|
||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
![]() |
Parece que la monarquía logró la consolidación democrática en España. Este país pasó del margen al centro de Europa y desde allí estrecha lazos con el resto del mundo. Así se presenta España, 25 años después. Escribe Marcelo Risi, corresponsal de la BBC en España. En contraste con otras casas reales, la monarquía española goza de peso político. Por razones históricas, el rey dejó la representatividad y se convirtió en heredero de Franco. Pero no lo perpetuó, sino todo lo contrario: permitió la transición a la democracia.
Para algunos observadores el único verdadero legado del Franquismo es ETA, que sigue siendo la piedra con la cual los actuales gobiernos democráticos pueden tropezar. Las diferencias marcan el cambio
España era un país de emigrantes, especialmente en la década del 60. En total, casi 2 millones de personas abandonaron España para hacer la América en el resto de Europa.
Más allá de grupos aislados que en días como estos imploran un pasado de "orden, mano dura y una moral fuerte", la mayoría piensa en los últimos 25 años en términos de contraste: cuánto costaba el pan en 1975 y cuánto cuesta ahora; qué música estaba de moda y cuánto costaba comprar una casa. Apertura política, tolerancia social La apertura política sacó al país de su letargo social y creativo. La clase media fue la protagonista de la transición democrática y, como se ha visto en tantos otros países que han sufrido la censura, en España especialmente los años 80 sirvieron para recuperar este terreno perdido.
Hoy, Almodóvar se ganó un Oscar y todos saben que la cultura española va bastante más allá que las sevillanas y el flamenco. Primero Europa, después el mundo España dejó de ser una nación sin peso en las relaciones internacionales. Políticamente ha pasado a integrar el centro de Europa, es un miembro activo de la OTAN y su clase empresarial se ha modernizado y participa activamente en la globalización económica. España lidera hoy las inversiones extranjeras en América Latina. Es allí precisamente donde, en interacción con los flujos financieros, el diálogo político ha pasado a desarrollarse de igual a igual. Lentamente los lazos culturales entre ambas partes se empiezan a percibir como pertenecientes a una misma raíz. Ya no se trata de conquistar e imponerse. La España de hoy dejó a Franco en los libros de historia, pero no para conmemorarlo, sino como una advertencia. |
|
||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||