Salvaguarda Urgente de la Unesco a la Cal Artesanal de Morón
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La alerta urgente está en proteger el tratamiento de la piedra de la cal de forma artesanal frente al industrial. Los caleros, que conocen de generación en generación cómo debe ser producida la cal en los hornos, están abandonando la profesión y con ellos desaparecerán los métodos tradicionales de trabajo. La cal dejó de utilizarse para la elaboración de edificios con el auge del hormigón, que tarda varios días menos en fraguar. Foto: M. Gilortiz.
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En Morón solo queda mi familia con hornos de cal artesanal en funcionamiento, cuenta Isidoro Gordillo, calero artesano de quinta generación. Mis antepasados han trabajado ininterrumpidamente en esta profesión desde 1874, y utilizamos hornos árabes para la cocción de la piedra, asegura. Ahora tenemos ilusión en que las personas vuelvan a confiar en los beneficios y propiedades de la cal artesanal. En la imagen, la familia Gordillo. Foto: M. Gilortiz.
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Estos beneficios se encuentran en distintos sectores. En la construcción, en la restauración, en los árboles e incluso en los medicamentos. Mi casa está construida con cal y arena, en lugar del hormigón, y como es un material que transpira, tengo seis grados más en invierno y seis menos en verano. Es absolutamente sostenible, asegura Gordillo. En la imagen, el interior de la casa tradicional de un calero del siglo XIX.
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La cal es funguicida y bactericida, por lo que mata cualquier tipo de bacteria, por eso era aplicada en conventos, hospitales... El aroma de la cal se utilizaba en velatorios porque da ambiente de limpieza y beber agua de cal sienta muy bien para el organismo, continúa. "En total tiene más de 130 usos. Sirve para fabricar caucho, azúcar, papel, cerámica, tejidos, vidrios, cuero...", enumera.
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Actualmente, su trabajo se ha diversificado a la restauración de edificios, la creación de pinturas, y la bioconstrucción.Otro de los usos del material es el de ponerlo en las fachadas de las casas para que refleje la luz y sea más fresca. No hay todavía nada más blanco que la cal, cuenta Gordillo. Foto: M. Gilortiz.
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Esa revitalización del saber tradicional de la cal artesanal es lo que la Unesco no quiere perder. En los hornos de cal, que miden hasta 12 metros, se colocan las piedras de las canteras una a una, por tamaños. Después el horno se calienta manualmente con madera de leña, que tiene que estar 24 horas, durante 15 días, a 1.000 grados, explica Isidoro. Foto: M. Gilortiz.
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La técnica continúa al orientar el calor uniformemente para que todas las piedras se calienten por igual durante todos esos días. Después apagan el fuego y esperan una semana a que el calor del horno disminuya para poder empezar a retirar las piedras ya tratadas. En la imagen: a la izquierda una piedra de la cantera, y a la derecha una ya cocida.
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El fotógrafo Manuel Gil, que ha montado el Museo de la cal en Morón, ha sido el que ha llevado a la Unesco el proyecto de revitalización de este saber por medio de la Asociación Cultural Hornos de Cal de Morón. Veíamos que ya se estaba perdiendo esta disciplina y la cal nos pertenece a nosotros desde el momento mismo en el que está en nuestros huesos, cuenta. En la imagen, una fábrica de cal industrial.
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Gil, que acoge talleres de pinturas a la cal y recibe visitas de escolares y adultos para que conozcan los beneficios de la piedra en el museo, viajó hasta Bali para presentar personalmente el proyecto en la Unesco. Fue aprobado sin dilación. Tanto el comité de expertos como el jurado de la Unesco no dudaron en advertir de la salvaguarda urgente de la artesanía de la cal, dice. Foto: M. Gilortiz.






























