¿Por qué está aumentando el consumo de heroína en EE.UU.?

  • 7 febrero 2014
Philip Seymour Hoffman
La muerte de Philip Seymour Hoffman ha puesto el foco sobre el consumo de heroína en EE.UU.

La muerte el pasado fin de semana del actor Philip Seymour Hoffman de una aparente sobredosis ha puesto el foco de atención en un fenómeno de "proporciones epidémicas" que desde hace tiempo preocupa , y mucho, a las autoridades en Estados Unidos: el aumento del consumo de heroína.

Durante un tiempo se pensó que -superada la crisis de salud pública que se registró en grandes ciudades como Nueva York o Los Ángeles en los años 70 y principios de los 80 a consecuencia de esta droga- la heroína había pasado a ser una sustancia cuyo consumo era minoritario y marginal.

Pero las cifras que las autoridades manejan desde hace más de un lustro cuentan una historia bien diferente.

Según los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de EE.UU. (CDC, por sus siglas en inglés), entre 2007 y 2012 el número de usuarios de esa sustancia aumentó un 80%, pasando de 373.000 a 669.000.

Al mismo tiempo, entre 2000 y 2010, las muertes por sobredosis se incrementaron un 55%, hasta superar las 3.000. Tan sólo en Nueva York, entre 2010 y 2012 los fallecimientos relacionados con consumo de heroína aumentaron un 84%.

A todo ello hay que sumar que en el periodo 2008-2012 los decomisos de heroína en la frontera entre EE.UU. y México se multiplicaron por cuatro, pasando de 559 kilogramos a cerca de dos toneladas.

De Virginia a Florida y de Washington a California, hace tiempo que las autoridades locales están alertando sobre un fenómeno que afecta mayoritariamente a ciudadanos blancos de clase media y sobre cuyo origen no existen dudas: los analgésicos opiáceos que prescriben los profesionales de la medicina.

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A medida que se han introducido más restricciones para conseguir de manera legal estos medicamentos, aquellos que padecen una dependencia optan por consumir heroína, no sólo porque su efecto es más potente sino porque esta sustancia es mucho más económica.

Si para adquirir medicamentos opiáceos como la oxicodona en el mercado negro se tiene que pagar al menos US$80, una papelina de heroína se puede conseguir en la calle por apenas US$10.

"Las estadísticas lo dicen todo"

Heroína
La heroína es más fácil de conseguir y más barata que otros opiáceos.

"Se trata sin duda de una epidemia. Las estadísticas lo dicen todo", señala en conversación con BBC Mundo Joseph Moses agente especial y portavoz de la Administración para el Control de Drogas de EE.UU. (DEA, por sus siglas en inglés).

"Durante décadas se asoció el consumo de heroína con las áreas deprimidas de las grandes ciudades pero eso ya no es así. En los últimos años hemos visto como está llegando a lugares en los que antes no se encontraba, como los pequeños pueblos, las áreas rurales y los suburbios de las grandes poblaciones", explica Moses.

"A medida que la lucha contra el mercado negro de medicamentos opiáceos ha sido más efectiva, los adictos a esas pastillas han tenido que recurrir a la heroína, que es más fácil de conseguir y más barata".

"A todo esto hay que sumar el aumento de la producción de heroína en México y el hecho de que las organizaciones criminales mexicanas están expandiendo sus actividades al este y el medio oeste de EE.UU., áreas que hasta hace poco tenían otras formas de suministro de esta droga", apunta el agente de la DEA.

"Desafortunadamente hace falta que muera una estrella de Hollywood para que la gente preste atención al problema, cuando ya hace 5 años que estamos viendo como el consumo de heroína alcanzaba proporciones de epidemia" .

De clase media

Una de las cosas que más preocupa a los profesionales de la salud que trabajan para combatir la adicción a la heroína en EE.UU. es el hecho de que en los últimos años ha cambiado radicalmente el perfil del consumidor y el estigma que durante décadas estaba asociado esta droga ha desaparecido.

Cory Monteith
El año pasado el actor canadiense Cory Monteith falleció tras haber consumido heroína.

"Ahora el consumidor es mayoritariamente un ciudadano blanco (90%) de clase media o media-alta", explica en conversación con BBC Mundo Theodore J. Cicero, profesor de neurofarmacología de la Universidad de Washington, en Saint Louis, Missouri.

Cicero ha pasado los últimos siete años analizando los datos que le envían más de 150 centros de todo EE.UU. dedicados a tratar adicciones.

Según el especialista, la mala reputación que tenía la heroína parece haber desaparecido y la gente la consume "como si se tratara de cualquier otra droga y sin que sean conscientes de los enormes peligros que tiene".

"A través de los cuestionarios que rellenan los pacientes sabemos que, en muchos casos, los consumidores de heroína presentan una baja autoestima y padecen problemas de ansiedad y depresión. Al tomar heroína a se sienten más normales. Se sienten mejor consigo mismos y más capaces de socializar", apunta Cicero.

"Hace unas décadas el consumo de heroína se asociaba con un callejón oscuro de una gran ciudad, pero eso ya no es así. Ahora los consumidores los encontramos en áreas donde vive gente de clase media o media-alta y en muchos casos los que trafican son jóvenes blancos que venden la droga a sus propios amigos para ganar un dinero extra".

Cicero alerta que el incremento del uso de heroína también está comportando un aumento de la propagación de enfermedades como la hepatitis y el vih, ya que "en muchos casos los consumidores comparten las jeringas".

Preguntado sobre cuál es en su opinión la raíz del problema, Cicero no duda en señalar a los profesionales de la medicina.

"Muchos doctores están prescribiendo opiáceos sin ser conscientes de lo adictivos que son. Además, la mayoría de los médicos no tienen conocimientos profundos sobre las adicciones y no saben cómo tratar los abusos que sus pacientes hacen de los medicamentos", explica.

El rol de los médicos

Heroína
Algunos especialistas creen que los médicos tienen parte de la responsabilidad por el incremento en el consumo de heroína en EE.UU.

El doctor Andrew Kolodny, director médico de los centros para el tratamiento de adicciones Phoenix House, coincide con Cisneros en que los facultativos tienen parte de la responsabilidad por el incremento en el consumo de heroína que se está registrado en EE.UU.

"Esta epidemia ha sido causada en gran parte por la comunidad médica", asegura Kolodny, quien es presidente de la organización estadounidense Doctores para la Prescripción Responsable de Opiáceos.

"Hace 15 años hubo una campaña por parte de las farmacéuticas para hacer que los médicos prescribieran opiáceos contra el dolor de manera agresiva. Esa campaña hizo creer a los médicos que no debían preocuparse de los problemas de adicción. Les hicieron creer que estaban ayudando a que la gente no tuviera que padecer dolor de forma innecesaria", explica el especialista en conversación con BBC Mundo.

"Antes de que todo esto sucediera, en 1996 o 1997, la mayoría de los médicos eran conscientes de que utilizar opiáceos para dolores crónicos como el dolor de espalda o el dolor de cabeza era una mala idea (…) Desafortunadamente la campaña de las farmacéuticas funcionó al tiempo que aumentaban el número de adictos y las muertes por sobredosis".

Según Kolodny, a muchos de sus colegas les cuesta reconocer su parte de culpa en esta crisis.

"En varios estados se ha intentado aprobar leyes para controlar la prescripción de opiáceos y en muchos casos los legisladores se han encontrado con la oposición frontal de la comunidad médica", explica.

Además, según Kolodny, en casiones existe un conflicto de intereses por parte de la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE.UU. (FDA, por sus siglas en inglés), la agencia responsable de aprobar la comercialización de los opiáceos y que, en su opinión, "hace demasiado caso a los médicos que prescriben las pastillas y a las compañías que las venden".

El especialista cree que para solucionar esta crisis todas las partes involucradas han de reconocer que la adicción es una enfermedad y que el tratamiento de esa enfermedad no pasa por meter en la cárcel a los consumidores".

"Primero hay que evitar que la gente contraiga esta enfermedad y eso se consigue haciendo que los médicos prescriban los opiáceos de manera más responsable. Además, hay que dar tratamiento a los millones de estadounidenses que tienen esta enfermedad", concluye Kolodny.

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