¿Qué tan difícil es falsificar una botella de vino?

  • 17 agosto 2014
Botella de vino

El indonesio Rudy Kurniawan vivía como un magnate en Los Ángeles hasta que en 2012 fue encarcelado por fraude: por meter mezclas de vino barato en botellas antiguas con etiquetas falsas. En agosto de este año fue condenado a 10 años de prisión y a la cancelación de una multa de US$20 millones y de una compensación de US$28,4 millones en reparaciones a sus víctimas.

Los vinos adulterados eran un problema en la Roma clásica y siguen siéndolo hoy en día. Algunas estimaciones aseguran que más del 5% del vino que se consigna y se vende en subastas es fradulento.

¿Pero, acaso es sencillo falsificar una elegante botella de Borgoña?

No, de hecho es algo muy difícil de hacer.

"El vino añejo tiene un sabor distintivo", explica el químico especialista en vinos Andrew Waterhouse, de la Universidad de California, Davis.

¿A qué se asemeja ese sabor?

"A espárragos enlatados", dice.

Los vinos viejos -sobre todo aquellos de las regiones francesas de Borgoña y Burdeos- han perdido la mayoría de sus taninos, por lo que tienen un sabor más suave que recuerda a las verduras de primavera.

Pero el sabor es apenas una parte de la ecuación. "Lo atractivo es la experiencia de beber algo muy raro", explica el profesor Waterhouse.

El proceso

Kurniawan logró vender más de US$20 millones en vino falso durante más de una década antes de ser capturado.

Rudy Kurniawan

Geoffrey Troy, comerciante de vinos en Nueva York, comenzó a sospechar de Kurniawan cuando éste le compró botellas de un Domaine de la Romanée-Conti 1974, una buena -pero no excelente- cosecha de la Borgoña francesa.

"Un coleccionista serio no anda comprando vinos de mala calidad", dice Troy.

"Estaba tan ansioso por comprar esas botellas que sospeché que, posiblemente, podía estar utilizándolas para cambiar la vendimia en algún momento y venderla por mucho más dinero".

Y eso es exactamente lo que el señor Kurniawan estaba haciendo en su cocina en Arcadia, California: creando esencialmente una "mejor" cosecha al mezclar vinos añejos pero no excelentes, con otros más jóvenes y vibrantes Pinot Noirs.

Agite y coloque en una botella antigua, péguele una etiqueta de la vendimia -digamos que una de 1985 en lugar de 1982- y listo.

"Podía comprar una botella por US$200 y convertirla en una botella que se vendía por US$1.000", explica Troy.

El sabor no necesariamente despertaba sospechas. Solo aquellos acostumbrados a beber vinos finos regularmente podrían reconocer diferencias y no mucha gente es experta, pues pueden llegar a costar miles de dólares.

"Al combinar la frutosidad del vino joven con el carácter envejecido del añejo, conseguía que el sabor se aproximara a un muy buen, buen Borgoña", señala Waterhouse.

Etiquetas falsas

Por otra parte, Kurniawan fue inteligente al elegir vendimias extremadamente antiguas para consignar en las subastas.

"En las décadas de 1920 y 1930, había muchos productores que nunca marcaban sus corchos y además, usaban cápsulas (el papel de aluminio que recubre la parte superior de la botella) muy parecidas".

Cocina de Kurniawan
La cocina de Kurniawan estaba repleta de materiales para adulterar vino.

Esas marcas eran muy fáciles de falsificar. Lo que complicó a Kurniawan fueron las etiquetas.

En junio de 2008, Kurniawan intentó consignar unos $ 2.613.860 de vino a la casa de subastas Hart Davis Hart.

Allan Frischman, vicepresidente e inspector de vinos de la casa, rechazó el lote.

"No requería demasiado estudio. Nos resultó bastante fácil reconocer que las etiquetas de la mayoría de los vinos no eran auténticas", dice.

Evidencia
Kurniawan tenía en su posesión más de 12.000 etiquetas de vino.

Frischman asegura que menos del 2% de los vinos que ha inspeccionado a Hart Davis Hart han resultado ser falsos, y las etiquetas son a menudo las que los delatan.

Detectar un fraude

El caso de Kurniawan ha encendido las alarmas en el pequeño mundo de los coleccionistas de vinos, casas de subastas y viñedos. Algunos creen que se necesitarán años para averiguar cuántas de sus botellas falsas continúan en el mercado.

A las casas de subastas se les está pidiendo examinar más detenidamente la procedencia de las botellas, además de utilizar una mejor tecnología de detección de fraude.

"Uno de los mayores problemas es que para la mayoría de los análisis se requiere abrir una botella", explica Waterhouse. "Si se toma en cuenta su valor, además de la escasez, la mayoría preferirá no hacerlo".

Para algunos, los análisis de isótopos serían los más apropiados para conocer el origen de un vino. Otro profesor de la UC Davis, Matthew Augustine, ha publicado recientemente trabajos académicos sobre el uso de imágenes de resonancia magnética para determinar si el vino se ha convertido en vinagre.

Otros recomiendan en cambio la utilización de una tecnología de chip en todas las botellas, de manera de que luego no puedan ser reusadas para envasar vino falso.

Sin embargo, por ahora, quienes han sido engañados pueden consolarse con pertenecer a un grupo de élite que ha existido por siglos.

"Ni siquiera nuestra nobleza disfrutó de vinos genuinos", se quejó Plinio el Viejo, en la Roma del siglo I.