El ambicioso plan de megaurbanización en China

  • 27 mayo 2014
Se calcula que entre 2014 y 2020 unas 66 millones de personas migrarán del campo a la ciudad.

En 2020 un 60% de los casi 1.400 millones de chinos vivirán en ciudades, un 8% más que hoy.

Las urbes con más de 200.000 residentes tendrán una línea ferroviaria y las de más de 500.000, un tren de alta velocidad que se expandirá con otros 7.000 kilómetros de cobertura.

Para 2030, la ciudad promedio china será de 13 millones de habitantes –como Tokio– y los residentes urbanos rozarán las 1.000 millones de personas, un 70% de la población.

La revolución demográfica puesta en marcha por el "Nuevo Plan de Urbanización Nacional 2014-2020" que se anunció en marzo costará unos US$7 millones de millones (alrededor de la mitad del PIB de Estados Unidos) y es parte de uno de los más acelerados procesos de urbanización de la historia: en 1990 la población urbana china era de un 26%.

Según el copresidente de la Urban China Initiative con sede en Shanghái, Jonathan Woetzel, el plan surge de la dinámica misma del desarrollo económico-social chino.

"La urbanización es un proceso que está ocurriendo desde hace años, quiera o no el gobierno, lo planee o no. Unas 15 o 20 millones de personas migran anualmente a las ciudades no porque el gobierno se los diga sino porque es donde están los trabajos. Este plan es un intento de que este flujo migratorio urbano cuente con los servicios necesarios para las expectativas de la población", señaló Woetzel a BBC Mundo.

Campo, ciudad y 1.351 millones de personas

La tensión campo-ciudad formó una de las famosas contradicciones que analizó Mao Ze Dong mucho antes de acceder al poder (en 1937 con el texto "Acerca de la Contradicción") y sigue siendo una de las claves para entender al gigante asiático.

La China de Mao Ze Dong era mayoritariamente campesina: en 1950 solo el 13% de la población era urbana.

Desde que en los 80 se lanzaron las reformas procapitalistas de Deng Xiao Ping, 500 millones de chinos emigraron del campo a la ciudad.

En 2000 China alcanzó un techo para el desarrollo urbano en ciudades de más de 750.000 habitantes, pero el crecimiento económico intensificó la presión migratoria: hoy hay aproximadamente 250 millones de migrantes internos, en su inmensa mayoría campesinos.

Entre 2014 y 2020 se calcula que unas 66 millones de personas migrarán del campo a la ciudad.

Según Roberto Kozulj, profesor de la Fundación Bariloche y consultor de Cepal, especializado en urbanización y desarrollo con énfasis en China, a la presión migratoria se une un cambio de modelo económico que impulsa el gobierno chino.

"Este cambio busca darle un peso mayor al consumo doméstico y menor a la exportación para elevar el nivel de vida de la población. Mientras que los procesos de urbanización anteriores fueron impulsados por una necesidad de construir rápidamente la infraestructura urbana vinculada a la producción exportable, hoy el nuevo plan se preocupa más en la sostenibilidad a largo plazo con un eje mayor puesto en el bienestar de la población", indicó Kozulj a BBC Mundo.

Algunos problemas

Desde que se lanzaron las reformas pro-capitalistas de Deng Xiao Ping, 500 millones de chinos emigraron del campo a la ciudad.

El mismo gobierno reconoce que la urbanización contiene riesgos como la contaminación, congestión y crecientes tensiones sociales como las que se pueden percibir en cualquier ciudad china de más de un millón de habitantes.

Los altos niveles de contaminación se han convertido en uno de los retos medioambientales que enfrenta no solo China sino el mundo.

Según Woetzel, la solución pasa por la tecnología.

"Cuesta mucho menos prevenir un problema que intentar resolverlo más tarde. El tema ahora es hallar tecnologías que incrementen la productividad, sean positivas para el medio ambiente y suministren un alto nivel de vida para el ser urbano", señala.

Un reciente informe conjunto del Banco Mundial y del Development Research Center del gobierno chino estima que el país puede ahorrar hasta US$1,4 millones de millones –un 15% del PIB anual– si se adopta una perspectiva diferente frente a la urbanización.

Esto resolvería uno de los talones de Aquiles de los planes previos que han dejado a las provincias y municipios sobrecargados de deuda, generando el fantasma de una debacle al estilo de las subprime o hipotecas de alto riesgo en Estados Unidos.

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"Hukou"

Uno de los problemas más arraigados que enfrenta China es el Hukou, un remanente de la era maoista, cuando el Gran Timonel, en un intento por impedir una migración masiva a las ciudades, creó en 1958 un permiso de residencia (el Hukou) que solo autoriza a quienes lo tengan a acceder a los servicios (salud, educación, pensión, etc) de la ciudad.

Interrogado por este cronista, un levanta-maletas de la estación ferroviaria de Beijing, que tenía su Hukou en una ciudad a 1.500 km de distancia, sobre qué hacía si se enfermaba, contestó que "no tengo esa posibilidad, siempre estoy sano".

Según Margaret Myers, directora de Diálogo Interamerical China–América Latina, el nuevo plan busca una reforma gradual del sistema.

"Lo que el gobierno está intentando es que esta migración no viva en la marginalidad actual. Para eso necesita una reforma del Hukou", indicó Myers a BBC Mundo.

El gobierno facilitará la venta o alquiler de la tierra para que los campesinos puedan financiar su inserción laboral urbana y planea un relajamiento de las condiciones para cambiar el Hukou de un lugar a otro.

El incentivo está a mano. Como me dijo una lustrabotas en el suroeste de China, aunque no ganaba mucho con su empleo, era mucho mejor que en el campo donde "kao tian chi fan" (literalmente, "depender cielo comer arroz": si el clima no ayudaba, estaba en peligro la supervivencia).

Aún así el gobierno se maneja con extrema prudencia.

Con el actual plan se estima que en 2020 un 45% de la población tendrá plenos derechos como residentes urbanos: en 2012 la cifra era de 35%.

En otras palabras, si se calcula que al final de la década la población urbana será del 60%, un 15% aún tendrá que trabajar en las ciudades en similares condiciones de marginalidad a las actuales.

Economía y urbanización

Smog en Shangháai
La contaminación es uno de los problemas que afectan a las grandes ciudades chinas.

La construcción de millones de casas, miles de kilómetros de redes ferroviarias, autopistas y el mejoramiento de la infraestructura en general constituirá un apuntalamiento "keynesiano" de una economía que, según algunas estimaciones privadas, crecerá este año apenas por encima del 7%, mucho menos que los dos dígitos acostumbrados hasta hace unos tres años.

China, que ha atravesado una larga serie de transformaciones económicas desde la llegada de Mao Ze Dong al poder (de la colectivización a la privatización y la explosión de los multimillonarios), ha logrado dar el salto de país de bajos ingresos a nación de ingresos medios.

Ahora falta un nuevo paso más complicado que suele ser la tumba de muchos países en desarrollo: el de ingresos medios a nación plenamente desarrollada.

El nuevo plan de urbanización apunta en esta dirección intentando evitar al mismo tiempo el ejemplo negativo de urbanización no planificada que muchos especialistas perciben en América Latina.

"La historia de América Latina es el fracaso del sector público y de los ricos en la región de invertir en la ciudad. Si miramos la inversión en infraestructura urbana que ha habido en América Latina en relación con el PIB los países de la región están muy bajos a nivel mundial. China ha alcanzado una inversión del 70%. Una parte de esa inversión no ha sido eficiente, es cierto, pero China tiene suficiente liquidez como para absorber esa ineficiencia", indicó a BBC Mundo Jonathan Woetzel.

La voluntad política para llevar adelante esta inversión queda claro en un mensaje de una web gubernamental.

"La urbanización es un poderoso motor para mantener el crecimiento económico a un ritmo sostenible. La demanda doméstica es fundamental para el desarrollo económico", dice el mensaje.

En este sentido el nuevo plan es un ambicioso intento de coordinar esta necesidad económica con el ritmo vital de una sociedad de casi 1.400 millones de personas.

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