Érase una vez la Patagonia de Tehuelches y Británicos
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La primera inmigración británica fue entre 1855 y 1920. En su mayoría escoceses, los nuevos habitantes llegaban a la provincia de Santa Cruz -situada en la Patagonia argentina- desde las Islas Malvinas y Punta Arenas, ciudad patagónica chilena. (Todas las fotos de esta galería son cortesía del Hospital Británico de Buenos Aires y del Club Británico de Río Gallegos).
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Junto a los inmigrantes, se introdujo una nueva raza ovina de origen inglés adaptada a la región austral: la Malvinera. La primera etapa de la inmigración británica fue incentivada por el acceso a la propiedad de la tierra -garantizado por el gobierno nacional- y los favorables precios internacionales de la lana.
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Milagros Pierini, autora de Cien años del Club Británico de Río Gallegos. Los Británicos en Santa Cruz junto a Pablo Beecher, comentó a los medios que hay muchos testimonios sobre la relación de los tehuelches con los británicos. Algunos se criaron como un indio más, como el caso de Willy Halliday o Claude Waring, continuó.
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Los británicos introdujeron varios deportes en el territorio argentino. En Buenos Aires, alrededor de los puertos o ferrocarriles se practicaba fútbol, en la Patagonia era el polo, que se comenzó a practicar hacia 1875. Por 1892, el polo empezaba a ser popular entre los criollos. Hoy, siglo XXI, Argentina es famosa por la calidad de sus jugadores, la cría de caballos para polo y sus torneos.
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Una vez popularizadas, incluso las mujeres participaban de las fiestas Gymkhana, o Yincana, encuentros en los que se realizan concursos de habilidad. La palabra es de origen indio/persa, significaba lugar de reunión. El ejército británico organizaba estos eventos en India durante el siglo XIX para mantener en forma a la caballería y mejorar sus destrezas.
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Garantizar la escolaridad en el territorio patagónico no era fácil, así que se implementaron propuestas privadas en el sector educativo. Las escuelas fundadas por la colectividad británica respetaban el plan nacional y preservaban el idioma y las tradiciones. Con este último propósito, también se crearon los clubes, como el de Río Gallegos en 1911.































