El secreto poder de las tierras raras

  • 6 abril 2014
Billete de euro
Los minerales conocidos como tierras raras se usan para evitar la falsificación de euros.

Probablemente nunca haya oído hablar de las tierras raras. Sin embargo, este grupo de elementos de la tabla periódica ha penetrado en el tejido de la vida moderna, en maneras impensables hasta hace unos años y de las cuales la mayoría de nosotros todavía no somos conscientes.

Hay entre 15 y 17 de ellas (dependiendo de cómo se las clasifique), incluyendo sustancias como holmio, praseodimio, cerio, lutecio, iterbio, gadolinio o –mi favorito– prometio.

Quizá sean misteriosos y poco conocidos, pero estos minerales ya han transformado todo tipo de industrias. La fabricación de turbinas eólicas es un buen ejemplo.

Henrik Stiesdal es considerado uno de los padres de la industria eólica moderna. De adolescente, construyó su primera turbina en la granja de su familia en Dinamarca y ha estado perfeccionando sus diseños desde entonces.

Ahora es director de tecnología de uno de los mayores fabricantes de aerogeneradores del mundo, el gigante alemán de ingeniería Siemens.

Al entrar en su oficina, con una vista generosa de una enorme fábrica de turbinas de la compañía en la península de Jutlandia, lo primero que uno nota es el intrigante reloj antiguo frente a su escritorio.

Su sonoro tic-tac es imposible de ignorar. Él está encantado cuando le pregunto sobre eso. Es, dice, un ejemplo original de un reloj Synchronome.

"Lo compré para inspirar y porque a veces siento la necesidad de mostrarle a mis colegas que existen soluciones simples a problemas de ingeniería con los que se ha luchado por siglos".

Claramente, Stiesdal puede ser un jefe exigente.

Vea: Los minerales raros podrían cambiar las relaciones globales

Precisión ante todo

El Synchronome, diseñado hace más de un siglo en Reino Unido, es el reloj de péndulo más preciso jamás construido.

Representa, explica Stiesdal, una respuesta excepcionalmente elegante para un viejo desafío: reducir el mecanismo a una sola rueda de engranaje.

Hasta hace muy poco Stiesdal y sus colegas enfrentaban un desafío similar: querían eliminar los sistemas de engranajes en sus turbinas.

Las turbinas eólicas necesitan engranajes porque las palas giran a alrededor de diez revoluciones por minuto, pero los generadores que convierten la rotación en electricidad operan a 1.500 revoluciones.

El problema es que –al igual que con los relojes– cuanto más complejo se convierte un mecanismo, más cosas pueden salir mal en el intento de modificarlo.

Y en el mundo de las turbinas de viento –particularmente las de alta mar– una falla mecánica es muy costosa. Se necesitan barcos grúa especiales, ingenieros y buen clima.

El costo de una reparación alcanza rápidamente los cientos de miles de dólares.

"Ni raros ni tierras"

Entonces, ¿cómo podrían Stiesdal y su equipo deshacerse de todos esos engranajes? La solución de la industria –como a esta altura habrán adivinado– implicó el uso de las tierras raras.

En su laboratorio en University College de Londres (UCL), la cara del profesor Andrea Sella se ilumina cuando le pregunto sobre ellas. Es evidente que esta familia de elementos está particularmente cerca del corazón de este químico.

"Lo primero que usted necesita saber es que ni son raros ni son tierras", me dice Sella.

Se las califica de "raras" ya que es muy poco común encontrarlos en una forma pura, pero resulta que hay depósitos de algunos de ellos en todo el mundo. El cerio, por ejemplo, es el 25º elemento más común en el planeta.

Turbina eólica
Las tierras raras pueden ayudar a la industria de las turbinas eólicas.

Y el término "tierra", dice el experto, no es más que un vocablo arcaico para algo que se puede disolver en ácido.

Se los agrupa en una familia debido a sus similitudes químicas increíbles: la razón por la que tomó un siglo de investigación científica hasta finalmente llegar a aislar a todos.

Pero la similitud química de las tierras raras contradice todo tipo de diferencias electromagnéticas y ópticas fascinantes.

Para demostrarlo, Sella muestra un exhibidor de tubos de ensayo con una selección de tierras raras, cada una de un tono pastel diferente: hay rosas suaves, púrpuras, azules y verdes.

El elemento radiactivo prometio no se encuentra en su colección: Sella lo llama "el pichón oculto en el nido". Esta sustancia no se halla naturalmente en la tierra, sino que se forma en los reactores nucleares. Es posible que usted tenga encima un pequeño rastro de prometio en este mismo momento, ya que ha sido utilizado para la pintura luminosa de algunos relojes pulsera.