Testimonio de un hombre que logró sobrevivir al letal virus de Ébola

  • 24 abril 2014
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Hombre en Guinea

Los últimos datos de la Organización Mundial de la Salud indican que en Guinea ya hay más de 200 personas infectadas con Ébola. Un virus para el que no hay cura ni vacuna y que puede llegar a tener una mortalidad del 90%. Hasta ahora, han muerto 136 personas.

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Uno de los pocos sobrevivientes, que prefirió no dar su nombre por el estigma de haber tenido la enfermedad, cuenta su historia a la BBC.

Noche aterradora

Personal de Médicos sin fronteras en Guinea
Los infectados de Ébola deben ser aislados.

Los síntomas empezaron con dolor de cabeza y de espalda, diarrea y vómito.

El primer médico que vi en el centro sanitario de la aldea dijo que tenía malaria, no fue hasta que me llevaron a la unidad especial del hospital en la capital Conakry que me informaron que se trataba de Ébola.

Me deprimí mucho, había escuchado de la enfermedad, así que cuando los doctores me hablaron me dio mucho miedo.

Intenté ser positivo. Si bien pensaba en la muerte, muy adentro sentía que no era mi hora y que me recuperaría. Fue así como superé el dolor y el miedo.

Los especialistas de Médicos sin fronteras estaban allí para darme apoyo moral y consuelo. Y traté de mantenerme optimista a pesar de que me asusté cuando vi que mis parientes morían.

Hubo un momento en que pensé que definitivamente no sobreviviría; fue cuando perdí a dos tíos y se llevaron sus cuerpos.

Esa noche ninguno de nosotros pudo dormir, pensábamos que no llegaríamos al amanecer.

Esa mañana vinieron unos médicos para recoger y envolver los cuerpos y esterilizar la zona. Todo ocurrió al frente de nosotros.

Poco después de ser admitido en el hospital para el tratamiento, empecé a sentirme mejor. Paso a paso.

Fotos y celebración

Virus Ébola

Al principio me daba miedo comer, pensaba que me caería mal. Pero después de un tiempo empecé a tomar unas gotas de agua y me di cuenta que estaba bien, y que gradualmente la diarrea se detenía.

Cuando los doctores hacían las visitas me hacían preguntas. Un día, casi todas mis respuestas fueron "no", ahí me di cuenta que saldría de ésta.

Fue una sensación muy poderosa. Y me sentí genial cuando salí caminando del hospital.

Ese día tuvimos una pequeña celebración con los médicos, las enfermeras y las personas que me estaban esperando.

Tomaron fotos y estrecharon mis manos.

Me di cuenta que se sentían seguros de tocarme, y que estaba mejor. Ese día fui muy feliz.

Ahora me siento bien, a pesar de que algunas veces siento dolor en las articulaciones.

El estigma del sobreviviente

Campaña de información
Para este sobreviviente, mucha gente en Guinea no está bien informada sobre la enfermedad.

La razón por la que prefiero no ser identificado es porque si bien mucha gente está al tanto de que tuve la enfermedad, hay muchos otros que no.

Estos son tiempos difíciles y la gente nos teme.

La solidaridad africana es bien conocida. Por lo general, cuando alguien muere, la gente te visita.

Cuando perdimos a uno, luego a otro, tres y cuatro miembros de la familia, nadie nos vino a ver. Nos dimos cuenta que nos tenían a raya por miedo.

La situación empeora cuando en la radio y la televisión se escucha que eres uno de los contagiados.

Incluso las personas más allegadas, los vecinos y familiares, son vistos con sospecha cuando dicen que nos conocen.

Inmediatamente se echan hacia atrás dos o tres pasos por temor a contraer el virus. Las personas no están bien informadas sobre la enfermedad.

En total, en mi familia nos contagiamos nueve. Mi esposa y mi primo también sobrevivieron, así que es tres de nueve.

Nos afectó mucho la muerte de los demás, pero también nos alivia que no todos morimos. Hubiera sido una catástrofe si todos hubiéramos desaparecido.

Esto ha sido una lección espiritual que ha cambiado la forma en que veo la vida.

El tiempo que pasamos en el hospital nos transformó. Me siento con suerte y muy feliz de estar vivo.

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