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Cómo la naturaleza lucha contra las infecciones

Última actualización: Viernes, 15 de agosto de 2014
Leones

¿Cómo se protegen los animales de las infecciones?

Los humanos luchamos constantemente contra las enfermedades: lanzamos misiles de antibióticos contra las bacterias y granadas de vacunas contra los virus, tiramos bombas de jabón antibacteriano y desinfectante de manos a todo lo que podemos.

La batalla de los humanos contra los parásitos (un término general que incluye virus, bacterias y seres más grandes capaces de prosperar en un organismo huésped), tiene antiguas raíces y es tan importante en la evolución como los depredadores, la sequía o el hambre.

Otras especies también se enfrentan a amenazas similares y nos recuerdan los efectos devastadores que los parásitos pueden ocasionar en la naturaleza.

Los demonios de Tasmania sufren una epidemia de tumores faciales, un tipo de cáncer parasitario.

Casi un tercio de las poblaciones de ranas en el mundo ha sido devastada por la quitridiomicosis, una enfermedad causada por un hongo llamado Batrachochytrium dendrobatidis.

En algunas partes de Australia, hasta el 90% de los koalas tiene clamidia, una enfermedad de transmisión sexual causada por la bacteria Chlamydia trachomatis.

Grandes simios como los chimpancés y los gorilas se han visto muy afectados por algunos virus que también atacan a los humanos, como el ébola, o los que causan neumonía y otras enfermedades.

Esto hace pensar que los animales deben haber desarrollado mecanismos para protegerse de las infecciones mucho antes de que nosotros pudiéramos simplemente tragar unas pastillas.

¿Cuáles son entonces los mecanismos de defensa que otras especies han desarrollado?

Peces limpiadores

Los salmones jóvenes no son lo suficientemente fuertes como para neutralizar a los piojos del salmón o de mar y pueden morir cuando se infectan sus heridas.

Salmones en el agua

Los salmones pueden propagar rápidamente piojos infecciosos.

El parásito que los amenaza es un tipo de crustáceo pequeño llamado copépodo que flota en el mar con otros tipos de plancton.

En 2007, los piojos de mar provenientes de poblaciones silvestres ocasionaron un brote de una enfermedad llamada anemia infecciosa del salmón en cultivos de salmón y trucha en Chile.

Pero tanto estos peces como otras especies que sufren a los piojos de mar interactúan simbióticamente con otros peces más pequeños que se comen a los piojos en su piel.

Tanto en la vida silvestre como en los acuarios, varias especies de peces lábridos, como el pez tordo o el pinto, actúan como limpiadoras.

Estos peces obtienen así una buena comida y el salmón gana en salud.

A comienzos de los años 90, el Instituto de Investigación de Tecnología de la Pesca de Noruega descubrió que era posible controlar la prevalencia de piojos de mar en las granjas de salmón con la introducción de esos y otros peces limpiadores.

Los resultados sus experimento mostraron que un solo pez lábrido podía mantener a cien salmones limpios y que un solo pez tabernero podría mantener 150 salmones en excelentes condiciones de salud.

Antílope impala y picabueyes de pico rojo

La colaboración entre especies es una buena táctica contra los parásitos.

Enterrar a los muertos

Por su parte, la humilde hormiga ha evolucionado y desarrollado algunas conductas sociales únicas para mantener a sus colonias saludables.

En cierto modo, las colonias de hormigas se comportan como si fueran un gran organismo: en lugar de que cada individuo sea responsable de su propia salud, la colonia tiene algo que los investigadores llaman "inmunidad social".

Cuando un miembro de la colonia muere, las hormigas que sobreviven sacan el cuerpo de la colonia.

Aun no se sabe qué tipo de bacterias, virus u hongos crecen en las hormigas muertas, pero los biólogos han pensado que la eliminación del cadáver es una conducta que evolucionó para mantener sana a la colonia, ya que la hormiga muerta podría estar infectada.

Este año la investigadora belga Lise Diez encontró pruebas concretas que refuerzan esta teoría.

Hormigas

Las hormigas trabajan en equipo para evitar las infecciones.

Diez y sus colegas mantuvieron varias colonias de hormigas rojas comunes Myrmica rubra en su laboratorio durante 50 días.

La mitad de las colonias tenía libertad para desechar los cadáveres como lo harían naturalmente, pero la otra mitad no podía.

A partir del octavo día, las trabajadoras adultas de las colonias que podían retirar los cadáveres tuvieron más chances de sobrevivir que las adultas del otro grupo.

Pero las hormigas del segundo grupo, sorpendentemente, encontraron mecanismos alternativos para reducir su exposición a los cadáveres.

Las hormigas muertas eran trasladadas a las esquinas y se redujo el número de individuos que podían pasar cerca de ellas. Y sobre todo las mantuvieron lejos de las larvas en desarrollo.

Algunas colonias también lograron "enterrar" a las hormigas muertas en una especie de lana de algodón que obtuvieron de dispensadores de agua artificiales.

Una cuestión de higiene

Es probable que las conductas que reducen la exposición de un animal a parásitos infecciosos –ya sea con la ayuda de peces limpiadores u ocultando los cadáveres– hayan evolucionado para combatir la presión mortal ejercida por las enfermedades, al igual que los animales evolucionaron su camuflaje para evitar ser engullidos por depredadores dentudos.

Un estudio realizado en el año 2004, con 60 especies de mamíferos ungulados del Zoológico y el Parque Safari de San Diego, EE.UU., observó que los animales se limpian a pesar de no tener parásitos.

Oso limpiándose en el agua

Los animales se asean como forma de prevenir infecciones.

En otras palabras, el aseo se desarrolló como medida preventiva en lugar de ser una respuesta inmediata y un reflejo contra la irritación de la piel.

Parece razonable suponer que el aseo es una conducta de todo el reino animal, desde los grandes felinos que se lamen a sí mismos hasta los primates que se quitan los parásitos de la piel, que ha evolucionado de manera similar.

"Al estudiar a los animales que vivían en laboratorios, estaciones de campo y entornos domésticos relativamente limpios, que además estaban vacunados contra ciertas enfermedades y son tratados médicamente cuando se enferman es fácil olvidar que los animales han evolucionado y prosperado en ambientes con una serie de parásitos mucho antes de que estuvieran disponibles las medidas de protección humanas", escribió el veterinario Benjamin Harten en la revista Neuroscience and Biobehavioral Reviews en el año1988.

Defensas naturales

Los seres humanos también tenemos defensas innatas contra las enfermedades.

Muelles Mitchell, de la Universidad de Cambridge, buscó parásitos en muestras fecales humanas fosilizadas en momias egipcias y en sitios arqueológicos para compararlos con parásitos que infectan a humanos y a otros primates.

Así identificó algunos parásitos –como el gusano "hilo"(nematodo intestinal) o trematodo hepático (gusano plano que infecta el hígado o la vesícula)– para los que tenemos defensas fisiológicas innatas porque hemos tenido que lidiar con ellos por un millón de años o más.

Deberíamos ser más capaces de combatir esas infecciones de parásitos que las infecciones más recientes. Al menos, esa es la idea.

Parásito intestinal

Los humanos hemos luchado con gusanos intestinales infecciosos durante milenios.

¿Pero qué sucede cuando atacamos con todo lo que tenemos a mano –antibióticos, desinfectantes de manos, jabones antibacterianos, vacunas e incluso radiaciones– para luchar contra enfermedades e infecciones?

Durante un tiempo, la innovación humana ha brindado ventajas en la creciente "carrera armamentista" contra las microscópicas bestias que nos enferman.

Pero ahora que tenemos esas "medidas de protección" puede que nos estemos convirtiendo en seres demasiado limpios.

Junto con los parásitos dañinos, podríamos estar eliminando también a los microorganismos simbióticos beneficiosos.

Hay maneras para remediar esto que se están probando, aunque no parecen muy agradables: algunos experimentos sugieren que hay alergias y enfermedades autoinmunes que podrían tratarse con la ingestión de gusanos parásitarios o por trasplantes fecales que logran reintroducir microbios beneficiosos al intestino.

Aunque creemos tener todo bajo control, hay que reconocer que los virus, bacterias y demás criaturas son astutas y han desarrollado sus propias defensas contra nuestras tácticas.

No hay duda de que alcanzaremos formas más sofisticadas para hacer frente a la amenaza.

Pero entonces surge una pregunta interesante: ¿hay algo que podamos aprender del aseo de otros animales que nos ayude a sobrevivir en nuestra batalla contra las enfermedades?

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