¿Cómo una obra de teatro española ayuda a las víctimas de torturas en Siria?

  • 20 agosto 2014
Obra de teatro
"La Doble Historia del Doctor Valmy" es un alegato contra la tortura.

En un departamento reconvertido en centro cultural en las calles atestadas de Beirut, actores amateurs interpretan la obra de teatro "La doble historia del doctor Valmy", del dramaturgo español Antonio Buero Vallejo.

Para el responsable de la puesta en escena -compuesta sencillamente por una mesa, dos sillas y un sofá- esta obra es la única forma de lidiar con la pesadilla que ha vivido.

La historia, escrita en 1964 en España que nunca logró estrenarse hasta la muerte del gobernante de facto Francisco Franco, narra la vida de un policía torturador, que tras castrar a un preso político termina cayendo en la impotencia sexual, pero no puede reconocer ante su mujer que ambos hechos están relacionados.

¿Cómo llegó esta obra de la era franquista a Líbano? De mano del director de teatro sirio Omar Jibaii.

"Siempre me he preguntado cómo se sienten aquellos que torturan prisioneros. ¿Cómo vuelven a su casa, a sus esposas e hijos?", le contó Jibaii a la BBC.

Pero las preguntas del director de teatro no son solo teóricas. Jibaii escapó a Beirut tras haber permanecido tres meses preso en el mayor centro de detención de Siria, encerrado en un cuarto completamente oscuro de 7 x 4 metros, tres pisos bajo tierra en el centro de Damasco.

Sin ventanas ni acceso a ninguna rendija por donde pasara el aire, Jibaii compartió esta celda, un cuarto en un complejo laberinto de cuartos, con otras 100 personas atemorizadas.

"Cada uno de nosotros tenía menos de 20 centímetros de espacio para sentarse o pararse. Estábamos apretados uno arriba del otro y dormíamos y pasábamos el día exactamente en esas condiciones".

Liberados en Siria
El trauma no termina cuando la persona es liberada.

"¿Por qué me hacen esto?"

A pesar de ese infierno personal, Jibaii se sabe con suerte: nunca fue torturado y logró salir en un tiempo relativamente corto gracias, quizás, a su paso por el ejército sirio años atrás o a su condición de druzo, un grupo minoritario dentro de Siria.

"Otros, principalmente de origen sunita, eran torturados todos los días".

El director recuerda a un adolescente de 13 años, de la ciudad de Deraa, uno de los bastiones de la insurgencia en contra del presidente Bashar al Asad que comenzó en 2011.

"Solían colgarlo de sus manos y torturarlo por ocho horas de forma cotidiana. Yo deseaba que muriera para que escapara de este dolor. Le golpeaban la cabeza contra una puerta de hierro y yo pensaba que se iba a desmayar, pero nunca lo hacía".

Jibaii recuerda que cada tarde, después de la sesión de tortura, el adolescente le decía a su compañero de celda: "No sé qué les he hecho para que ellos me hagan esto".

El artista dice que el trauma de lo vivido apenas le permite contar lo que vio -"está más allá de lo que uno puede cargar en la vida"- pero la representación de la obra de Buero Vallejo es su forma de lidiar con su experiencia individual, que es parte de una pesadilla compartida.

Organizaciones defensoras de los derechos humanos han documentado la detención arbitraria de decenas de miles de personas en Siria, incluyendo mujeres, niños y ancianos.

Para muchos en ese país, morir en los bombardeos o el fuego cruzado entre insurgentes y las fuerzas de seguridad hubiera sido preferible a las condiciones en el interior de los centros de detención.

Heridas

"Durante los primeros días del levantamiento, les pedíamos a nuestras familias que recen porque una bala nos quite la vida y no ser detenidos, ya que sabíamos lo que nos esperaba en prisión", dice Loutfi, un activista sirio que ha sido arrestado tres veces desde el año 2011.

Guerra civil en Siria
La guerra civil siria no ha dado señales de terminar.

El joven de 29 años fue liberado con heridas en su espalda y sus piernas, sumado al daño psicológico.

Su origen sunita y el hecho de que su documento de identidad indicaba que provenía de Idlib, un combativo suburbio de Damasco, fue suficiente para su arresto, por más que él no vivía en las afueras sino en el centro de la capital siria.

Temiendo otro arresto, Loutfi abandonó Siria. Actualmente se ha retraído, solo se reúne con sus amigos más cercanos y bebe en demasía.

"Es difícil hablar o describir lo vivido. El sonido de una gota de agua cayendo es suficiente para ponerme nervioso porque me recuerda la tortura. Mejor olvidar, pero no creo que pueda".

El gobierno sirio ha emitido más de cuatro amnistías durante los tres años de guerra civil. Loutfi y Omar Jibaii fueron algunos de los "afortunados" que fueron liberados.

Entre los testimonios de aquellos que han escapado de Siria, muchos repiten que una vez terminado el conflicto, la nación árabe necesitará muchos años para recuperarse de los traumas psicológicos dejados no solo por la guerra, sino también por la prisión.