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![]() INTRODUCCIÓN Nadie
puede ser feliz al dejar su tierra.
Es arrancarse las raíces de las entrañas. Es siempre una pérdida. No sólo del pasado. También se pierde el sentido del futuro; es andar por territorios de incertidumbre, por caminos desconocidos, con la única posibilidad de la esperanza. El migrante es siempre empujado: por el terror, la violencia, la intolerancia y la muerte. Pero la gran expulsora de migrantes es hoy la pobreza. En este planeta son cada vez menos los que tienen más y cada vez más los que tienen menos. El actual modelo económico es una gigantesca y eficiente fábrica de pobres.
Hasta ahora, hemos sido incapaces de descubrir las vías para entender y superar diferencias: de raza, de credo, de status y de cartas de navegación para esta nave común llamada Tierra. Por eso, tantos seres van de un lado a otro en busca de respuestas. Y son los más inermes y vulnerables. En el tránsito, se abaten sobre ellos los más brutales riesgos y castigos inmerecidos: la persecución, la cárcel, la explotación y el despojo; la creciente y sistemática pérdida de sus derechos humanos. Son también involuntarios protagonistas de la más cruenta de las confrontaciones de nuestro tiempo: la guerra de los pobres contra los pobres; la guerra por la supervivencia. Por ello, la migración y los derechos humanos son el gran desafío común al inicio del nuevo milenio. Ojalá nos provocara algo más que lágrimas. |
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