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Fronteras de Dignidad
 
   

NACÍ EN LA FRONTERA SUR


Soy mexicana, nací en la frontera sur de México y hace muchos años opté por el exilio voluntario, porque quería saber qué había más allá de la avenida central de Tuxtla Gutiérrez, que era el paseo favorito de jóvenes y viejos, un paseo mejor conocido como "centralear".

Antes de mis aventuras en el extranjero, que también me llevaron a enfrentar largos y humillantes interrogatorios por parte de los agentes de migración en Gran Bretaña, Alemania, Bélgica, Francia e Israel, había vivido con mi familia en un pequeño pueblo fronterizo llamado Cacahoatán.

Estaba familiarizada ya de alguna manera con el cruce cotidiano de centroamericanos hacia México. Constantemente leía en los diarios historias de "pollos" y "polleros". Parte de la vida cotidiana de este pueblo, además de las torrenciales lluvias tropicales y de los movimientos telúricos provocados por el vecino volcán Tacaná, era ver a los guatemaltecos ofreciendo puerta por puerta productos "made in China".

Mi contacto con la frontera norte había sido mínimo, después de todo fui parte de esa generación antiyanqui que soñaba con el "hombre nuevo" y que en sus ratos de ocio leía el "Manifiesto Comunista".

Tiempo de viaje

La rapidez de la revisión del pasaporte depende de la nacionalidad.Pasaron los años y me olvidé del "Manifiesto", tomé mi mochila y me fui a viajar. Durante esos viajes comprendí el valor de un pasaporte. Mis amigos europeos pasaban sin problemas hacia Israel, Egipto, Europa del Este.

Siempre me pregunté por qué los agentes migratorios tenían que revisar mi pasaporte página por página, por qué aquellos gigantes alemanes tenían que ladrarme y tratarme como si fuera criminal, por qué los agentes migratorios belgas tenían que hacerme pasar el trago amargo y la gran humillación de llevarme a los separos del aeropuerto de Bruselas para averiguar si mi pasaporte era falso.

Honestamente les digo, no creo que tenga aspecto de terrorista o de falsificadora de pasaportes, pero en fin, nunca recibí ni una disculpa, ni una explicación por el maltrato de parte de las autoridades migratorias, después de todo, la revisión exhaustiva de los documentos, los interrogatorios e incluso las detenciones o "aseguramientos" parecen formar parte de la rutina del control fronterizo en distintas partes de la geografía mundial.

El reto

Con todos estos antecedentes, acepté la tarea de preparar un especial sobre "derechos humanos y migración en México". Sabía que cubrir el tema sería un gran reto a mi objetividad periodística. En fin, fue así como comenzó mi búsqueda. Fue así como encontré a Ramiro Ramírez, que en realidad se llama Roberto Flores pero que, por razones que puedo entender, dio a la Patrulla Fronteriza un nombre falso.

Cuando vi el cuerpo desfigurado de Ramiro, cuando me contó que había sido sometido a quince operaciones y que había salvado la vida de milagro, cuando me contó que un agente de la Patrulla Fronteriza le disparó una bala expansiva en el cruce entre Tijuana y California -a pesar de que él se había detenido ya para rendirse, no puedo negar que me dio rabia. Que vi con dolor el rostro de este joven campesino, que sabía que su vida ya no sería la misma, aunque triunfe en la batalla legal en la cual ha demandado a Estados Unidos por US$15 millones.

Eso fue en California, donde visité también a los trabajadores agrícolas indocumentados que duermen en la tierra, que viven en casuchas de plástico, cartón y madera, que se reúnen cada noche para protegerse del frío, encienden una pequeña fogata, escuchan la radio y preparan una olla de frijoles.

Visita intensa

"Fue así como fui a Caborca y encontré a Elizabeth, la encontré y lloró, lloró tanto que me arrepentí de haberla ido a buscar y haber removido su dolor".
La visita a la frontera norte fue intensa. Cada uno de los testimonios merece divulgarse. Pero en los medios nunca hay espacio suficiente para divulgar tanta tragedia humana. Haré aquí, sin embargo, espacio para recordar a Heriberto Núñez y a su hermana Elizabeth.

Encontré la historia de Heriberto revisando los archivos del Consulado de México en Tucson. Pensé que sería interesante ilustrar los casos de las muertes en el desierto de Arizona visitando a los deudos de este mexicano cuyos restos habían sido hallados por la Patrulla Fronteriza no muchos días antes de mi llegada a Arizona.

Fue así como fui a Caborca y encontré a Elizabeth, la encontré y lloró, lloró tanto que me arrepentí de haberla ido a buscar y haber removido su dolor. Le tomé una foto y me sentí culpable. Retratar el dolor no es algo de lo que me sienta particularmente orgullosa.

Podría seguir escribiendo y escribiendo y rendir, así, tributo a mis paisanos. Con mis textos agradecerles haber compartido conmigo sus historias. Muchos de los testimonios recogidos han quedado en el tintero, pero me acompañarán por siempre en el corazón y en tanto me dure la memoria.

Mundo sórdido

Mi viaje a la frontera sur lo resumiré con esta carta que escribí a mis colegas de la BBC:

Cubrir la frontera sur no es fácil."Regresé de la frontera sur con el corazón destrozado. Regresé del mundo sórdido de las estafas, la prostitución, los cuerpos mutilados de jóvenes que pierden un brazo, una pierna o la vida al pasar por el purgatorio que los conduciría al "sueño americano". Cubrir la frontera sur no es fácil -un reto inmenso viajar a "casa" a cubrir para la BBC las historias oscuras que en nuestra infancia mi padre tuvo a bien mantener a distancia.

Fui al río Suchiate y crucé "indocumentada" hacia Guatemala, visité la zona de tolerancia para ver con tristeza a jovencitas que se prostituyeron en México y que no saben hacer otra cosa más que vender su cuerpo; busqué a los indocumentados en caminos perdidos, cementerios, vías del tren abandonadas y pestilentes.

No tuve el valor para seguir a un migrante en su pesadilla, demasiadas muertes en los caminos perdidos; demasiadas muertes en los puentes y en el río... ¿Lo peor de todo?... Ni siquiera se sabe cuántos son.

No se sabe cuántos han muerto, no se sabe cuántos han desaparecido, porque en territorio mexicano nunca existieron. ¡Qué pesar tan grande! ¡Qué mala periodista! Dejarse conmover de esta manera.

Regresé a la Ciudad de México para recuperar la objetividad. ¡Qué experiencia más extraña! Estaba en casa, todo era tan familiar y tan ajeno a la vez... Espero viajar esta semana a la comunidad de origen. En este momento (acabo de aterrizar) tengo las ideas un poco revueltas (las ideas y el estómago)".
 
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