre Ademar Barilli, quien dice ver a México con los ojos del migrante. |
|||||||||||