Hollywood al desnudo
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El fotógrafo Usher Fellig, conocido por su apodo Weegee y sus labores como reportero de tabloide, llegó a Hollywood en 1947 y apuntó su cámara sobre aquello que la ciudad tenía para mostrar: no sólo el glamour de las estrellas, sino el detrás de escena, las interminables jornadas de trabajo y los espacios más oscuros armados en torno de la meca del cine, como los clubes de desnudismo a los que alude Stripper pintada de dorado.
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Hollywood, el último refugio del genio y la escoria, me dio la bienvenida con sus brazos abiertos, escribió tras su arribo de California. Razones no faltaban: para entonces, el reportero había publicado ya su libro Ciudad desnuda, basado en su trabajo en Nueva York, con el que ganó fama en la industria y se convirtió en éxito de ventas a fuerza de imágenes truculentas de muertes y operativos policiales, violencia urbana y toda clase de tragedias.
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Weegee nunca tuvo la intención de convertir sus fotografías en arte o exhibirlas en un museo, sino que eran sus herramientas para ganarse la vida. Así, las imágenes muestran anotaciones de su autor, cortes en los bordes o comentarios dados a los técnicos encargados de la impresión. Unas 200 fotos de su autoría se exhibieron, por primera vez juntas en una retrospectiva de museo, en el MOCA de Los Ángeles.
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En los estrenos de los filmes de Hollywood, Weegeeno sólo estaba concentrado en la llegada de los artistas por la alfombra roja, sino que ponía la mirada en las expresiones de los fans o en los pequeños detalles de las calles cercanas, frecuentemente marcadas por las contradicciones sociales y carentes de la mística del espectáculo. Los adoradores de las estrellas son un clan heroico, escribió el fotógrafo por entonces.
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En línea con el trabajo del fotógrafo francés EugèneAtget, Weegee tenía particular interés en los maniquíes como una metáfora del cuerpo desnudo, así como en aspectos poco convencionales de las producciones de la pantalla grande, como los animales empleados o los extras. También fotografió strippers, borrachos y espectadores aburridos dormidos en las salas.
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Por quien no sentía simpatía alguna era por las estrellas mismas y se encargó de dejarlo de manifiesto con sus fotos intervenidas, como esta de Marilyn Monroe, tomada en 1960. Durante cuatro años en Hollywood, capturó el espíritu de la época dorada del celuloide de los ’50 con tono satírico y acceso privilegiado a los lugares frecuentados por las celebridades de moda.
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Parte de su trabajo se concentró en inmortalizar a las estrellas en acción detrás de cámara: comiendo, como aquí se ve a Elizabeth Taylor, en poses poco favorecedoras o acosadas por fotógrafos y cazadores de autógrafos. Con su lente elástico, como se lo denominó, y sus experimentos con técnicas de retoque básico creódistorsiones cargadas con su propio subtexto satírico.
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Aunque no puede ser considerador un feminista, el fotógrafo usó su medio para dejar al desnudo la explotación del cuerpo de las mujeres que corría por cuenta de la industria del espectáculo. Aquí, en la imagen titulada Concurso de belleza, intentó reflejar las disputas reñidas entre mujeres desde un ángulo poco convencional.
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Más tarde, el fotógrafo tomó parte en rodajes como asesor técnico y hasta hizo breves apariciones en algunas de las producciones de la época, aunque rara vez apareció en los créditos. Su llegada a Los Ángeles, según la describió el propio artista, estuvo marcada por la libertad para dedicarse a los proyectos de su interés, más allá de los rigores del oficio de reportero de tabloide.
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Según los críticos, la fotografía de Weegee en Hollywood es una respuesta ambivalente a la cultura de exaltación de las celebridades. Por un lado, entendía que las estrellas eran en sí mismas sujetos atractivos para su lente y se vanagloriaba de haber conocido a muchas en persona. A la vez, su trabajo se encargó de desmantelar la capa de glamour y el atractivo efímero de aquellos a quienes inmortalizó con la cámara.





























