Pedro Sánchez: el hombre llamado a salvar al partido socialista español

  • 14 julio 2014
Pedro Sánchez, secretario general del PSOE
A Sánchez lo describen como rápido y silencioso.

Tiene paciencia, aguante y sabe seducir, su discurso está bien estructurado aunque para algunos se queda en lo elemental, es batallador y maneja el marketing político. Ha recorrido 45.000 kilómetros buscando votos por toda España en su Peugeot 407, al que defiende como su "única maquinaria" ante quienes lo acusan de ser pieza del aparato.

Es Pedro Sánchez, el nuevo secretario general del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) elegido en un proceso interno este domingo.

Desde que su nombre apareció en el tablero electoral del socialismo, muchos asomaron dudas –y hoy todavía las tienen- sobre las capacidades de liderazgo de este economista madrileño de 1,90 de estatura, 42 años y padre de dos niñas, que promete "rejuvenecer al PSOE", una organización que vive una aguda crisis, a la que tendrá que recolocar en el espectro político para volver a encontrarse con sus votantes naturales, de cara a las futuras citas electorales.

Al momento de votar, Sánchez declaró: "El PSOE saldrá renovado y más fuerte", al tiempo que invitó a sus contendores a formar parte de la nueva dirección de la organización en el caso de ganar, como ha sucedido.

Galán rápido y silencioso

Sánchez fue concejal del Ayuntamiento de Madrid y es fanático del equipo de fútbol Atlético de Madrid, sobre todo de la filosofía de su entrenador, Diego "Cholo" Simeone, quien cree que las grandes competiciones se ganan partido a partido.

Habla francés e inglés, financió su campaña mediante crowdfunding y durmió en casa de los militantes en los pueblos que visitó. Saca partido de su porte de galán, sonríe y le agrada el contacto directo con los simpatizantes. En la prensa española se ha dicho que es de actuar rápido y silencioso.

El líder socialista, que se afilió al PSOE a los 21 años en 1993, ha prometido que bajo su gestión se rendirán cuentas anualmente, promoverá primarias abiertas para la elección del candidato o candidata a la presidencia del Gobierno y pedirá modificaciones en la ley electoral y la financiación de partidos políticos para eliminar la financiación privada superior a 2.000 euros (unos US$2.700) por persona y año.

Eduardo Madina, Pedro Sánchez, José A. Pérez Tapias
Pedro Sánchez (centro) superó a Eduardo Madina (izda.) y a José Antonio Pérez Tapias (dcha).

El profesor de Ciencia Política de la Universidad de Granada, Juan Gutiérrez, le dice a BBC Mundo que el nuevo líder socialista incorpora un elemento diferente a los anteriores líderes históricos del PSOE: "Ha tenido un perfil bajo, no muy presente en la opinión pública ni en los medios; pero en su sustancia, en su mensaje, lo único que se identifica es un rostro nuevo y no un mensaje novedoso".

Al reencuentro con sus votantes

La elección del secretario general llega después de la renuncia al cargo el pasado 26 de mayo de Alfredo Pérez Rubalcaba, un hombre clave dentro de la organización, que fuera ministro en distintos gobiernos de España e incluso vicepresidente primero del gobierno, pero cuya figura estaba desgastada.

Bajo su liderazgo, el PSOE obtuvo el peor resultado electoral de su historia en los recientes comicios para elegir diputados al Parlamento Europeo, en lo que fue la gota que colmó el vaso de la caída de los socialistas.

La principal tarea de Sánchez será recomponer el partido, un reto colosal ante la pérdida de más de 2,5 millones de votos desde 2008.

Esta alarmante erosión de votos provino sobre todo de las contradicciones entre el planteamiento ideológico del partido y las acciones tomadas al final del segundo gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, de 2008 a 2012, cuando una tardía y errática gerencia de la crisis económica condujo al deterioro económico y el aumento vertiginoso del desempleo.

Ignacio Sánchez-Cuenca, profesor de Ciencia Política de la Universidad Carlos III de Madrid, un hombre cercano al PSOE, afirma a BBC Mundo que "la incoherencia entre programa y lo que se hizo en el gobierno ocasionó una pérdida de credibilidad".

El problema unido a una desconexión del partido con organizaciones de la sociedad civil, según Sánchez-Cuenca, también mermó los apoyos que históricamente había logrado el socialismo.

"Todo eso se ha ido perdiendo porque se ha convertido en un partido de cuadros que aspira tener posiciones de poder. Sus lazos con la sociedad civil son muy débiles, y el ciudadano tiene una la impresión de que es poco permeable a lo que sucede en la vida cotidiana", explica el catedrático.

El nuevo líder del PSOE, sin embargo, parece haber tomado nota del diagnóstico. En su proyecto se ha comprometido a renovar alianzas con sindicatos y colectivos sociales, abrir la organización al debate y defender "una política inequívocamente de izquierdas: laica, federal, con valores republicanos, feminista y comprometida con el medio ambiente".

Esta operación, sin embargo, requerirá tacto para abrir un espacio en el abanico político español sin perder identidad.

"El PSOE lleva mucho tiempo en una senda de desintegración y posible desaparición. El problema es grave y profundo porque se ha fraguado un gran desencanto de su electorado natural, de centro-izquierda, en la medida en que se mueve más a la izquierda", afirma Juan Gutiérrez a BBC Mundo para quien el nuevo líder debería fijarse en el modelo socialdemócrata del primer ministro de Italia, Mateo Renzi.

Pedro Sánchez y Alfredo Pérez Rubalcaba
Sánchez releva a Pérez Rubalcaba, quien anunció su renuncia el 26 de mayo.

De la cuarta fila a la primera

Una de las críticas hacia Sánchez más escuchadas dentro de la organización es su aparente vínculo orgánico con Susana Díaz, la líder del partido en Andalucía, una provincia que históricamente ha sido bastión del socialismo y donde el nuevo secretario general logró el 61,27% de los votos.

"Me han dicho de todo. Y al final esto. Soy una persona hecha a mi misma, me lo he trabajado. Yo estaba en cuarta fila", contó en una entrevista al diario El País publicada este sábado.

El profesor Sánchez-Cuenca alberga sus dudas. Cree que aun siendo una figura "fresca, casi un outsider, no se sabe cuáles son las hipotecas políticas que trae, sus deudas con la estructura de los barones (líderes) territoriales del PSOE".

Juan Arroyo, profesor de Derecho Constitucional de la Universidad Autónoma de Madrid, e integrante de Líneas Rojas, una agrupación de intelectuales socialdemócratas cercanos al PSOE, afirma a BBC Mundo que aunque la "marca PSOE está muy quemada y devaluada, es un viejo partido pero con capacidad para retomar impulso y proponer un nuevo modelo".

Arroyo no se fía de la labor que pueda desempeñar Sánchez al frente del partido.

"Ha jugado un poco con la ambigüedad. Hay una campaña de marketing potente detrás de él, no se le ve con demasiada potencia intelectual para un determinado discurso. La mayor parte del aparato partidista considera que él es su hombre. Garantiza más que ningún otro que todo va a cambiar para que todo siga igual".

De ser prácticamente un desconocido hasta hace pocos meses, a Sánchez la historia y su ambición personal lo han puesto al frente del principal referente de la socialdemocracia en España.

Su primera declaración tras reconocerse su triunfo ha sido un llamado a "cambiar el partido, para ser mayoría y recuperar las señas de identidad".