BBC navigation

Rosario, la ciudad argentina donde se desbordó la violencia

Última actualización: Miércoles, 16 de abril de 2014

La lucha contra el narcotráfico en Rosario, acceso exclusivo

Operativo policial federal contra el narcotráfico en la ciudad de Rosario, Argentina

Por su ubicación estratégica, el narcotráfico ha convertido a la tercera ciudad del país en la urbe con mayor tasa de homicidios de todo el territorio. BBC Mundo filmó un operativo federal en la ciudad, que vive en estado de shock.

Vermp4

Para reproducir este material debe tener activado Java Script, así como tener instalada la última versión de Flash Player.

Utilizar un reproductor alternativo

La ciudad de Rosario, a unos 300 kilómetros de Buenos Aires, vive en estado de shock, con 2.000 agentes de la Policía Federal y la Gendarmería custodiando los barrios más humildes de la tercera urbe más importante de Argentina.

Llegaron en los últimos días, después de un sorpresivo operativo policial propio de una película de acción, para quedarse en la que se ha convertido en la ciudad más violenta de Argentina.

En los últimos meses Rosario, en la provincia de Santa Fe, ha sufrido un vertiginoso aumento de los homicidios: más de 260 personas asesinadas en 2013, y casi un centenar en lo que va de año.

La tasa de homicidios de la ciudad es ya cuatro veces mayor que la media de Argentina, con 22 muertes violentas por cada 100.000 habitantes.

La mayor parte, víctimas de enfrentamientos entre hombres de menos de 20 años, miembros de "juntas" o bandas juveniles dispuestas a vaciar el cargador del revólver por una disputa familiar, un robo menor o unos gramos de "merca" (cocaína).

"En la calle manda más el que pelea más. Porque acá si no peleás sos un gil"

Para llegar al barrio de Nuevo Alberdi, uno de los 20 distritos con presencia de las fuerzas federales, hay que viajar una media hora en auto desde el centro de Rosario por una zona rural.

"En la calle manda más el que pelea más", nos dice Claudio Sotelo, un joven de 21 años.

Gendarme en Rosario

La gendarmería nacional custodia 20 barrios conflictivos de la ciudad.

Empieza a caer la noche y una mitad del cielo se tiñe de azul y amarillo, como los colores del Central, el equipo de fútbol más seguido en esta parte de Rosario.

La otra mitad está oscura, con un azul casi negro, y cubierta por nubes de tonos rojizos, pintando la camiseta de Newell’s, su archirrival.

Y es que hasta en el cielo de Rosario se pelea por el territorio.

"Porque acá si no peleás sos un gil", cuenta Claudio.

Y en un barrio donde las oportunidades y la esperanza escasean, el que planta cara se lleva la fama, el poder y las mujeres.

Las vías abandonadas del ferrocarril separan los costados de este asentamiento, una amalgama de construcciones, algunas de ladrillo y otras de chapa, sin alcantarillado y con suelos de cemento, muchas levantadas en terrenos ocupados.

Algunas "juntas" se apostan en el camino, junto a la vieja ruta del tren, para exigir un peaje. El que no paga tendrá que sufrir las consecuencias.

Sordos, ciegos, mudos

"Allá se tiran tiros y no nos dejan jugar, nos tenemos que ir adentro. Cuando se agarran a tiros yo me voy y me pongo a ver la computadora, dentro de casa"

Que Rosario está en una encrucijada lo saben hasta los niños.

"Allá se tiran tiros y no nos dejan jugar, nos tenemos que ir adentro", dice Cecilia, de 11 años, que hasta hace poco vivía con sus 9 hermanos en un barrio humilde de la ciudad.

"Cuando se agarran a tiros yo me voy y me pongo a ver la computadora, dentro de casa", contesta Diego, de 7.

Diarios de Rosario

Cada día Rosario amanece con nuevas noticias de peleas o narcotráfico.

Escuchar disparos era habitual aquí hasta la llegada de los federales.

A su hermano Nico "lo cagaron a tiros" hace sólo unas semanas. Dos balazos fueron suficientes para que decidiera marcharse cuanto antes de la ciudad.

Los más jóvenes parecen los menos reacios a dialogar sobre la violencia en las calles de algunos barrios.

Porque los adultos son "ciegos, sordos y mudos", como dice Ana Gioppo, una comerciante de Nuevo Alberdi.

Nadie quiere oír los disparos ni los gritos, cuando en las cuadras se escenifican batallas campales. Nadie quiere ver las camionetas de lujo llegar con la caída de la noche. Y ante todo, pocos quieren denunciarlo en una comunidad donde la delación se castiga más duro que el delito.

El asedio del Narco

Drogas decomisadas en un allanamiento en Rosario. Foto: BBC

La cocaína es la principal droga que alimenta el negocio del narco rosarino.

¿QUIENES SON LOS MUERTOS DE ROSARIO?

Según cifras oficiales y estimaciones de la Universidad de Rosario, más del 80% de los homicidios en Rosario están relacionados con disputas entre jóvenes varones de barrios marginados por robos, arrebatos y peleas entre bandas, sin relación directa con el narcotráfico.

Sólo entre el 15% y el 20% de los homicidios están vinculados con las drogas, según las autoridades. Analistas coinciden en que una organización, la de Los Monos o la familia Cantero, se hizo con el control de la mayor parte del negocio de estupefacientes en la ciudad.

Mientras, en otro extremo de la ciudad, un laberinto de callejuelas sin asfaltar, llenas de basura y agua estancada, conduce a un búnker, una casa clandestina de tráfico de drogas.

Sellada, sin puertas ni ventanas, con apenas un agujero por el que entra el dinero y sale la droga, con un estrecho pasadizo por el que ingresan los asalariados del narco.

En el exterior, "Cabeza de Lata", un agente de la Policía Federal, conversa con los vecinos de La Tablada, un punto rojo de violencia en las afueras de la ciudad.

"No queremos más búnkers", es la frase más repetida entre los vecinos al paso de las botas negras de los gendarmes.

Por si no tuviera suficiente con la lucha entre bandas, Rosario padece también la proliferación de pequeños grupos de narcotraficantes que han encontrado en la pobreza y exclusión social de algunos barrios la cantera perfecta para construir puntos de venta de drogas y reclutar a sus "soldaditos".

Así se conoce a los jóvenes que vigilan y defienden los búnkers y que reciben unos US$20 diarios, más dinero si además van armados. Porque los narcos, como en tantos otros lugares, aquí pagan "plata por fierro".

Las pistolas son para frenar a aquellos que intentan penetrar en el búnker y llevarse parte de la mercancía, lo que en la jerga local se conoce como "mexicanear".

Existen más de un centenar de búnkers por toda la ciudad, especialmente en la deprimida zona Sur.

Pero en los últimos meses se extendieron también a algunos barrios del centro y norte, que hasta hace poco eran zonas relativamente tranquilas.

"Que venga Cristina"

Alejandro Flores

Flores pide a los políticos que se acerquen a conocer la realidad de los barrios.

"No podés salir tranquilo, no sabés si vas a venir vivo de tu trabajo. Que venga Cristina, acá la querría ver"

EL ACECHO DE LOS MONOS

A menudo los medios argentinos atribuyen asesinatos a sangre fría y el control de gran parte del narcotráfico de Rosario, con narcotúneles y hasta un sistema de comunicación con palomas mensajeras, al llamado clan de Los Monos.

Se trata de una banda presuntamente encabezada por la familia Cantero, un grupo con varios de sus integrantes acusados de formar parte de una organización criminal y sus dos supuestos líderes, padre e hijo adoptivo, prófugos de la justicia internacional.

Pero su abogado, Carlos Varela, le dijo a BBC Mundo que los Cantero son en realidad víctimas de una "conspiración" y que se dedican a compra-venta de inmuebles y autos.

¿Por qué no se entrega entonces Ramón Machuca, uno de los hombres más buscados por la Justicia de Rosario?

"Sería un insensato y un demente si se presenta a la Justicia para ponerse a disposición de un grupo de forajidos. Solo un loco o un torpe podría creer que va a estar seguro o no le van a matar", dice Varela.

Alejandro Flores, un joven recolector de basura, no recuerda bien cuál es su edad, pero tiene muy claro lo que es vivir entre estos búnkers.

"Hay criaturas que llegan a matar para robar, para comprar la maldita droga", cuenta.

A su lado, un caballo cansado y el carro sobre el que le espera su padre, otro "ciruja" o reciclador, que le mira apoyado sobre su única pierna.

"No podés salir tranquilo, no sabés si vas a venir vivo de tu trabajo", dice.

A su espalda, una choza presidida por un altar con las figuras de la Virgen y el Gaucho Gil, la figura profana más venerada en la Argentina rural.

"Que venga Cristina (Fernández de Kirchner, la presidenta), acá la querría ver. Los políticos no saben todo lo que está pasando acá en Rosario".

Y es que el negocio del narcotráfico mueve unos US$200 millones al año, según el informe de la Universidad de Rosario "Calles Perdidas", lo que representa un tercio del presupuesto municipal.

El 80% de las drogas, según las estimaciones oficiales, acaban en los sectores más acaudalados de la ciudad.

Lugar estratégico

Barco en el río Paraná

Por el río Paraná llegan drogas procedentes de otros países, según las autoridades.

La ubicación estratégica de Rosario, emplazada entre carreteras internacionales con conexión a los países productores de drogas y junto a uno de los mayores puertos fluviales de Sudamérica, la convierte en un perfecto lugar para la llegada, producción y distribución de narcóticos, explica Enrique Font, profesor de Criminología de la Universidad de Rosario.

La cocaína llega desde Bolivia por la ruta nacional 34 y la marihuana de Paraguay, por la ruta 11. La sangre y las balas vienen de Rosario.

"Si bien la tasa de homicidios venía creciendo significativamente en los últimos tres años, no se habían visto asesinatos del nivel de crueldad y espectacularidad que tienen ahora los homicidios de disputa por cuestiones territoriales de las bandas narco", asegura Font.

"Eso es algo que distingue a Rosario de otras ciudades donde el nivel de consumo de drogas es similar".

Pero no es lo único.

Corrupción policial

"En la lucha contra el delito organizado existen muchas tentaciones. Esto no afecta sólo a la policía, también otros estamentos de la vida privada y pública"

Raúl Lamberto

Según el ministro de Seguridad santafesino, su gobierno está limpiando el cuerpo policial provincial.

La amenaza a la seguridad de Rosario no llega sólo del narco o de las peleas callejeras. A veces está en el seno mismo de la autoridad.

El exjefe de la policía santafesina, Hugo Tognoli, está procesado, acusado de tener vínculos con una red de narcotraficantes.

Mientras, el gobierno de Santa Fe tuvo que apartar a siete agentes y comisarios de la División Judiciales de la policía provincial, señalados en un video grabado con cámara oculta como cómplices del menudeo de droga.

"Cada punto de drogas le entrega a la policía unos US$6000 por semana", a cambio de impunidad, dice el criminólogo Enrique Font.

Cuestionado sobre estas acusaciones, el ministro de Seguridad de Santa Fe, Raul Lamberto, dice que "en la sociedad hay personas que trabajan honorablemente y también los hay quienes no dan certeza ni garantía a un cargo tan importante como ser policía. Hay que avanzar con aquellas personas que quieren honrar un uniforme, apartando de la fuerza y sometiendo a la Justicia a los que no".

El alivio entre la población de los barrios más golpeados por la violencia ante la llegada de las fuerzas federales es un síntoma de la profunda desconfianza hacia los cuerpos locales.

"En la lucha contra el delito organizado existen muchas tentaciones", apunta Lamberto.

"Esto no afecta sólo a la policía, también otros estamentos de la vida privada y pública pueden ser presas de la corrupción. Esto ha pasado en otros países", señala el ministro de Seguridad de Santa Fe.

¿A tiempo?

"Cuando se vayan los gendarmes, la pobreza y la miseria seguirán acá ¿Qué va a pasar entonces?"

Rosario

Rosario es la tercera mayor ciudad de Argentina y una de las más ricas.

Esta ciudad no parece ser una nueva Medellín, ni el próximo Juárez. La sofisticación de las bandas de narcotraficantes no llega a la de los grandes cárteles latinoamericanos, coinciden autoridades y analistas.

Por ahora el negocio de la cocaína, la marihuana y las drogas de diseño está en manos de pequeños clanes locales.

Pero el cóctel de violencia entre los jóvenes de los barrios más excluidos y la instalación del narco en la ciudad ha sido suficiente para poner en alerta a Rosario.

Mientras en un lado de la ciudad florecían rascacielos y cafés de moda, gracias a la imparable llegada de dinero procedente del sector agrícola, en el otro se desataba una ola de violencia por la disputa del territorio.

Escuela ETICA de Nuevo Alberdi

La escuela Etica de Nuevo Alberdi trabaja con jóvenes para frenar la violencia y exclusión.

"Cuando se vayan los gendarmes, la pobreza y la miseria seguirán acá", recuerda un grupo de jóvenes de una escuela secundaria de Nuevo Alberdi, "¿Qué va a pasar entonces?".

La respuesta parece depender en gran medida del destino de lugares como esta barriada, o el de La Tablada o Villa Banana.

"Y si vos querés cambiar, buscar trabajo y empezar de cero y todos te cierran la puerta… ¿cómo no van a tomar algunos la salida más fácil, la de la violencia?", se cuestiona una de las alumnas.

En estas aulas los estudiantes hacen planes de futuro, algunas quieren ser enfermeras, otros profesores.

Mientras, en otras partes de Rosario, donde se esconden los laberintos de búnkers y se siembran los soldaditos, los jóvenes no se permiten el lujo de planear:

- "¿Cómo te ves de aquí a 10 años?"

- "Muerto".

Policía de Rosario. Foto de la BBC

Fuerzas de seguridad argentinas abriendo un "búnker" de droga en Rosario. Fotos: BBC

Contexto

Temas relacionados

BBC © 2014 El contenido de las páginas externas no es responsabilidad de la BBC.

Para ver esta página tal cual fue diseñada, debe utilizar un navegador de internet actualizado, que tenga habilitado el uso de hojas de estilo en cascada (CSS, por Cascading Stylesheets en inglés). Aunque en el navegador que está utilizando podrá ver el contenido de la página, no será presentado de la mejor forma posible. Por favor, evalúe la posibilidad de actualizar su navegador y/o habilitar el uso de CSS.