¿Cómo logró vencer Argentina al "equipo de ensueño" de EE.UU.?

  • 29 agosto 2014
Nocioni, montecchia,
Alejandro Montecchia y Andrés Nocioni, entre otros jugadores celebran el triunfo sobre la selección de Estados Unidos.

Faltaban nueve segundos para que terminara el partido de la segunda ronda del Mundial de Baloncesto de 2002 entre Argentina y Estados Unidos, cuando algunos hinchas argentinos comenzaron a llorar de la emoción. Estaban por derrotar a un equipo que llevaba 58 partidos invicto.

Argentina le ganaba al "Dream Team" por 10 puntos y estaban por vencer por primera vez a la selección conformada exclusivamente por jugadores de la liga más poderosa del planeta, la Asociación Nacional de Baloncesto de Estados Unidos (NBA, por sus siglas en inglés).

"Cuando Rubén (Magnano) nos daba el nombre de quién teníamos que marcar, no sabíamos quién la tenía más difícil en cada ataque. 'Pero mirá el que te tocó a vos', comenzamos a bromear entre nosotros, para bajar la tensión", le cuenta a BBC Mundo Fabricio Oberto, uno de los jugadores clave de ese equipo.

Era el 4 de septiembre de 2002. El escenario, el estadio Conseco Fieldhouse de Indianápolis. Ambos equipos habían ganado sus tres encuentros de primera ronda y los dos de segunda fase.

Y ahora venía un partido por el cual el quinteto liderado por el escolta de los Spurs de San Antonio, Manu Ginóbili, y dirigido por Rubén Magnano, entraría en los libros de historia.

Doce años después, cuando Argentina debuta este sábado ante Puerto Rico en el Mundial de Baloncesto que se celebra en España hasta el 14 de septiembre, BBC Mundo conversó con algunos de los protagonistas de aquel encuentro para recordar una de las hazañas más importantes del deporte de ese país.

Un primer tiempo arrollador

Hinchas de Argentina
Los hinchas argentinos celebraron como si hubieran ganado el Mundial de Baloncesto.

El encuentro entre Estados Unidos y Argentina definiría quién se enfrentaría a Brasil en los cuartos de final de aquel Mundial.

En nombres, el equipo de EE.UU. resonaba en los titulares: el exescolta de los Pacers de Indiana, Reggie Miller, el alero de los Washington Wizard, Paul Pierce, y el ala-pívot que también jugó en los Pacers de Indiana, Jermaine O'Neal. Todos ellos dirigidos por el hombre de las 1.000 victorias en la NBA y técnico de los Supersónicos de Seattle, George Karl.

"Recuerdo que la idea del equipo en ese momento previo era seguir jugando como lo veníamos haciendo, sin cambiar nada en especial, pero teniendo muy claro que estábamos ante un equipo que hasta ese momento había sido invencible", dice Oberto, quien jugó en tres equipos de la NBA entre 2005 y 2010.

El partido comenzó parejo pero Argentina tomó la delantera tras el primer cuarto: 34-21. En los archivos de video de la Federación Internacional de Baloncesto (FIBA) se nota cómo los dirigidos por Karl no lograban descifrar el juego de los sudamericanos.

El control de Argentina se extendió al segundo cuarto: Juan I. Sánchez, Hugo Sconochini, Oberto, Andrés Nocioni y Luis Scola lograron conjurar a la perfección los ataques liderados por Pierce y O'Neal y además fueron fundamentales para que poco a poco Ginóbili se fuera convirtiendo en el mejor jugador.

Un minuto antes de que se acabe el primer tiempo, el resultado en el tablero principal parecía ficción: 52-32 a favor de Argentina.

Estados unidos felicita a deportes
Los jugadores de Estados Unidos felicitan a los argentinos después de la victoria.

La fuerza del desespero

En el entretiempo Magnano fue claro con ellos: el milagro era posible, pero había que estar concentrado lo que restaba del partido.

En el tercer cuarto, con el orgullo herido, Estados Unidos empezó a presionar cada salida y el equipo de Magnano comenzó a perder pelotas, mientras que los hombres de Karl afinaban su artillería. La diferencia se acortó a seis puntos.

"Se nos vinieron encima, pero cada vez que ellos intentaban desequilibrar en lo individual, nosotros los controlamos como conjunto", explica Oberto.

Y emergió la figura de Manu Ginóbili, quien terminó el partido con 15 puntos, para evitar que los estadounidenses quebraran la diferencia.

"Jugábamos muy bien en equipo y no teníamos una figura destacada. Pero siempre podías contar con Manu", relata Oberto, campeón con la selección en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 y bronce en Pekín 2008.

Manu ginóbili y Reggie Miller
El escolta de los Pacers de Indiana, Reggie Miller se enfrenta a la <br> estrella argentina, Manu Ginóbili, que al final marcaría 15 puntos.

Dos minutos antes de terminar el encuentro se inicia la bulla en las tribunas: 80-71, el mejor grupo de jugadores en la historia del baloncesto argentino estaba a punto de escribir la primera página de su tiempo más glorioso.

Los minutos finales

En baloncesto nueve puntos de diferencia faltando dos minutos no garantizan la victoria. "No mirábamos el reloj, no queríamos relajarnos", dice Oberto.

Había que defender a muerte la diferencia. El milagro estaba cerca.

A falta de nueve segundos la diferencia ya era insalvable: 87-77. Los jugadores en la banca comenzaron a celebrar, cantar, agitar las toallas. Los hinchas lloraban.

"¡Final! Argentina da el golpe más importante de su historia en este deporte", sentenció el relator Alejandro Pérez en la transmisión de la cadena ESPN.

Argentina ya había vencido dos veces a EE.UU. en un Mundial: en 1950 y en 1986, cuando todavía no jugaban las estrellas de la NBA.

Sin embargo, después de que la mejor liga del mundo les permitiera a sus jugadores participar con la selección en los Juegos Olímpicos de 1992, se habían vuelto invencibles.

"Recuerdo que esa noche en el hotel no dormí. Al otro día teníamos que jugar con Brasil por los cuartos de final, pero sólo podíamos pensar en que le habíamos ganado a Estados Unidos", cuenta Oberto.

Al día siguiente le ganarían a Brasil. Y en la semifinal vencerían a la alemania del ala-pívot Dirk Nowitski. Pero en la final, Yugoslavia –que también vencería a Estados Unidos– se llevaría el título.

En 2004, Argentina repetiría la gesta: le ganaría a Estados Unidos la semifinal de los Juegos Olímpicos de Atenas.

Y pocos días después, la generación dorada se colgaría para la medalla de oro. La cumbre de un equipo que aquel 4 de septiembre de 2002 se animó a soñar para ganarle al invencible "Dream Team".