El barco nuclear que falló en su misión de cambiar el mundo

  • 29 julio 2014
Savannah

Hace cincuenta años el primer barco civil con propulsión nuclear zarpó desde EE.UU. a Europa, en una gira ampliamente publicitada para persuadir al mundo a acoger la era atómica. Pero el sueño no duraría mucho.

De carga y pasajeros, elegante, pintado de rojo y blanco, y con un interior decorado en lo que entonces era el cromo ultra-moderno, el NS Savannah no era cualquier buque de carga.

Además tenía facilidades para los pasajeros. El barco, de 600 pies, y 12.000 toneladas contaba con una sala de cine, bar en la terraza y piscina. Las cabinas no tenían cortinas, sino que sus ventanas estaban polarizadas, diseñadas para reducir el deslumbramiento, alineadas de cara a los camarotes.

El barco era uno de los pocos que surgieron directamente de la imaginación de un presidente de Estados Unidos. En 1953, Dwight Eisenhower había pronunciado su famoso discurso "Átomos por la Paz", tratando de equilibrar el creciente temor del apocalipsis nuclear con optimismo por el usos que podía dársele a la energía atómica.

Quería una nave atómica. Pero una civil.

El NS Savannah, que costó US$50 millones, fue lanzado al mar hace 55 años. Iba a ser un embajador en su clase, el primer buque mercante de propulsión nuclear del mundo. Un símbolo de la seguridad y la fe en el combustible del futuro.

Stan Wheatley fue uno quienes estaban contentos de trabajar en el barco. Él estaba en el astillero mientras se construyó, y se desempeñó como jefe de máquinas en su viaje inaugural.

"El sistema de energía nuclear era un prototipo, no hay duda, pero todos estábamos bien entrenados", dice.

Todo el mundo estaba consciente de que el buque representaba un poderoso anuncio para la energía nuclear.

"Era el barco más guapo de todos y todavía es un barco muy atractivo", dice Wheatley, quien ahora es miembro de la Asociación Savannah, que trabaja para preservar y proteger el barco que ahora está en el puerto de Baltimore, Maryland, fuera de servicio.

En septiembre de 1964 el Savannah partía de gira por Europa, con escala en Rotterdam, Bremen, Hamburgo, Dublín y Southampton.

Las multitudes se alinearon en los muelles y varios miles de curiosos, funcionarios gubernamentales y empresarios, subieron a inspeccionar sus instalaciones.

"Fue una obra maestra de relaciones públicas", dice Will Davis, de la Asociación NS Savannah.

"El objetivo era dejar que otras naciones vieran la nave y experimentaran que la energía nuclear no era una amenaza, sino un beneficio".

Interior del NS Savannah
El interior del barco contaba con diseño de vanguardia.
Sala de máquinas del NS Savannah
Sala de máquinas del NS Savannah
Puente de mando del NS Savannah
Vista desde el puente de mando.

El fracaso de la misión

El Savannah fue un pionero, pero su intención de masificar la energía nuclear en la navegación comercial no prosperó.

A pesar de la emoción, el Savannah fracasó en su misión diplomática.

El viaje de embajadores terminó un año más tarde, pero el Savannah no había logrado persuadir al mundo de que los buques de propulsión nuclear eran la panacea del futuro.

Sólo tres otros buques mercantes nucleares fueron construidos: el transportador de mineral alemán Otto Hahn, el carguero japonés Mutsu y el rompehielos ruso Sevmorput. Al igual que el Savannah, ya no están en servicio.

A diferencia de la industria de la navegación comercial, el ejército sí acogió la energía nuclear. De los 700 buques de propulsión nuclear que han estado en servicio durante los últimos años -incluyendo el 200 actualmente en el mar- la mayoría son buques militares y submarinos. Los únicos ejemplos civiles son los rompehielos rusos.

¿Por qué los barcos mercantes de propulsión nuclear no se convirtieron en el estándar de la industria?

Cuando se trata de los buques, los potenciales peligros ambientales son claros.

Los pioneros sufrieron problemas. En su viaje inaugural en 1974, el Mutsu comenzó con fugas de material radiactivo a 800 kilómetros de la costa de Japón. Se le permitió regresar al puerto de Ohminato para reparaciones, a pesar de las protestas de pescadores y residentes.

Y el Savannah en sí experimentó problemas similares. Estaba pensado para almacenar un volumen de residuos radiactivos que fue rápidamente superado. Sólo en su primer año, 115.000 galones de desechos de bajo nivel fueron lanzados al mar. El espacio de almacenamiento se incrementó posteriormente, pero pequeños volúmenes de residuos continuaron siendo liberados.

El fantasma del daño ambiental siempre rondará a los buques nucleares. "Lo que puede flotar, puede hundirse y, como hemos aprendido de los derrames de petróleo, no es si, sino cuándo. Y cuando suceda, podría ocasionar una catástrofe ambiental", dice Paul Dorfman, fundador del Grupo de Consultoría Nuclear e investigador senior en el Instituto de Energía de University College de Londres.

El costo era otro inconveniente. Un barco con un reactor nuclear siempre va a ser más caro. Mientras que los portaaviones de clase Nimitz de EE.UU. son de propulsión nuclear, se decidió que el nuevo superportaaviones británico Queen Elizabeth utilizaría una combinación de turbinas de gas -combustible con queroseno- y motores diésel, por razones de costo.

Las preocupaciones por el costo de la energía nuclear son obvias. La construcción de un reactor es mucho más costosa que la de un motor diésel. Pero además el mantenimiento y la eventual eliminación de reactores redundantes representan costos impredecibles.

El lado bueno

Hoy el barco, en desuso, se encuentra en Baltimore, Maryland.

Hay un lado positivo. Si bien el precio inicial de una nave de propulsión nuclear es considerablemente más alto, como el uranio comercial es más barato que los combustibles convencionales, el costo de combustible de un buque nuclear es mucho menor, dice John Carlton, profesor de ingeniería marina de la City University de Londres.

Los buques de propulsión nuclear pueden pasar años sin recargar combustible, cubriendo grandes distancias. El Savannah era capaz de dar la vuelta al mundo 14 veces a 20 nudos, sin necesidad de combustible adicional.

Pero a pesar de los masivos obstáculos prácticos, los amantes del cielo azul están empezando a considerar nuevamente el concepto, en una época marcada por el cambio climático y los altos precios del petróleo.

La naves nucleares no emiten CO2 ni gases de efecto invernadero. Wheatley dice que eso las hace muy atractivas.

"A su debido tiempo va a ocurrir. Las perspectivas son razonables para un resurgimiento de la energía nuclear, hay un futuro para los buques de energía nuclear, es sólo una cuestión de tiempo", asegura.

Pero se deben afrontar varios retos.

Primero, tendrán que construirse puertos con instalaciones que acepten el descargo de residuos nucleares y reabastecimiento de combustible.

Y el extremadamente complicado tema de los seguros y la responsabilidad en caso de accidente también deberá ser resuelto, dice Dorfman.

Hay países que se niegan a aceptar el atraque de buques nucleares. "Tendrían que firmarse acuerdos regulatorios significativos", dice Dorfman.

Pero, sobre todo, habrá que lidiar el escepticismo visceral sobre los reactores nucleares. Y para eso se necesitará más de uno o dos viajes publicitarios.