El coleccionista de cascos
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El argentino Pablo Massolo, de 36 años y diseñador gráfico, ama las antigüedades. A los 17 años ya tenía un gran interés en los conflictos bélicos mundiales, como la Segunda Guerra Mundial, y en guerras latinoamericanas, como la Guerra de las Malvinas en Argentina. A esa misma edad quiso tener un equipo completo de algún soldado de la época, así que viajó a un barrio porteño para comprar este M1 con camuflaje patagónico.
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En 1993, Pablo vivió en Holanda por un año, donde compró su segundo casco. Éste es de origen noruego y tiene la particularidad de llevar pedazos de arpillera (tela) sueltos. Sin darme cuenta, me fui convirtiendo en un coleccionista. Al principio no tenía más información que mi intuición y algunas fotos, cuenta Massolo a BBC Mundo.
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Pablo tiene hoy alrededor de 200 cascos. Su colección es grande para los parámetros argentinos y mediana para los europeos o norteamericanos, según sus propias palabras. Cuenta con varias rarezas, como este casco argentino de paracaidista, usado en los años 40. Es de industria nacional, hecho a mano, y de él se fabricaron muy pocas unidades.
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Me gustan por su contenido histórico, marcan un estilo. Más allá de ser un elemento utilitario, varían su forma basados más en la imagen que en la efectividad. Tardé 10 años en encontrar este casco de desfile argentino de los años 40. Es de fieltro (crin de caballo prensado), es muy frágil y por eso sobrevivieron muy pocos, dice Massolo.
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Entre sus logros, Pablo cuenta que consiguió dos cascos de la Guerra Irak-Irán, uno de cada bando. Se los compró a un observador de las Naciones Unidas. Me apasiona cada vez más la búsqueda, es parte del encanto de todo esto, dice. En la foto: casco modelo francés M16 usado por el ejército mexicano.































