Cómo Bolivia podría beneficiarse de la crisis en Ucrania

  • 14 abril 2014
Crisis en Ucrania (foto: BBC)
La crisis en Ucrania podría generar una oportunidad única para Bolivia y su gas.

La crisis internacional que se desató en Ucrania luego de que Rusia anexara la península de Crimea tiene preocupados a muchos países, que ven un posible resurgimiento de la Guerra Fría. Pero hay una nación para la que el conflicto representa una oportunidad: Bolivia.

Este pequeño país sudamericano es el mayor exportador de gas de Latinoamérica.

Por décadas ha suministrado este combustible a muchos de sus vecinos, siendo una importante fuente de energía para las grandes potencias de la región, como Argentina y Brasil.

Pero los expertos creen que este panorama podría cambiar en el futuro no tan lejano.

El hallazgo de un enorme reservorio de petróleo y gas en las costas de Río de Janeiro -conocido como el Presal- y el descubrimiento de uno de los mayores recursos de gas y petróleo no convencional del mundo en la formación de Vaca Muerta, en el sudoeste de Argentina, podrían hacer que en unos años estos países ya no necesiten el gas boliviano.

Ante este escenario, Bolivia sabe que necesita encontrar nuevos mercados para su principal bien de exportación y la crisis en Ucrania podría generar justamente eso.

Dejar de depender de Rusia

El 65% del gas que produce actualmente Rusia tiene como destino los países europeos, un continente que importa la mitad de la energía que consume.

Países como Estonia, Lituania, Finlandia y Letonia dependen totalmente del gas que llega de Rusia, mientras que la principal economía europea, Alemania, importa desde ese país el 36% del gas que consume.

Ahora, la anexión rusa de parte del territorio ucraniano –considerado una invasión por Estados Unidos y la Unión Europea- llevó a Washington y los países de la UE a imponer un bloqueo comercial y económico al gobierno de Vladimir Putin, que incluye una reducción de las importaciones de energía.

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Para Bolivia, esto supone una oportunidad única para ganar uno de los mercados más codiciados del mundo.

Así lo admitió recientemente el vicepresidente boliviano Álvaro García Linera.

“Tenemos que diversificar mercados y estamos en eso”, señaló el mandatario la semana última, durante una visita a Praga, la capital de la República Checa.

Bolivia tiene que buscar “otros lugares para comenzar a mandar” su gas natural, dijo García Linera, tras pronosticar que “de aquí a cinco o diez años (Argentina) va a inundar América Latina con gas”, gracias a la explotación de Vaca Muerta.

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Se busca puerto

Pero hay un problema: ¿cómo llevar el gas a través del océano hasta Europa?

El principal escollo de Bolivia es geográfico: no tiene salida al mar.

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Arica
En la actualidad, Bolivia utiliza los puertos del norte de Chile, como Arica, para exportar.

En la actualidad, el país accede a la costa pacífica gracias a un convenio con Chile que le permite usar los puertos del norte de ese país.

La mayoría de las exportaciones bolivianas salen a través del puerto de Arica, que es una zona franca. Pero allí Bolivia no cuenta con infraestructura propia, por lo que debe pagar para usar las facilidades.

Además, la relación con Chile está pasando por un momento conflictivo: en 2013 La Paz entabló una demanda ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya contra su vecino para reclamar parte del territorio que perdió a manos de Santiago en la Guerra del Pacífico (1879-1883), y que lo dejó sin salida al agua.

Es improbable que una resolución de la CIJ –incluso si fuera totalmente favorable a Bolivia- pueda resolver el problema de la falta de un puerto propio en el corto plazo.

En los últimos años surgieron diversas propuestas para darle al país mediterráneo acceso a la costa pacífica –algunas de ellas muy creativas, como la construcción de un túnel en la frontera entre Chile y Perú- pero hasta ahora ningún proyecto prosperó.

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Aún si avanzara alguna propuesta, queda un problema: la salida al mar sería hacia el Océano Pacífico, lo que no resuelve los problemas de conexión con Europa.

Hacia el Atlántico

La idea de acceder a la costa atlántica también ha sido desarrollada por el gobierno boliviano. El presidente, Evo Morales, incluso propuso el asunto personalmente al gobierno de Uruguay, en 2009.

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Mapa
Bolivia acudió a La Haya para intentar recuperar parte del territorio que perdió en 1883, que puede verse en este mapa. (foto: Wikipedia)

Pero la idea, que consistía en intercambiar el acceso a los puertos uruguayos a cambio del suministro de gas boliviano en condiciones preferenciales, tampoco logró negociarse.

El problema no es solamente firmar un acuerdo con un país con costa. El gobierno de Bolivia admitió a BBC Mundo que aún si tuviera puerto, la nación no tiene capacidad de transportar el gas hasta allí.

“La realidad es que en este momento el país no está preparado para exportar hidrocarburos a nuevos mercados de ultramar porque no hay infraestructura para trasladar el producto hasta la costa”, dijo un vocero del Ministerio de Hidrocarburos.

La salida más cercana al mar, por el Pacífico, requeriría que se construyan unos 2.000 kilómetros de tuberías, a través de la cordillera de los Andes, desde el punto de extracción del gas, en el este del país.

Reservas

Algunos creen que los desafíos que enfrenta Bolivia para suministrar gas a Europa exceden incluso la falta de infraestructura y la ausencia de un puerto propio.

Según el economista Carlos Toranzo de la Fundación Friedrich Ebert-Stiftung (FES), en La Paz, la falta de inversión en exploración durante los últimos ocho años podría significar que en el futuro cercano Bolivia no cuente con las reservas de gas necesarias para abastecer otros mercados.

“Con las reservas que tenemos actualmente ni siquiera podremos cumplir con nuestros acuerdos actuales con Brasil y Argentina”, aseguró a BBC Mundo.

Sin embargo, el presidente de la petrolera estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), Carlos Villegas, rechazó las acusaciones, afirmando que las exportaciones a Brasil y Argentina están garantizadas hasta 2023, y asegurando que el país planea cuadriplicar sus reservas actuales, con inversiones de US$16.000 millones hasta 2025.