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Las meseras que buscan cambiar la imagen de Corea del Norte

La cadena de restaurants abrió su primer local en Europa en Amsterdam, en 2012. Sin embargo, posteriormente cerró.

Corea del Norte no tiene la mejor reputación internacional. Digamos que contar con campos de exterminios, líderes únicos y pruebas de misiles nucleares no le hace la mejor publicidad.

Pero en algunas ciudades asiáticas, la cadena de restaurantes Pyongyang busca cambiar esta idea, a punta de buena comida y calidad de servicio.

He viajado por todo el mundo, pero debo reconocer honestamente que nunca he visto un restaurant con un equipo tan talentoso como éste.

Después de dejar tu plato en la mesa, las camareras se suben al escenario a hacer una serie de virtuosos números. Yong, con arias de ópera, Ji-u con un violín o Lin-a con una notable rutina de giros derviches, equilibrando una jarra en su cabeza.

Todos los actos van acompañados de golpes electrónicos al compás, mientras imágenes de Dear Homeland –una comedia muda alemana de 1929- se muestran en una pantalla detrás del show.

Debo admitir que me sentí prácticamente transportado. Pero démosle crédito a las cervezas. O a la multitud entusiasta, que aplaudía y gritaba.

Mata Haris norcoreanas

Nos sirvieron unos deliciosos –y muy por sobre su precio- platos coreanos como perro a la cacerola con gachas de piñones. Todo acompañado de una exótica lista de bebidas que costaban US$50, con ginseng y pepino de mar, más píldoras herbales que, según me dijo la mesera, lo curaban todo.

Claro, la verdadera pregunta –y, creo, la razón por la que muchos extranjeros como yo caen en este lugar- es: ¿De qué necesitamos ser curados?

Las noches en que fui, el lugar estaba repleto, superpoblado de surcoreanos o chinos emigrantes. La mayoría de estas numerosas pandillas coqueteaban con parte del staff.

Las meseras bailan elegantemente entre las mesas, en batas tradicionales llenas de color, sonriendo cada vez que esquivan ocasionalmente el toqueteo de la mano lujuriosa de un cliente.

La atmósfera me lleva a pensar en una de las teorías que circulan: que este es un tipo de espionaje.

¿Fueron estas talentosas y atractivas meseras puestas aquí para seducir a clientes de alto perfil -como yo, por ejemplo- y extraer así valiosos secretos de Estado?

Probando la teoría

Mesera con platos

Platos típicos de la cocina norcoreana junto al talento de sus meseras son la mezcla característica de estos restaurantes.

Sólo con el afán de probar la idea, me acerco a Yong, la mesera que me está sirviendo, quien algo de inglés habla.

"¿Cómo estás? ¿De dónde eres?".

"Pyongyang", me responde. (OK, fue una pregunta bastante estúpida).

"¿Cuánto tiempo has estado acá en Camboya?".

"Tres años. Vuelvo a casa en un año".

"¿Te gusta acá? ¿Te quieres quedar?"

"No. Echo de menos Pyongyang", me contesta.

No estoy seguro, pero creo detectar un leve apretamiento de mandíbula.

Ella es correcta, pero un poco parca. Si esto es seducción, yo soy Kim Il Sung. Intento un acercamiento más directo.

"¿Dónde vives?"

"Arriba".

"Dios. ¿Cuántas de ustedes viven acá?".

"Secreto. Eso es un secreto", sonríe con frialdad. Y entonces saca la voz más firme, cuando saco mi cámara. "No se permiten las fotos".

Siempre observadas

Plato de comida

Los platos y bebidas son más caros de lo normal.

Me doy vuelta hacia un anciano doctor de Corea del Sur que se sienta cerca. Me dijo que recientemente había recibido una oferta de probar un par de chicas jóvenes.

Normalmente no las dejan salir tan fácil, dijo.

"Recibieron educación de la mejor, en la Universidad Estatal de las Artes", me cuenta. "Eran las chicas más talentosas".

Sin embargo, acá son siempre observadas. Se observan entre ellas, las observa el chef. Incluso el chef es observado por alguien más.

Decido hacer una búsqueda rápida en internet a través de mi teléfono. Reportes de desertores desde estos lugares son bastante escasos y lejanos.

Obviamente el staff tiene familias en casa y los expertos dicen que estas pagarían las consecuencias si alguno de ellos decide escaparse. Igual se ha sabido de uno o dos gerentes de estos restaurants quienes se fugaron con sacos de dinero en efectivo.

En esas ocasiones, el local completo fue cerrado.

¿Divisas, lavado de dinero o simple entretenimiento?

Según la mayoría de los reportes, la principal razón detrás de los restaurantes es ganar dinero para alimentar la desesperada necesidad de divisas extranjeras que tiene la cúpula del poder norcoreano.

Sin embargo, hay algunos que especulan que los restaurantes están bajo el ala de la famosa –y secreta- Oficina 39, la agencia que supuestamente lava dinero en efectivo para el gobierno a través de empresas que incluyen la venta de armas y producción de metanfetamina.

Pero para ser justos, no hay absolutamente ningún signo de ello. En todo caso, mirando al personal, la decoración y el equipamiento, se me ocurre que este pequeño lugar difícilmente proveerá del impulso necesario para sacar de la crisis a una nación que lucha por un balance positivo.

Vuelvo a hablarle al doctor coreano. ¿Qué piensa él? ¿Serán espías estas mujeres, o parte de una operación de lavado de dinero?

Se encoge de hombros. Quizá no tiene nada que ver con dinero o política, quizá estas norcoreanas sólo quieren estar en un show, sonreír, cantar. Tal vez sólo buscan ser queridas.

Quizás.

Foto del reportero con una mesera

Me complace desclasificar que, luego de un poco de persuasión, una de las meseras, Lin-a, cede y posa para una foto conmigo.

En la foto aparece sonriendo con su vestido típico. Yo también salgo sonriendo, en mis jeans.

Detrás nuestro, junto a un épico mural de un amanecer coreano, aparece otra mesera.

Observándonos.

Contexto

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