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Vengarse en el trabajo: ¿reír último o enterrarse profesionalmente?

Última actualización: Miércoles, 6 de agosto de 2014
Empleados amarran a su jefe a una silla

La venganza en el trabajo suele no ser violenta. Aunque no falta quien se pasa de la raya.

Después de varios llamados de atención, Ben Neumann decidió despedir a un empleado cuyas bromas en la oficina molestaban a sus compañeros de trabajo. Neumann sospechaba que la noticia no le caería bien.

Pero no esperaba que el empleado despedido, un organizador de eventos, fuera a sabotear equipos de la empresa antes de abandonarla.

Poco después del despido, Neumann observó que faltaban dos partes cruciales de una máquina de US$4.000 que la inutilizaban.

Esas piezas "son muy difíciles de conseguir", dice Neumann, director de Liquid Infusion, un bar móvil que ofrece un servicio de catering de bebidas en Melbourne, Australia. "Supongo que eso le habrá producido un gran placer".

Muchos de nosotros hemos fantaseado alguna vez con desquitarnos con un jefe o compañero de trabajo (¿qué tal un café con laxante?). Y alentamos a los "héroes" de internet que se se agarran con su empleador por los cabellos públicamente.

Así ocurrió con el productor de contenidos de una compañía de animación taiwanesa que renunció a través de un video de YouTube y con el ejecutivo de Goldman Sachs que lo hizo a través de un artículo de opinión de The New York Times, en el que llamaba a la firma de inversiones bancarias "tóxica" y "destructiva".

¿Pero qué tan comunes son estos grandes gestos de venganza en el lugar de trabajo? ¿Vale la pena arriesgar la profesión a cambio de la recompensa emocional de vandalizar la propiedad de la empresa o fastidiar su sistema informático? ¿Acaso hay una solución más gratificante que no ponga en peligro su reputación (o su situación legal)?

La anatomía de un vengador

Empleado rompe computadora a mazazos.

Al cometer un acto de vandalismo la persona queda sujeta a que la descubran y la denuncien.

La mayoría de las personas que buscan vengarse de una organización o de un colega no son sociópatas.

"Estamos hablando de gente normal", dice Tom Tripp, coautor de "Desquitándose: La verdad acerca de la venganza en el trabajo". De hecho, añade, la venganza profesional es "bastante común".

Los tontos que a menudo inspiran deseos de venganza son aquellos que se interponen con los objetivos de uno; los que avergüenzan o insultan públicamente, y aquellos que rompen las reglas, dice Tripp, un profesor de administración de la Universidad Estatal de Washington, en Estados Unidos.

En general, señala Tripp, la represalia se corresponde con la severidad de la ofensa original, señala Tripp. Si alguien lo muerde en una reunión, es más probable que usted lo desaire después en la oficina o hable mal de él con sus colegas, en lugar de rayar su coche o romper su computadora portátil.

"De acuerdo con la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos, alrededor del 10% de los homicidios en el trabajo entre 1997 y 2010 fueron cometidos por un compañero de trabajo anterior o actual. Según la encuesta de violencia 2012-2013 en Inglaterra y Gales realizada en Reino Unido, el 60% de la violencia en el trabajo fue cometida por desconocidos"

"La gente prefiere mantener un cierto sentido de proporción o simetría", dice Tripp.

Dicho de otra manera, a la mayoría de personas le gusta cobrar su quincena.

En cuanto al factor violencia, no parece ser la regla. "La mayor parte de la violencia en el trabajo no está relacionada con la venganza, y la mayoría de la venganza en el trabajo no es violenta", asegura Tripp.

Los datos respaldan esto: de acuerdo con la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos, sólo cerca del 10% de los homicidios en el trabajo entre 1997 y 2010 fueron cometidos por un compañero de trabajo anterior o actual.

Según la encuesta de violencia 2012-2013 en Inglaterra y Gales, el 60% de la violencia en el trabajo fue cometida por personas ajenas a la empresa. Por lo general, los infractores eran conocidos de los trabajadores; por ejemplo, clientes.

Con todo, algunos tipos de venganza no violenta podrían terminar en juicio. "Aquellos actos (de venganza) que son crímenes de todos modos, independientemente de la motivación, están sujetos a las leyes criminales", dice Tripp.

Así que si alguien informa a las autoridades jurídicas de actos de vandalismo o robo de propiedad de la compañía cometidos por usted, podría estar sujeto a las sanciones de ley vigentes dondequiera que usted se encuentre.

Cuando la venganza no paga

Empleadas de oficina riéndose de algo que ven en una computadora

Algunos optan por avergonzar al sujeto que motivó la venganza ridiculizándolo vía internet.

Darren, un empleado que no quiso revelar su apellido, se vengó de un jefe que lo había menospreciado en 2008 registrándolo en un sitio de citas con una foto poco favorecedora y un perfil atrevido. Luego envió el enlace a varios de sus compañeros de oficina. Poco tiempo después, su jefe le comentó a sus colegas sobre los extraños correos electrónicos que comenzaron a llenar su bandeja de entrada.

"Al principio, me sentía bien con la venganza, aunque fuera un tanto cobarde", dice Darren, quien se graduó recientemente de la universidad y trabaja para un centro de atención telefónica en Londres.

Hoy en día, el joven profesional piensa diferente.

"No me parece bien", afirma Darren, que ahora trabaja como gerente de cuentas de una empresa de comercio electrónico. "En retrospectiva, fue una actitud un poco infantil".

Pero esa no es la única razón por la cual la represalia puede no ser gratificante.

"Hay que pensar en el impacto en la carrera a largo plazo. Es un mundo muy pequeño (...). Si desea desquitarse con la empresa o con el individuo para el cual trabajaba, hágalo profesionalmente"

Steve Sheperd, analista de mercado

"Para que la venganza sea realmente satisfactoria, usted debe poder ver que el infractor haya aprendido la lección", dice Tripp, citando una investigación reciente publicada en el European Journal of Psychology. De lo contrario, dice, "uno no logra una sensación de justicia plena".

En otras palabras, la persona a la que usted está castigando debe entender que usted está tomando represalias por portarse en forma estúpida, algo difícil de lograr si usted no quiere que lo despidan y por tanto no desea que su jefe sepa que fue usted quien dejó el pescado podrido en su oficina.

El caso de la carretera

Cuando Milo Shapiro trabajaba para una agencia del gobierno de Estados Unidos en Albany, Nueva York, un exempleado de la división de tecnología, molesto por una mala evaluación de desempeño, se convirtió en leyenda al corromper todos los programas de ordenador que había escrito.

"Todavía era un código completamente funcional", cuenta Shapiro, ahora instructor de vocería en San Diego, California, Estados Unidos. "Pero nadie podría comprenderlo".

Para empeorar las cosas, el sabotaje no fue descubierto sino hasta meses después de que el vándalo dejó la compañía por un nuevo empleo. A partir de eso, "su nombre fue siempre precedido de una expresión insultante que se resume con las letras hdp", dice Shapiro.

"Patéame"

Las bromas, como pegar el clásico cartel de "patéame" en la espalda, no conducen a nada positivo.

El no querer irritar a toda una empresa debería disuadir a la persona de ejecutar su venganza, sugiere Steve Shepherd, un analista de mercado laboral en Randstad, una agencia internacional de recursos humanos.

"Hay que pensar en el impacto en la carrera a largo plazo", dice Shepherd, radicado en Melbourne, Australia. "Es un mundo muy pequeño".

¿Y si más adelante necesita una referencia de alguien al que castigó? ¿Qué pasa si un compañero de trabajo al cual le confió sus actos secretos de venganza lo delata en las redes sociales?

Hasta los actos más sutiles e insignificantes, como excluir de una reunión importante o de las comunicaciones a un colega irritante, pueden volverse en su contra.

Si usted está saboteando a su equipo como represalia por alguna ofensa, "usted le está causando un daño a su empleador", afirma Shepherd. Y si usted piensa que el jefe no se da cuenta, se está engañando a sí mismo, añade.

"Si desea desquitarse con la empresa o con el individuo para el cual trabajaba, hágalo profesionalmente", sugiere Shepherd. Y recuerda la historia de un conocido que trabajaba en ventas, que hacía poco tiempo había renunciado de una empresa en la que lo trataban mal. El vendedor siguió siendo respetuoso y tuvo cuidado de no quebrantar los acuerdos a que había llegado con su exempleador.

"Pero una vez que se venció el contrato, todo cambió", señala Shepherd. "Le quitó varios clientes importantes".

Como dice el viejo refrán, a veces la mejor venganza es vivir bien y lograr el éxito.

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