Adiós a Tito Vilanova, un hombre de pocas palabras y muchos récords con el Barcelona

  • 25 abril 2014
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tito vilanova

Terminó la agonía para Tito Vilanova. Más allá del dolor que siente el mundo del fútbol, su adiós marca el fin de un tortuoso camino que sufrió el extécnico del FC Barcelona desde hace dos años y medio, cuando fue diagnosticado con un cáncer de parótida.

Tenía 45 años y una larga trayectoria en el fútbol, primero como un modesto jugador y después como un ideólogo del balón en su etapa como técnico. Su aporte táctico al mejor Barcelona de la historia, marcado por la revolución de posesión que impulsó Pep Guardiola, fue fundamental.

Tito fue un hombre de pocas palabras y no tuvo tiempo para acostumbrarse al escrutinio público. Se mantuvo durante cuatro años a la sombra de Guardiola y cuando le tocó dar un paso al frente no tuvo tiempo de saber hasta dónde habría podido llegar.

Ni siquiera la agresión de José Mourinho cuando le metió el dedo en el ojo durante una trifulca durante un partido de la Supercopa entre el Barcelona y Real Madrid lo desestabilizó. Fue el primero en reconocer públicamente su responsabilidad en el incidente y condenarlo.

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Tito fue un hombre de pocas palabras y no tuvo tiempo para acostumbrarse al escrutinio público.

En los pocos meses que estuvo al frente del equipo en persona, el Barcelona logró registros históricos que incluso superaron a los del mejor año de Guardiola, y al final de la temporada conquistó el título, igualando el récord de 100 puntos que había conseguido el año anterior el Real Madrid.

Fue la conclusión de un largo camino que comenzó a forjarse en el pueblo en el que creció, Bellcaire de L’Empordà, cerca de Girona, en el norte de Cataluña.

Trabajó durante años en las divisiones inferiores del club catalán, en la famosa cantera de jugadores conocida como La Masía. Fiel a un estilo, a una forma de ser calmada, de confianza, donde predominaba la amistad y las relaciones personales, Tito hizo jugar a futbolistas como Lionel Messi, Cesc Fábregas y Gerard Piqué como a él más le gustaba, con compromiso, solidario.

Es así que lo recuerda el mundo del fútbol, como un hombre leal a sus ideas y que con humildad y dignidad enfrentó a una enfermedad que lo fue consumiendo.

Tuvo que dar un paso al costado del club donde pasó la mayor parte de su vida para dedicarse a su salud. Fue él quien prefirió vivir y sufrir la enfermedad en el anonimato, en silencio, con su familia. Para el resto ya había dejado grabado para siempre su nombre en la historia del balón, su gran aliado.

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