En fotos: los trazos originales de El Principito

3 febrero 2014 Última actualización: 11:11 GMT

El Principito es una de las historias más famosas del mundo, pero pocos conocen lo que vivió Saint-Exupéry mientras lo escribía en Nueva York. Una nueva muestra cuenta cómo fue ese proceso creativo hace más de 70 años.
Primera edición de El Principito. Nueva York, Reynal and Hitchcock, 1942. Foto cortesía de The Morgan Library and Museum, en Nueva York.  Imagen por Graham S. Haber, 2013
El Principito es uno de los libros más famosos del mundo y ha sido traducido a unos 250 idiomas. Lo que no es tan conocido es el proceso de creación de su autor, el aviador francés Antoine de Saint-Exupéry (1900-1944), ni el hecho de que el libro fue escrito y publicado en Nueva York durante la Segunda Guerra Mundial. En la imagen, la primera edición en inglés, publicada en 1943.
El Principito en casa. Antoine de Saint-Exupéry. Página ilustrada del manuscrito, Nueva York, 1942. Foto cortesía de The Morgan Library and Museum, en Nueva York.  Imagen por Graham S. Haber, 2013.
Ahora, una nueva exposición en esa ciudad estadounidense, en el Museo y Biblioteca Morgan, quiere poner el énfasis en esas decisiones creativas: los modelos que utilizó Saint-Exupéry para sus dibujos, las páginas que descartó, las manchas de café y las quemaduras de cigarrillo que revelan sus hábitos, las múltiples versiones de prueba hasta que llegó, por ejemplo, a la frase más famosa del libro: "lo esencial es invisible a los ojos". Casi todo lo que se ve en esta página, como la dieta vegetariana de El Principito, fue descartado en la versión final.
El Principito, Antoine de Saint-Exupéry. Foto cortesía de The Morgan Library and Museum, en Nueva York.  Imagen por Graham S. Haber, 2013
El corazón de la exhibición son los manuscritos originales del libro y las primeras versiones de los dibujos, la mayoría de ellos en acuarela. Algunos de los dibujos muestran imágenes más que conocidas del libro: el principito en el desierto, el rey solo en su planeta, el principito en un jardín tras descubrir que su rosa no es única en el universo. El posible modelo para esta imagen fue el autor suizo Denis de Rougemont, quien visitó a Saint-Exupéry en Nueva York y luego escribió que el escritor le pidió que posara en el piso con sus pies en el aire.
And the Seventh Place was Earth. El Principito, Antoine de Saint-Exupéry. Dibujo preliminar, Nueva York, 1942. Foto cortesía de The Morgan Library and Museum, en Nueva York.  Imagen por Graham S. Haber, 2013
"Cuando uno mira los profundos manuscritos y las delicadas acuarelas, uno realmente siente que está acompañando a Saint-Exupéry mientras crea su libro", le explica a BBC Mundo la curadora de la exposición, Christine Nelson. "Para muchas personas es una experiencia muy emotiva encontrarse cara a cara con estos objetos del momento creativo".
El Principito. Antoine de Saint-Exupéry. Foto cortesía de The Morgan Library and Museum, en Nueva York.  Imagen por Graham S. Haber, 2013
Como muchos de sus compatriotas, Saint-Exupéry viajó a Estados Unidos luego de que Francia fuera ocupada por las fuerzas alemanas durante la Segunda Guerra Mundial. Durante sus dos años en Nueva York, Saint-Exupéry creó esta obra tan sentimental en un momento en que su vida personal estaba marcada por la ansiedad y por el peso de la guerra. "Él estaba angustiado y este libro, tan lleno de esperanza, surge de esta experiencia", dice Nelson durante el diálogo con el corresponsal de BBC Mundo en Washington, Thomas Sparrow.
The Prince and the Pilot. El Principito. Antoine de Saint-Exupéry. Dibujo preliminar. Nueva York, 1942. Foto cortesía de The Morgan Library and Museum, en Nueva York.  Imagen por Graham S. Haber, 2013
"Es esencial recordar que este libro fue creado en un ambiente de guerra y de exilio", explica la curadora. "Por supuesto se puede leer y entender sin saber esa historia, pero nuestra comprensión y apreciación se profundiza cuando lo entendemos en su contexto". Un borrador poco conocido del epílogo revela esa agonía del autor: "En una estrella alguien ha perdido a un amigo, en otra alguien está enfermo, en otra alguien está en guerra", se lamenta el narrador en un párrafo que fue eliminado. El principito "ve todo eso...para él, la noche carece de esperanza. Y para mí, su amigo, la noche también carece de esperanza".
A Fatal Bargain (izquierda). Antoine de Saint-Exupéry. Dibujo preliminar, Nueva York, 1942. Foto cortesía de The Morgan Library and Museum, en Nueva York. Imagen por Graham S. Haber, 2013.
Según Christine Nelson, el libro tiene un mensaje "aparentemente simple": que lo más importante en la vida sólo puede verse con el corazón y consiste en crear lazos significativos con otras personas. Es un mensaje universal que, sin embargo, tiene muchas capas. "El libro está contado de una manera tan ingeniosa que uno puede reaccionar al libro de manera distinta en diferentes épocas de la vida". En la imagen de la izquierda se ve la quemadura de cigarrillo.
Antoine de Saint-Exupéry en Alghero, Cerdeña, mayo de 1944. John Phillips (1914-1996). Colección de Andrea Cairone, Nueva York. Copyright John and Annamaria Phillips Foundation. Foto cortesía de The Morgan Library and Museum, en Nueva York
Saint-Exupéry no vivió para ver su obra publicada en su país natal, donde apareció tras la guerra. Él dejó Nueva York justo cuando se estaba imprimiendo su libro y regresó a Europa, no sin antes dejarles algunas copias de El Principito a sus amigos. Murió cuando pilotaba un avión de reconocimiento en 1944, poco antes de la liberación de París. En la exhibición se encuentra uno de esos ejemplares, el único conocido que el autor le entregó a un niño, el hijo de 12 años de una amiga.
Au Revoir, Saint-Ex. Brazalete de identificación de Saint-Exupéry. Patrimonio de Antoine Saint-Exupéry. Foto cortesía de The Morgan Library and Museum, en Nueva York. Imagen por Graham S. Haber, 2013
Además de escritos y dibujos, la exposición también cuenta con un objeto que el museo considera conmovedor: el brazalete de identificación que Saint-Exupéry utilizaba cuando se cayó su avión en 1944. Fue recuperado en 1998 cerca de Marsella y tiene inscrito su nombre y la dirección de su editorial en Estados Unidos. Quizás sirve como un ejemplo para entender los varios mundos de Saint-Exupéry. "El libro es uno de los grandes clásicos de Francia y no hay duda de que pertenece a ese país", concluye Nelson. "Y, sin embargo, tiene sus orígenes en un lugar y en una época muy específicos".