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![]() DE CENTROAMÉRICA AL DESIERTO Cientos de migrantes centroamericanos intentan
llegar todos los días a Estados Unidos a través de México
y buscar mejores perspectivas. Muchos lo logran, otros son asaltados
o atrapados en las fronteras. Muchos deben pagar lo poco que tienen
y, aun así, no llegan. BBC Mundo presenta aquí algunos
de sus testimonios. María Teresa: odisea por el desierto Para que se hagan una idea: fue muy difícil para mí llegar a los Estados Unidos pero nunca fue imposible porque aquí estoy. Atravesé el desierto en una época en la que estaba nevando, yo casi me congelaba, pasé cinco días y cinco noches en el desierto. De estos cinco días dos nada más comí y tomé agua; el resto no tomé agua ni comí. Fue muy difícil, pero aquí estoy, gracias a Dios. Atravesar el desierto no es nada fácil. Caminábamos de día y caminábamos de noche, nos escondíamos en los arbustos para descansar y después emprender el camino. En el grupo veníamos unas diez personas. Por gracia de Dios todos sobrevivimos. Para
salir de Nicaragua, yo y otra persona nos montamos en un camión;
de Nicaragua pasé a El Salvador, de El Salvador hasta Guatemala;
atravesamos Belice; entramos a México "mojados", pasando
cerros, cruzando el río, subiendo una meseta hasta que llegué
a Quintana Roo. Gracias a Dios nunca nos encontramos con Migración. Yo no diría que hay poca vigilancia, lo que pasa es que cuando no toca, no toca. Y no me tocó. En Quintana Roo llegué a la estación de autobuses, comí algo, tomé un autobús hasta Veracruz, fui desviando casetas para evitar el control migratorio. Pasé cinco días de camino con US$200 en mi poder y con esos US$200 tenía que comer, buscar un lugar donde dormir. Mi objetivo era llegar hasta aquí y lo logré. Yo no pagué nada para llegar a los Estados Unidos, yo lo que hice fue apegarme a otra gente, me hice rodear de la gente con la que viajé. Venían tres mujeres y seis varones. Les dije: "Llévenme, ustedes conocen el camino". "No lo conocemos", me dijeron; "vamos a explorarlo a la mano de Dios". Nos perdimos tres días dándole la vuelta a un cerro, mis labios bien resecos, bien deshidratada. En las noches en el desierto salen las manchas de coyotes (manchas les llaman a los grupos de coyotes). Nosotros encendíamos una hoguerita con ramas secas, estaba húmedo en ese entonces, porque estaba nevando, pero lográbamos encender la hoguera y pues se ahuyentaban.
Dios mío mi lindo, ¡yo casi me muero! Me arrodillé en medio desierto y dije: "Padre si me conviene llegar, llévame y si no, retrocédeme". Y aquí estoy. Él me trajo. Yo ya no podía caminar porque yo venía llena de espinas; mi cuerpo, mis pies venían llenos de espinas, traía ensangrentados los pies, y en ese momento llegó un milagro, caminé sin dolor, no sentí hambre, no sentía frío, no sentía nada y cuando yo sentí dijeron ellos: Ya estamos en la carretera. Y alguno de ellos llamó a un teléfono de un familiar y ese familiar nos fue a recoger y aquí estamos. Varias veces la Migra pasó cerca de donde estábamos, pero nos tirábamos al suelo, bajo los arbustos y nunca nos vieron, mira que suerte, gracias a Dios. Francisco Gómez: mutilado Decidí salir de Honduras porque allá sólo se gana para vivir al día. Decidí cruzar a México para llegar a Estados Unidos pero por mala suerte no pude, tuve un accidente ahí en el tren y me cortaron mi pie. Cruzar
Centroamérica es algo muy fácil y muy normal, uno cruza como si fuera
la colonia en donde uno vive. Es al cruzar la frontera de Guatemala a
México cuando se empieza a sufrir. Peligra uno de muerte, sufre mucha
hambre, frío, sed, de todo y lo único que uno hace es evitar que lo asalten,
porque si lo asaltan lo matan. Los que tienen dinero vienen con un coyote, un guía que los trae, pero uno que no tiene pues viene así, luchando, nada más. Son ya dos veces las que yo he intentado llegar hasta Estados Unidos; la primera vez lo hice en enero de este año. En ese entonces, salí de mi casa, me asaltaron y decidí quedarme en el estado de Oaxaca, en México, decidí quedarme porque ya no aguantaba tanto asalto, tantos golpes que me habían dado, había sufrido demasiado. Migración lo trata mal a uno, lo trata como que si fuera un animal, le hacen sus disparos, dicen ellos que no lo hacen a tirar pero hay muchos compañeros que dicen que sí. Como uno corre en grupo, la bala sale perdida y le pega. Esta vez crucé la frontera por el río, siempre se cruza por el río porque como uno ya viene ilegal viene capeando todo, para que no lo vea Migración; uno siempre pregunta: ¿Está Migración ahí? A veces le dicen sí, a veces le dicen no. Hay mucha gente buena y mucha gente mala. Yo crucé el río el sábado primero de diciembre, el día de mi cumpleaños, ese día crucé la frontera. Crucé y agarré para la línea del ferrocarril, ahí me encontré a otros chavos que me preguntaron para dónde iba y me dijeron: "¿Nos vamos contigo?" Y pues nos fuimos juntos.
Cuando salió el tren, yo me fui. Ya casi íbamos llegando a Tonalá cuando Migración nos paró el tren. Cuando lo para, uno siempre sale corriendo para salir adelante del tren. Y corrimos, yo me lastimé mi mano, me caí en un alambre. Cuando el tren comenzó a arrancar de nuevo pude colgarme de él con una sola mano. De pronto sentí que me pego un palo en el pecho y caí. Hasta ahí ya no recuerdo más. Hasta ahí llegó mi sueño americano. No recuerdo si me golpearon o si me golpeé con algo, lo cierto es que caí y que el tren pasó encima de mi pie. German: asaltado Fue un descuido, de pronto me agarraron, me pegaron un empujón, sacaron un cuchillo y yo no pude hacer nada, mejor me dejé y hasta los zapatos me quitaron, después se fueron. Traía poco dinero, pero eso era lo único que traía ya, servía para la comida pero ya qué le vamos a hacer. Los asaltantes me dieron un porracito en la frente y me doblaron. De buscar comida venía cuando me topé a los ladrones. Eran dos hombres. Me dijeron que me quitara los zapatos, que les entregara el dinero y pues se los di porque uno no se les puede andar oponiendo a esa gente porque si no lo matan y de todos modos lo golpean a uno porque aquí ése es el estilo. Hay unos aquí que andan robando y otros que andan con buena fe. Mario: agarrado Voy
hasta los Estados Unidos, si Dios quiere, allá tengo un tío. Quiero llegar
a Los Ángeles. Llegué a México de Tegucigalpa para Guatemala en bus y
de ahí para acá pidiendo jalón.Pasé por el puente y hasta ahorita no nos hemos topado con la Migra. Cuando los vea voy a esconderme, a apartarme de ellos, porque si no, pues lo agarran a uno, se lo llevan. Ya sé que es muy peligroso, que mucha gente se ha quedado sin brazos o sin piernas por el tren pero pues, ¿qué le vamos a hacer? No traigo dinero. Gracias a Dios la gente aquí es buena y nos ayuda. La otra vez un muchacho trigueño de la judicial me pidió 200 lempiras, a varios les pidió 200 pesos y le dijeron que no andaban. Yo solo andaba cincuenta, se los di y más adelante me agarraron a mí otra vez. Me pidieron el dinero para dejarme ir, pero de todas maneras me agarraron. Pero esta vez ya no me voy a dejar agarrar, me voy a esconder bien para que no me agarren. |
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