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![]() EL DESIERTO La cita fue a la siete de la mañana. Quedamos de vernos en las instalaciones
del Primer Templo Cristiano en la avenida de Speedway en Tucson. Esta
vez, el reverendo Robin Hoover no podría acompañarnos en la ya cotidiana
travesía por el desierto de Arizona que efectúa la organización humanitaria
"Human Borders" o Fronteras Compasivas para llenar los tanques de agua,
colocados desde marzo para ayudar a los migrantes, que, sin documentos,
ingresan a los Estados Unidos a través de las zonas más inhóspitas del
corredor fronterizo. Son 17 las estaciones de agua que Fronteras Compasivas ha colocado en el desierto de Arizona, pues es ahí donde organismos como "Californian Rural Legal Assistance Foundation" han documentado un total de mil seiscientas muertes desde que en 1995 la Patrulla Fronteriza intensificó la vigilancia en las áreas urbanas de la frontera. Somos cuatro las personas que nos dirigimos esta vez a las estaciones de agua ubicadas en la reserva natural "Organ pipe cactus monument". En una camioneta blanca, marcada con el logotipo de Fronteras Compasivas y cargada con gran cantidad de agua, nos dirigimos al desierto. La ruta es de 140 millas y durante el viaje debemos cargar los garrafones de agua a las estaciones marcadas con banderas azules, colocadas en postes de tendido eléctrico. Un ministerio de fe Durante
el recorrido vemos una garita de migración. No nos detienen pues vamos
rumbo a México. "De regreso te pedirán que enseñes tus documentos",
me advierte Sue Ann, la esposa del reverendo Hoover, quien renunció a
su trabajo en la docencia para dedicarse en cuerpo y alma a esta actividad
que ellos consideran "un ministerio de fe"."Mientras estemos vivos -me dice Sue Ann, quien conoce a la perfección la geografía del desierto- no llegará un migrante a una estación de agua y la encontrara vacía". Y es por eso que las rotas son estrictas. Durante el invierno, cada diez días se visitan y revisan las estaciones de agua. Durante el verano, los viajes tienen que ser por lo menos dos veces por semana pues las temperaturas rebasan muchas veces los 45 grados centígrados y el cuerpo humano necesita de mucha agua cada hora para no morir de deshidratación. Es invierno y por las mañanas y las tardes la temperatura es agradable. Por las noches el frío penetra hasta en los huesos. Llegamos a la primera estación, Sue, Jim y Michael revisan cuánta agua han utilizado los migrantes. No mucha; es invierno y la migración ha disminuido después de los atentados del 11 de septiembre en Washington y Nueva York. Además, desde septiembre hasta principios de enero, el flujo migratorio es muy bajo siempre. No hay que olvidar que estamos hablando de un lugar donde la Patrulla Fronteriza realiza unas 400.000 detenciones cada año, según cifras proporcionadas por el Consulado de México en Tucson. Recolección
Llovió anoche y por eso no hay muchas huellas. Encontramos algunas y las seguimos. Se dirigen hacia un árbol conocido como "palo verde". Al pie de ese árbol y entre el frío de la noche y aullidos de coyotes, los migrantes encuentran un refugio mientras esperan a que "la Migra" se descuide para continuar con su camino. "Mi peor pesadilla es que durante este recorrido encuentre algún día a algún migrante muerto", me comenta Sue Ann. Y no sería raro si ello sucede, después de todo, tan sólo durante 2001 el Consulado de México en Tucson, ha registrado un total de 58 muertes aquí en el desierto de Arizona. Mientras entre cactus buscamos huellas y basura, una avioneta de la Patrulla Fronteriza sobrevuela la estación de agua. El padre René Castañeda, responsable de la Pastoral Migratoria de la Arquidiócesis de Hermosillo, a quien conocí pocos días después en la Ciudad de Tucson, me cuenta que los migrantes tienen miedo de acudir a las estaciones de agua pues creen que es una trampa para que la patrulla fronteriza los capture. Desconfianza "Muchos
buscan evitar las estaciones de agua. Algunos creen que el agua ha sido
envenenada", me dice el Padre René, quien ha creado una casa de atención
al migrante en el pequeño pueblo fronterizo de Altar, ubicado en el desierto
de Arizona, sitio a donde más de 500 migrantes llegan día a día para pasar
por el cruce fronterizo de Sasabe.El reverendo Robin Hoover me comenta que existe entre Fronteras Humanitarias y la Patrulla Fronteriza una especie de "pacto de caballeros". Los agentes de migración se han comprometido a no realizar detenciones en las estaciones de agua y los más de quinientos voluntarios que colaboran con Fronteras Compasivas se han comprometido a no transportar a los migrantes pues si lo hicieran estarían incurriendo en un delito federal. Hay quienes ven con escepticismo el que se estén colocando estaciones de agua en el desierto. Creen que se da a los migrantes la falsa idea de que a lo largo y ancho del desierto podrán encontrar agua. "Será tanto como incentivar el flujo migratorio", me comenta un funcionario del Consulado de México en Tucson. Pero el Reverendo Hoover tiene para ellos una respuesta contundente: "Las estaciones de agua son solamente una expresión de protesta, no queremos que la gente siga muriendo de deshidratación en el desierto". "Queremos la regularización de indocumentados, queremos la creación de un programa de trabajadores temporales a quienes se les otorgue visas de trabajo sin necesidad de estar atados a un mismo empleador. Queremos que los trabajadores tengan derecho a organizarse y que se otorguen mas visas para ciudadanos mexicanos", explica el titular de Fronteras Compasivas, un hombre originario de Texas, que recién hace dos años llegó a Arizona y quien en Texas respaldó un programa conocido como "Santuario" dedicado a proporcionar refugio a centroamericanos que huían de sus países durante las guerras civiles en los 70 y 80. ¿Cuántos se salvan?
Volvimos a Tucson agotados y siempre preguntándonos: ¿Cuántas personas habrán salvado la vida gracias a las estaciones de agua? Difícil saberlo, nos dice Robin Hoover, quien recuerda con pesar que en mayo pasado, pocos días antes de que 14 migrantes murieran en el desierto de Yuma, Fronteras Compasivas había solicitado permiso para colocar ahí estaciones de agua. El permiso les fue negado. Poco después de esas muertes, las autoridades autorizaron al reverendo Hoover y a sus voluntarios colocar más estaciones de agua. El proyecto continúa y cada día se unen a este "ministerio" más voluntarios, que viajan desde distintas partes de Estados Unidos para apoyar a Fronteras Compasivas. Luego de mi expedición por el desierto voy al centro de Tucson. Acudo a la vigilia que cada jueves, desde el mes de mayo, llevan a cabo representantes de organismos de ayuda humanitaria. Cada jueves a las siete de la noche se prende una veladora en una placita en el centro de Tucson y decenas de voces unen sus plegarias por los migrantes muertos en el inhóspito desierto de Arizona. |
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