Colombia: ¿está realmente en peligro el proceso de paz?

  • 30 julio 2014
Delegados de las FARC al proceso de paz.
Gobierno y guerrilla colombiana llevan 20 meses dialogando.

Tan cerca y, al mismo tiempo, tan lejos.

Ese es el actual estado del esquivo sueño de paz de los colombianos, que este martes recibió un inesperado "baño de realidad" por parte del presidente Juan Manuel Santos.

"Este proceso puede terminar", les advirtió el martes Santos a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), en referencia a las conversaciones iniciadas en noviembre de 2012, con las que ambos buscan el fin de un conflicto armado que ya dura más de 50 años.

"Ustedes… están jugando con candela", tronó el mandatario, molesto por una serie de recientes ataques guerrilleros en contra de la infraestructura, que han afectado fundamentalmente a la población civil.

Y aunque nadie espera que estos atentados vayan a provocar la suspensión de las pláticas, la dura reacción de Santos es un buen un síntoma de la creciente exasperación de los colombianos para con la guerrilla.

Una exasperación que puede terminar siendo fatal para el futuro de las negociaciones, habida cuenta que cualquier acuerdo con los insurgentes tendrá que ser aprobado en referendo por la población.

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"Ataques demenciales"

En su alocución, Santos hizo referencia a la reciente voladura de un acueducto que dejó sin agua potable a unas 60.000 personas en el departamento de Meta.

Juan Manuel Santos
Santos reaccionó molesto a una serie de atentados atribuidos a la guerrilla.

Pero fue sobre todo el atentado en contra del tendido eléctrico que sirve al puerto de Buenaventura, que desde el lunes tiene sin energía a otros 400.000 colombianos, el que parece haber forzado su intervención.

"Es algo demencial. Ellos mismos se están cavando su propia fosa política, porque eso es exactamente lo que hacen, que la gente los rechace cada vez más", dijo Santos durante una visita al departamento de Valle del Cauca, donde está ubicado Buenaventura.

Según Santos, el cese al fuego bilateral que han demandado los insurgentes desde el inicio de la negociación, no es una opción "porque no quiero terminar como un expresidente que ensayó nuevamente un proceso de paz, fracasó y la guerrilla se fortaleció".

Pero en los últimos días los riesgos de negociar en medio del conflicto se han hecho cada vez más evidentes. Y los ataques en Meta y Buenaventura son sólo dos ejemplos de las acciones recientes con las que los insurgentes parecen querer fortalecer su posición en la mesa de diálogo para en cambio sólo conseguir el rechazo unánime de la población.

Hace un par de semanas, por ejemplo, el grupo guerrillero también fue objeto de duras críticas por haber obligado a varios camiones cargados de petróleo a vaciar su contenido en las carreteras del departamento de Putumayo, contaminando así varias fuentes de agua.

La publicación este miércoles de un informe de la ONG estadounidense Human Rights Watch (HRW), que responsabiliza a los insurgentes por la mayor parte de las atroces violaciones de derechos humanos que afectan al sureño municipio de Tumaco, seguramente le meterá más presión a la negociación.

Las actividades de las FARC en el Putumayo llevaron al gobierno a reforzar la presencia del ejército.

Cambio de estrategia

Efectivamente, el informe de HRW da cuenta de asesinatos, desapariciones, torturas, secuestros, actos de violencia sexual, desplazamientos forzados, intentos de reclutamiento forzado, instalación de minas antipersonales, extorsiones y amenazas de muerte a líderes comunitarios, atribuidos en buena medida a integrantes de las FARC.

Guerrilleros de las FARC
El diálogo está teniendo lugar en medio del conflicto.

Los comentarios del director para las Américas de la ONG –el chileno José Miguel Vivanco– bien pueden resumir el sentir de la mayoría de los colombianos ante la actual situación.

"Mientras las FARC mantienen diálogos de paz con el gobierno colombiano en La Habana, sus integrantes en Tumaco cometen atrocidades contra algunas de las comunidades más vulnerables de Colombia", denunció Vivanco.

"Un acuerdo de paz podría en algún momento mejorar las condiciones en Tumaco, pero mientras tanto las FARC deben poner fin a sus graves y reiterados abusos contra la población civil, y el gobierno debe asegurar que se haga justicia por las atrocidades cometidas por todas las partes del conflicto", demandó el representante de Human Rights Watch.

Estas exigencias son, además, aplicables a muchas otras zonas de Colombia.

La viabilidad de cualquier futuro acuerdo de paz dependerá en buena medida de la capacidad y voluntad de las FARC para avanzar en esa dirección.

Conscientes de eso los principales críticos del proceso de paz ahora están pidiendo celeridad en el diálogo, confiados en que en las actuales condiciones un acuerdo con la guerrilla no sería aprobado por la mayoría de los colombianos.

De ahí que Santos le esté pidiendo a las FARC que cambien su estrategia, justo cuando las partes se aprestan a abordar el que seguramente es el más complicado de los temas de la agenda de negociación: la reparación de las víctimas del conflicto armado.

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Porque, por el momento, el proceso de paz continúa. La pregunta sigue siendo si llegará a buen puerto. Y los ataques de las FARC ciertamente no están facilitando el camino de la negociación.