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Cuando unos 100 millones de personas acudan a las urnas el 7 de noviembre, no sólo se elegirá al presidente número 43 de los Estados Unidos de América.
El ocupante del Despacho Oval es sólo una parte de un sistema en el que el poder está dividido entre distintas ramas de la administración y entre el gobierno federal y los estados. En el día de las votaciones, la batalla por el control de los otros puestos será tan dura como la de la presidencia. El poder legislativo Mientras que el presidente tiene poderes ejecutivos, la capacidad de legislar recae en el Congreso, que se divide en dos cámaras: el Senado, con 100 miembros, y la Cámara de Representantes, con 425 escaños. Todos los puestos de la Cámara de Representantes se renovarán este año y también 33 del Senado.
Sin embargo, el presidente Clinton consiguió que el Congreso aprobara sus planes legislativos más importantes desde entonces y la opinión pública se posicionó a su favor durante el proceso de censura, conocido en Estados Unidos como "impeachment". Mayoría por poco
Con un balance tan parejo de fuerzas parlamentarias, las elecciones del 2000 se presentan difíciles de predecir. Es probable que quien gane la presidencia le dé el empujón definitivo a su partido para que pueda controlar la Cámara de Representantes. Si los republicanos ganan la Casa Blanca y mantienen la mayoría en las dos cámaras del Congreso, tendrán el control de los dos poderes, ejecutivo y legislativo, por primera vez desde los primeros años de la presidencia de Eisenhower en la década del cincuenta. Pero si, como ha sido el caso desde 1994, la presidencia y el Congreso se encuentran en manos de diferentes partidos, el titular de la Oficina Oval enfrentará dificultades para que se aprueben sus propuestas legislativas. Es posible que haya algún cambio importante en los puestos del Senado que se eligen este año. Sólo la mitad de los escaños se decidirá en elecciones realmente reñidas. En cualquier caso, la mayoría de los analistas tiene los ojos puestos en la carrera electoral en Nueva York, donde la primera dama, Hillary Clinton, intentará hacer historia y convertirse en la primera ex-primera dama en sentarse en el Senado. El poder judicial
A pesar de que los electores no deciden a los nueve miembros de la Corte Suprema, la votación del 7 de noviembre tiene algo que ver con ello ya que el presidente es quien nombra a los jueces federales de forma vitalicia. Precisamente porque los miembros de la Corte son de avanzada edad, el próximo presidente tendrá seguramente la oportunidad de nombrar a unos jueces que se aproximen a su ideología y que, seguramente, permanecerán en sus puestos durante mucho más tiempo que el propio presidente. El poder de nombrar a los magistrados de la Corte Suprema otorga al presidente una dimensión añadida a su propia función ejecutiva. Poder de los estados
A causa del sistema federal de gobierno, la mayoría de los poderes de la administración estadounidense no se ejercen desde Washington, DC, sino desde los estados. El control de los cuerpos legislativos de cada estado también es importante porque en esta ocasión la distribución de escaños por circunscripción en la Cámara de Representantes se modificará luego de las elecciones, según el censo del año 2000. Ese proceso es llevado a cabo por las cámaras legislativas de los estados y el color político de la cámara puede ser decisivo a la hora de cambiar el mapa político del Congreso, especialmente cuando está tan balanceado. El pueblo decide Además de decidir entre los candidatos, muchos votantes deberán hacer frente a consultas populares de carácter estatal que se han planteado coincidiendo con los comicios. Temas como la eutanasia o los derechos de los homosexuales son motivo de preguntas ante las que los votantes tienen derecho a escoger entre sí o no. En 1998, entre las mociones que se aprobaron a partir de referendos se encuentra la prohibición de las peleas de gallos en Missouri y Arizona y el uso de marihuana para finalidades terapéuticas en Alaska, Nevada y Washington. O sea que, a pesar de que los medios de comunicación centren su atención en la elección del nuevo inquilino de la Casa Blanca, en el mismo día otras batallas se celebrarán en todo el país para determinar quien se hace con cada pedazo de poder. |
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