Letonia, de la Unión Soviética a la Unión Europea

  • 10 junio 2014
Riga, Letonia
La capital de Letonia, Riga, concentra la actividad urbana.

Es el miembro más joven de la eurozona. Recién a principios de este año Letonia ingresó al grupo de países de la Unión Europea que tienen como moneda común el euro.

Su ingreso llegó diez años después de ser parte de la Unión Europea y, aunque muchos lo aplauden, hay quienes siguen sin convencerse de que éste es el mejor camino para el país exsoviético.

Un rico y cálido olor a mantequilla derretida flota desde una fábrica al borde de una urbanización, en las afueras de Riga, la capital de Letonia.

Adentro, trabajadores en uniformes verdes y amarillos amasan la masa, operan las líneas de producción y envuelven las galletas, para venderlas.

Baltas Naktis fue fundada en 1995 por Elena and Andrey Magomedov.

La pareja dejó la Unión Soviética en 1990 en busca de una vida mejor, una vez que la cortina de hierro cayó.

Comenzó humilde. En sus inicios, el negocio contaba sólo con cuatro empleados. Sin embargo, hoy se ha expandido a más de 80, horneando unas 10.000 galletas por día.

"Letonia es un país muy joven y su tradición de negocio está recién desarrollándose", dice la hija de la pareja, Ksenija Magomedova, gerente de la compañía.

"Nuestro negocio es particular, porque no hay muchos negocios familiares en Letonia", cuenta.

"Mucha gente ha dejado el país y los negocios fueron vendidos, porque la economía en los últimos 20 años ha sido bastante volátil".

"Más oportunidades"

Familia Magomedov en su fábrica
La fábrica de galletas Baltas Naktis es uno de los pocos negocios familiares que van quedando, según sus dueños.

Pero la emprendedora familia Magomedov cree que la riqueza de Letonia se ha incrementado desde que el país se unió a la Unión Europea hace 10 años.

"Tenemos más oportunidades de exportación, somos más competitivos, hacemos más productos que antes", asegura Ksenija.

El volumen de ventas ha crecido en 80% en los últimos 10 años, pero no es sólo el aspecto financiero de pertenecer al bloque económico occidental lo que valora Baltas Naktis.

"Básicamente, nos sentimos más seguros trabajando con socios de la Unión Europea. Conocemos las compañías, podemos seguirles la pista. Nos sentimos más seguros mandándoles nuestros bienes y recibiendo los pagos", dice Ksenija.

Si bien la comunidad de negocios respaldó ser parte de la Unión Europea, un tercio de la población votó en contra del referendo que lo propuso, en 2003.

Uno de ellos fue el agricultor Janis Dzenis.

Cien kilómetros al sureste de la capital Riga, en la Letonia rural, él me muestra la tierra que heredó luego de la caída del comunismo.

El campo le fue repatriado luego de mostrar documentación que comprobara que éste había pertenecido a su familia antes de que la Unión Soviética se apoderara de él bajo la política de la propiedad común.

Asustado de la experiencia de haber pertenecido a la Unión Soviética, Janis es escéptico respecto de la pertenencia de Letonia a otra unión, la UE.

"Creo que la completa libertad e independencia son más importantes que unirse a la Unión Europea", dice.

Janis Dzenis
Janis Dzenis está en contra de pertenecer a la UE, aunque se ha beneficiado de sus subsidios.

"[Si eres independiente] entonces eres tú el que decide lo que pasa en el país: en economía, política, producción y agricultura".

Ha pasado una década y Janis sigue oponiéndose a la pertenencia de Latvia al conglomerado, a pesar de los más de US$500.000 que ha recibido como subvención de la UE que lo ayudaron a comprar tractores, maquinaria y tres bodegas gigantes.

"Al ser parte de la Unión Europea, tenemos que aceptar su política de agricultura".

"Analicé la legislación y me di cuenta de que no ha habido una tan buena como la que tuvimos en nuestra primera independencia en 1918. En esa época fuimos cuidadosos de desarrollar una política de agricultura y habían resultados tangibles".

"Actualmente estamos perdiendo gracias a la política de agricultura de la Unión Europea y los estamos haciendo dramáticamente".

"Nación en suspenso"

Desde que Letonia se unió a la UE ha habido algunos beneficios financieros.

Por ejemplo, ha recibido casi US$6 millones en subvenciones y la economía prácticamente triplicó su tamaño hasta que llegó la crisis financiera.

Como resultado del colapso del producto interno bruto, llegó una profunda recesión y la emigración comenzó a volverse cada vez más popular para decenas de miles de letones que sacan ventaja de uno de los objetivos fundacionales de la UE: la libertad de movimiento entre estados miembros.

Entonces, ¿cambió la UE a los letones, una población de alrededor de 2.000.000, más baja que los 2.700.000 que tenía hace un cuarto de siglo?

Un prominente periodista letón, que alguna vez describió a Letonia como "la nación en suspenso", dado que ha aparecido y desaparecido del mapa tantas veces, parece ser la persona perfecta para preguntarle.

"Creo que hay que mirar las generaciones", explica Pauls Raudseps.

"La generación mayor, que creció en la Unión Soviética, se siente algo distante [de la UE] porque no tienen una experiencia personal con ella y sus recuerdos de juventud vienen de los tiempos soviéticos".

"Pero si miras a los jóvenes, Europa es su hogar, estudiaron allí, tienen amigos viviendo allí, van bastante seguido y se sienten mucho más cercanos a eso de lo que se sienten de cualquier cosa que esté unos pocos cientos de kilómetros al este".

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